09-Jul-2008
Comentar sin condenar
Este es el año de la indignación. Por lo menos eso afirmaba Chris Matthews, uno de los hombres-ancla de MSNBC. Matthews se refería a la forma como la prensa -azuzada en parte por los blogueros- le ha preguntado continuamente a los precandidatos presidenciales si están indignados por algún asunto o si han de condenar las declaraciones o acciones de alguna persona.
Y no es para menos. La proliferación de los blogs está cambiado la forma como la prensa hace su trabajo. Los blogs se han convertido en una forma eficiente -y barata para los medios de comunicación masiva- para dar participación a personas que representan distintos grupos políticos, sociales y religiosos.
Muchas de las personas que escriben blogs tienen compromisos claros con ciertos grupos o con ciertos puntos de vista. Dentro de este grupo, hay personas que escriben con el propósito de ejercer presión a favor o en contra de algún punto de vista, de algún asunto o hasta de alguna legislación. Por lo regular, las personas que persiguen algún fin específico siguen las pautas de los grupos que representan.
Estas pautas se transmiten por medios de bosquejos, conocidos en inglés como “talking points”. Estos bosquejos contienen ideas expresadas en oraciones que, por lo regular, tienen doce palabras o menos. Estas oraciones sueltas -o “one liners”- aspiran a resumir una posición, de manera que puedan convertirse en un “sound bite” (término a veces escrito como “soundbite”). Un “sound bite” es una frase -tomada de algún escrito, discurso o grabación- que alcanza cierta popularidad y que, por lo tanto, populariza un punto de vista.
El problema con este modelo es que algunos comentaristas están tan comprometidos con su posición ideológica que no pueden encontrar valor o bondad en ninguna otra postura. Estos dejan a un lado la honestidad intelectual, cayendo en la propaganda. Y, claro está, las personas dedicadas a la propaganda no tienen interés en dialogar. Su objetivo es convencer al lector, al oyente o al televidente de la bondad de su posición y del error de las ideas contrarias.
En mi caso, yo tengo un compromiso claro con un grupo y con un punto de vista. Soy cristiano, de corte protestante. Aunque no lo quiera, por mi profesión y por mi experiencia, represento a un sector del protestantismo puertorriqueño e hispanoamericano. Por eso, entiendo por qué algunos de mis lectores y lectoras esperan que apoye ciertas ideas y condene otras. Del mismo modo, entiendo por qué otras personas critican mis columnas.
Lo que muchos de mis críticos no acaban de aceptar es que mi objetivo es fomentar el diálogo en torno al tema de los valores sociales, culturales y religiosos de nuestro pueblo. Por eso, trato de presentar mis ideas de manera respetuosa, sin demonizar a quienes piensan de manera diferente. Por eso, estoy dispuesto a comentar sin condenar.
En mi columna pasada presenté mi preocupación sobre la forma en que la sociedad postmoderna occidental está deconstruyendo el concepto tradicional del matrimonio. Creo que este es un tema importante, dado que la familia es la base de la sociedad, y al cambiar nuestra idea del matrimonio estamos cambiando nuestro concepto de la familia.
No debe sorprenderle a nadie que yo afirme el concepto tradicional del matrimonio, dado que una de las tareas que llevo a cabo regularmente es oficiar bodas. Si no creyera en el matrimonio, no casaría a nadie. Sin embargo, algunos de mis lectores criticaron mi pasada columna porque no “condené” el matrimonio de personas del mismo sexo, mientras otras personas me criticaron por afirmar el matrimonio “fundamentalista” (una etiqueta equivocada dado que el matrimonio entre un hombre y una mujer se encuentra en todas las culturas, incluyendo varias que no son judías, cristianas o musulmanas).
Respondo reafirmando que mi objetivo es fomentar el diálogo. Un diálogo requiere honestidad intelectual y respeto. Uno no puede comenzar un diálogo condenando al interlocutor. Un diálogo requiere que uno se tome el riesgo escuchar atentamente al interlocutor, sabiendo que sus ideas pueden influenciarnos y hasta transformarnos.
El problema es, como indiqué anteriormente, que hay personas cuyo objetivo es convencer, no dialogar. Las más extremistas transforman toda conversación en un debate, dado que no saben dialogar ni desean hacerlo. Como sólo buscan ganar el debate, terminan cayendo en la propaganda. Y lo interesante es que uno encuentra a estos “panfletarios” en todos los grupos, tanto los de derecha como los de izquierda.
Pues bien, yo afirmo y defiendo las ideas que creo correctas. Empero, me niego a “condenar” a quienes difieren de mí. Lo que deseo es que usted lea mis ideas, las considere y, si así lo desea, las comente de manera responsable. Si usted expone su posición de manera clara y coherente, quizás yo aprenda algo. Si usted lee mi columna con detenimiento, quizás usted aprenda algo. Y al aprender el uno del otro, quizás podamos aprender a respetarnos y a trabajar unidos por el bienestar de nuestro pueblo.
Yo creo que la labor de un ministro es educar, no condenar. Aunque hay prácticas y conductas que la Biblia condena, mi labor como ministro no es condenar al otro, sino invitarle a desarrollar una relación con Dios. El juicio es una prerrogativa divina. Mi tarea no es condenar, sino invitar a la gente a entrar en una relación con Dios que le permita disfrutar de la vida buena, abundante y eterna.
Permítanme citar algunos de los textos bíblicos que informan mi posición. Note que no estoy usando estos textos para condenar a nadie, sino para explicar la fuente de mis ideas. De acuerdo con Mateo 25:31-46, quien ha de juzgar al mundo es Jesucristo, el hijo del hombre. Según 1ra. Pedro 4:17, ese juicio de Dios comenzará por la casa de Dios. Es decir, que yo seré juzgado por Dios y, por ser un líder religioso, seré juzgado primero.
Si entiendo bien las Escrituras judías y cristianas, mi responsabilidad es proclamar el amor de Dios, que nos libra de toda condenación, como dice Romanos 8:1. La mayor parte de las personas que se acercan a la iglesia en necesidad saben que están viviendo de manera equivocada. Buscan de Dios precisamente porque desean cambiar sus vidas, echando a un lado los valores, las ideas y las prácticas que le han traído tanta infelicidad. Estas personas desean adoptar los valores del reino de Dios. Mi labor no es hundirles en la condenación, sino invitarles a disfrutar de la vida plena que Dios nos da por medio de Jesucristo.
Y usted se preguntará de dónde he sacado yo una posición tan “liberal”. La he sacado de la Biblia, particularmente del relato de una mujer acusada de adulterio, que se encuentra en Juan 8:1-11. De acuerdo con el texto, un grupo de líderes religiosos le pidió a Jesús que juzgara a una mujer que había cometido adulterio. Jesús se limitó a escribir en el suelo por un rato. Cuando Jesús se hartó de los gritos e improperios de la turba, se levantó y les dijo: “El que de vosotros esté libre de pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (8:7). Acusados por su conciencia, todos los hombres que acusaban a la mujer se marcharon, dejando a la dama a solas con Jesús. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” (8:10). La mujer contestó “Ninguno, Señor” (8:11). Entonces, Jesús le dijo: “Ni yo te condeno; vete y no peques más” (8:11).
Sería ridículo pensar que Jesús aprobaba la promiscuidad de la mujer. Si se negó a condenarla fue porque deseaba entablar un diálogo salvífico con ella; una conversación que transformara su vida de manera positiva.
Por lo tanto, les indico a mis lectores y lectoras que mi intención es seguir comentando sin condenar. Continuaré exhortándoles a que analicen la situación de nuestro pueblo, prestando atención a la profunda crisis de valores que nos azota. Continuaré presentando mis ideas de manera clara y sosegada. Y seguiré llamando al diálogo, aun a las personas que no comparten mis ideas y principios. Yo creo que es posible comentar sin condenar.
¿Cuál es su opinión sobre este tema? Le invito a comentar este blog y a hacer un frente amplio para hablar sobre valores.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado y el director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.