29-Jul-2008
¿La tripleta maldita?
Sólo falta que Luis Fortuño pierda la gobernación para que el año termine con el fracaso en los tres deportes favoritos de los puertorriqueños: los concursos de belleza, el boxeo y la política. Pero así es la vida, y no hay para que buscarle la vuelta y a quién echarle la culpa. No siempre se puede ganar.
Yo que soy la menos experta en el boxeo, hace mucho que vi a Margarito un contrincante violento, y todavía el jueves les preguntaba a mis compañeros de deportes si Cotto podría ganar. El sábado, el boricua Miguel Cotto perdió su título ante el mexicano.
De Ingrid les puedo hablar con más propiedad. Como saben estuve cubriendo el certamen de Miss Universe en Vietnam. Sin embargo, no tengo la respuesta de por qué ella no logró entrar en el cuadro de las semifinalistas.
En un blog que escribí el año pasado cuando supe que Ingrid iba a participar dije que la gente recuerda más los fracasos recientes que las pasadas glorias. Lo que ocurre es que ella tenía que ganar o quedar primera finalista para superar lo que alcanzó en el certamen de Miss Mundo.
Desde que llegué a Nha Trang pude percibir que las cuatro finalistas, México, Venezuela, República Dominicana y Colombia junto a la candidata de Australia, eran las favoritas. Tenían personalidad, simpatía, altura y por supuesto belleza. Ellas llegaban al vestíbulo del hotel, y era como si cada una tuviese una campanita que atraía a todo el mundo. Se hacían notar.
La venezolana, Dayana Mendoza, hoy Miss Universo, mostró siempre mucha seguridad, sentido del humor y una proyección brutal. No en balde fue preparada por la maestra cubano boricua Grace Fontecha, que ha entrenado a muchas mises venezolanas y colaboró con Alba Reyes, segunda finalista en el Miss Universo 2004 y Cynthia Olavarría, primera finalista 2005. Su técnica es trabajar el interior de la niña que es lo más difícil. Lo de afuera lo trae de fábrica o se arregla con cirugías.
Estoy segura que Dayana va a aportar un estilo como lo hizo Zuleyka Rivera y Denise Quiñones, estas dos últimas entrenadas por Magali Febles. Es algo espontáneo, una simpatía que se transmite, y que durante la preliminar encontré exagerado, pero que el próximo año seguro lo van a tomar en cuenta al entrenar candidatas de otros países.
Otra candidata, y confieso era mi favorita, era Colombia, Taliana Vargas (primera finalista). Para mí era la reina perfecta, linda, dulce y amorosa. Pero se cayó en la respuesta. Dijo que en su vida todo era maravilloso, y que bueno, pero esa era la pregunta perfecta para hablar de su país, un pueblo con familias destrozadas a causa de las guerrillas.
De la dominicana Marianne Cruz (segunda finalista) sólo les puedo decir que así le dijeran perro muerto, le hacía perder la sonrisa. Se las jugó y muy bien. En cuanto a la mexicana (tercera finalista) una mujer guapísima, que al igual que Marianne lucieron vestidos más apropiados para revista musical que para concursos de belleza, pero cuando a los jueces le gusta la muchacha eso no es impedimento.
Y si fuera por eso miren el fabuloso vestido de argollas que le confeccionó Carlos Alberto a Ingrid, ese sí era un vestido de reina.
¿Y que pasó con Ingrid?
Pues quizá no conquistó el jurado como ella pensó cuando les cantó y bailó el merengue. Quizá se confió mucho en su belleza. Quizá el clima la opacó. Quizá ella misma se descalificó cuando vio la competencia este año y eso trabajó en su contra. Quizá estar en medio de tanto lío desde antes de ganar el Miss Puerto Rico la fue drenando. Quizá toda la publicidad del gas pimienta a través del mundo se fue en su contra.
En fin se pueden hacer miles de conjeturas pero no es justo que se le siga haciendo pagar a Ingrid por algo que ella entiende hizo lo mejor, tampoco se puede crucificar a Magali Febles por lo que se dejó de hacer.
Dentro de dos meses Ingrid entregará su corona y otras puertas se abrirán para ella como actriz y modelo que es lo que ambiciona. Entonces se coronará otra joven y los misiólogos volverá a llenarse de ilusiones. Y habrá nuevos chismes.
Sólo espero que la próxima reina sea una cara nueva.