Rafael Lama
13-Jul-2008

Las raíces de la crisis alimentaria

El creciente costo de los alimentos es un tema que nos debe preocupar a todos y que lamentablemente no va a desaparecer de la noche a la mañana.

Doy por sentado que ya todos se han dado cuenta de  que el incremento en los precios de los alimentos no es un asunto que solo afecta a Puerto Rico. Se trata de una crisis global.

Se ha culpado en gran parte al creciente uso del maíz, la caña y otros cultivos  para producir el etanol y otras alternativas de combustible, para a su vez reducir la dependencia del petróleo.

Como resultado, el costo del maíz y otros alimentos básicos se ha disparado a cifras astronómicas y, peor aún, su disponibilidad se ha limitado grandemente. Además, ¡admítalo! Duele mucho tener que pagar un dineral  por el maíz, el trigo y otros productos derivados, debido a que se están destinando grandes cantidades de estos alimentos para producir un tipo de combustible que probablemente usted no podrá echarle a su carro en un futuro cercano. ¿Alguna vez ha visto en Puerto Rico una estación de gasolina con bombas de etanol? Me imaginaba que no. De hecho, en Estados Unidos sólo hay 12,000 estaciones equipadas para hacerlo. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

No estoy diciendo  que no debamos reducir nuestra adictiva y enfermiza dependencia del petróleo. Pero la pregunta que hago es, ¿a qué costo lo estamos haciendo?

Pero no todo se lo podemos achacar al pobrecito etanol. Lo cierto es que la crisis alimentaria tiene otras raíces.
Las barreras que muchos países le están imponiendo a la exportación de alimentos -un tema que hemos tocado anteriormente en este espacio- están, por un lado, protegiendo los abastos internos pero, por el otro, limitando la venta de cultivos a países que realmente lo necesitan.

Compartiendo con la colega Betty Jumbo, veterana periodista de El Comercio en Ecuador y experta en el tema de agricultura, pude constatar lo nocivo que puede ser esta práctica. Ecuador prohibió hace un tiempo la exportación de su arroz, precisamente por la crisis alimentaria. Sin embargo, hoy día tienen un excedente de arroz que  está guardado en almacenes, ya que no pueden exportarlo por las barreras autoimpuestas. Antes, Ecuador exportaba 160,000 toneladas de arroz a Colombia. Hoy no pueden venderle ni un solo grano.
Encima de esto, los precios del arroz  para el consumidor ecuatoriano no han bajado. Esto ya que, aun cuando hay fijación de precio en el arroz -al igual que el maíz y la leche-, ese control de precio se les impone a los productores y no al comercio.

Según cifras ofrecidas por Jumbo, el precio del saco de arroz está fijado en $24 para los productores. Pero al detal se está vendiendo en cerca de $45 el saco.

Por otra parte, los subsidios agrícolas han sido criticados y responsabilizados por tener un impacto nefasto en la agricultura de aquellos países más pobres que no los pueden ofrecer.

Los críticos de los subsidios argumentan que los países que ofrecen subsidios a sus agricultores, como Estados Unidos, lo que hacen es bajar los precios de los alimentos artificialmente. ¿Pero bajar los precios no es lo que se busca?

En teoría sí, el problema radica en que los países más pobres se ven forzados a importar estos productos más baratos de los  países desarrollados que subsidian. Mientras, la agricultura de los países más pobres se erosiona aún más, porque no está siendo apoyada, ya que sale más barato -por el momento- comprar alimentos a los  países desarrollados que operan con los subsidios.

Esto pone a Puerto Rico en una situación un tanto peculiar. Por un lado, el Departamento de Agricultura ofrece subsidios a los agricultores locales. Por otro lado, la agricultura en la Isla no es fuerte. De hecho, importamos cerca del 85% de los alimentos que consumimos.

Entonces, ¿dónde queda Puerto Rico dentro de la crisis alimentaria? Pues en un lugar bastante preocupante.
Si bien es cierto que Ecuador tiene sus graves problemas, lo cierto es que tiene al menos una producción agrícola fuerte, incluyendo arroz, maíz y cacao, por mencionar algunos. “No quisiera pensar dónde estaríamos ahora si dependiéramos de las importaciones”, reflexiona mi amiga Betty Jumbo durante nuestra conversación.
En el caso de Puerto Rico, yo no quisiera pensar qué pasaría si nos empezaran a limitar esas importaciones de las que tanto dependemos. Y para el que no crea que esto pueda pasar, sólo mire lo que  está sucediendo alrededor del mundo.

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