Rafael Lama
08-Jun-2008

Sacrificio

Tras un periodo intenso de gestación, la nueva ley de incentivos económicos ya es una realidad. Algunos la ven como una herramienta que impulsará la economía de Puerto Rico. Otros la ven como un subsidio al sector privado que erosionará el fisco de forma negativa. 

En esta edición, la periodista Marian Díaz intenta llevar la dos caras de la moneda. En nuestros artículos de portada, se analizan las bondades de la ley y las oportunidades que presenta para hacer que más empresas inviertan en suelo boricua,  incentivadas por créditos contributivos  en renglones  como energía, creación de empleos, compras de productos locales e investigación y desarrollo.

El artículo también intenta darle voz y proyectar a los sectores que denuncian   no haber sido escuchados durante el proceso de redacción de la ley. Entre ellos, figuran los líderes de sindicatos y economistas, a quienes les preocupa que el nuevo estatuto no rendirá los frutos que promete y que, por el contrario, empeorará  la situación del País. 

Independientemente de ambas visiones, creo que nadie puede negar que Puerto Rico, en estos momentos más que nunca, necesita más y mejores herramientas para competir en un mundo globalizado.

La ley de incentivos debe mirarse como uno de esos múltiples componentes. No el único.  Debe ser fiscalizada agresivamente para determinar  si los incentivos que se están otorgando están cumpliendo su objetivo de crear más y mejores empleos y generando actividad económica para el bienestar del País.

Pero esto no acaba aquí. La jornada apenas comienza. La industria aérea y los recortes que realizan las aerolíneas en Puerto Rico y a nivel global amenazan con lacerar la  competitividad de la Isla. 

Los precios del petróleo siguen  subiendo, y Puerto Rico no cuenta todavía con una estrategia clara para reducir su dependencia del llamado oro negro. 

La tasa de desempleo continúa en alza y ya ronda 10%, mientras la  fuerza trabajadora tampoco refleja crecimiento. 

El precio de los alimentos sigue incrementando, mientras que  la tendencia de utilizar el maíz y otros productos agrícolas para la producción de etanol - a   fin de atajar   la crisis energética - lo que está haciendo es incrementar el ya elevado costo de la comida y propiciar su escasez en algunos países.  

El panorama es tétrico. Lo sé. Pero   no estamos solos, pues el  mundo entero lidia con estos problemas.

¿Cómo Puerto Rico saldrá del hoyo? Sólo con la acción y el diálogo entre las partes.  El sector privado,  la academia, el gobierno y los sindicatos tienen que unirse en un frente común, con la mirada puesta  sólo en el bien común.

En esa unión, todos los involucrados  perderán algo. Y eso, mis amigos, se  llama sacrificio. Pero se trata de un sacrificio  pensando en que, en un futuro cercano, repercutirá en beneficio. Es hora de propiciar la unión y trabajar por el bien común. Sólo así podremos salir adelante.

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