Rafael Lama
20-Jul-2008

De autos, gasolina y reinvenciones

E l año era 1998. El auto, un compacto japonés  cuyo tanque se llenaba con menos de $15. ¡Qué días aquellos! El primer auto que compré contrasta mucho con la realidad de hoy. Manejo un auto alemán bastante sencillo y compacto, pero que se está llenando con casi $70 de gasolina. ¡Ouch!

Esta es la realidad que enfrentamos los más de dos millones de conductores en Puerto Rico cuando acudimos a la bomba de gasolina para abastecer los sedientos tanques de nuestros vehículos.

Pero no hay que ir a los precios de hace una década, basta con mirar los del año pasado. Regrese a  mayo de 2007 y recuerde el asombro que reinaba  cuando el litro de gasolina en Puerto Rico llegó a sobrepasar los 80 centavos. Adelante al presente, donde el precio del litro supera el dólar y tal vez pensará “80 centavos no sonaba tan mal”. 

Y aunque doloroso para el bolsillo de todo aquel que guía, cabe señalar que el  impacto no se circunscribe únicamente al consumidor.

El creciente costo del combustible también le ha provocado un duro azote a la industria automotriz. Al igual que en Estados Unidos y en otros países donde por años han reinado las famosas SUV, el consumidor local ahora está en una desesperada búsqueda de opciones más económicas. No sólo están migrando hacia autos híbridos, sino a modelos compactos y menos costosos, como podrán ver en el artículo de portada.

Esta nueva tendencia  ha lacerado los márgenes de ganancias de los concesionarios y de los distribuidores de autos, quienes en el año 2005 gozaban de números récord en la venta de vehículos nuevos.

En contraste, esos concesionarios y distribuidores  se han visto forzados a  una reinvención del negocio para subsistir. Muchos concesionarios han cerrado, mientras que otros luchan por hacer sus números y mantener un negocio rentable.

Claro está,  hay que reconocer que el sector automotriz no está solo en esa reinvención obligada.  Prácticamente todas las industrias han tenido que transformarse y evolucionar con los retos de una economía recesionaria, incluyendo la banca, el comercio, los medios de comunicación y las líneas aéreas, por mencionar sólo algunas.
En el caso de la automotriz, su  búsqueda de nuevos caminos hacia la rentabilidad  debe emplear una alta dosis de creatividad. Me siento optimista de que la industria, aparte de buscar fortalecer su cartera integrando vehículos más eficientes, trabajará para mejorar lo que muchos consideran su talón de Aquiles: el servicio al cliente.

 En un país donde la cultura de servicio ha ido en decadencia, estoy seguro de que muchos consumidores estarían dispuestos a pagar porque se les trate bien y que se trabaje con eficiencia.

Y que levante la mano el que no haya tenido una experiencia nefasta en un concesionario al llevar su auto para una reparación. Las historias de horror abundan. Si  es cierto que no podemos generalizar,  tampoco se puede tapar el cielo con la mano y como en todas las industrias hay espacio para mejorar.  

Mientras, para el consumidor no hay una respuesta mágica de cómo lidiar con la crisis y volver a llenar un tanque con menos de $20. No obstante,  sí hay acciones que se pueden tomar para amortiguar el golpe, muchas de las cuales ya hemos reiterado en pasadas ocasiones.

 Cosas tan básicas y probadas como mantener las gomas de su auto con la presión adecuada, y tan elementales como limpiar el baúl y sacar las cosas que no necesita, le ahorrarán paradas en la gasolinera.  Orejitas como no pagar por gasolina Premium si su auto realmente no lo necesita -si su auto dice “Premium recommended”, puede utilizar gasolina  regular sin problema, a diferencia de si dice “Premium requiered”, según indica Consumer Reports.

Claro, todas estas recomendaciones tal vez no sean tan atractivas como decir que el precio de la gasolina volverá a bajar a las asequibles cifras de antaño.

Pero como, al menos por ahora, ese no será  el caso, tal vez debamos aprovechar la coyuntura para embarcarnos en  nuestra propia reinvención como consumidores. Ser más prudente en nuestros hábitos de derroche y más proactivos en nuestros esfuerzos para ahorrar.

Si bien es cierto que la crisis petrolera afecta tanto al concesionario como al consumidor, la reinvención también nos debe tocar a todos por igual.

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