Carmen Vega
08-Ago-2008

Anécdotas de la niñez

Durante las próximas semanas he decidido presentarles el equipo de trabajo del Museo del Niño, pero, a través de anécdotas de sus juegos favoritos en la niñez. Será sólo una pincelada con el propósito de provocar en usted lector estas memorias de juegos pasados. Recordar es vivir.

 Y a la vez exhortarle que la próxima vez que se tope con alguien o simplemente este aburrido esperando por su turno en la oficina de algún médico y se disponga a iniciar una conversación con un desconocido, considere esta premisa como un pie forzado que definitivamente le conectara a la otra persona. De seguro será una oportunidad para conocer, recordar e imaginar. Ahora leamos (escuchemos) lo que nos cuenta, Zayelit Budet –

Coordinadora de reservaciones del Museo del Niño de Puerto Rico.

 
1. “Cuando era niña disfrutaba las cargas pesadas, solía llevar a la escuela elemental dos bultos. Un bulto pesadísimo con todos mis libros y libretas; otro igual o más pesado con muñecas y todos los accesorios preferidos. A la hora de almuerzo, comía lo más rápido posible, pedía la llave a una maestra del saloncito en la esquina del segundo piso y me pasaba toda la hora jugando. Llegue a formar un club por que otras chicas se unieron a la hora de las muñecas al medio día. Ahora, como coordinadora de reservaciones del Museo del Niño, comprendo que como niña, tanto mí educación, como mí necesidad de juego median lo mismo, disfrutaba ambas cosas a plenitud y ninguna debía quedarse atrás”.

“Mis sábados eran sagrados. Siempre me levantaba a las 8:00 a.m. mínimo. Encendía el televisor y sacaba cuanto marcador, crayolas, tijeras y papeles podía. Recuerdo que no había nada mejor que “El Mundo de Beakman” y “Arte manía” para saciar mis deseos de aprender de ciencia y arte. Me pasaba horas pintando, cortando, pegando he imaginando figuras en papel. La pasaba brutal en mi viaje de imaginación”.

“Aprendí a disfrutar de la imaginación, cuando un columpio que había en el patio de mi casa me aburría. Un día dejo de ser mecedora y chorrera, para convertirse en un gran Barco que navegaba conmigo como capitana al timón. En ese barco realicé muchos viajes fantásticos, vi criaturas, piratas y otras ciudades. Nunca volvió a ser lo que era, cuando el moho se lo fue comiendo, y lo sacaron de mi casa por el desuso, se habían llevado mi Barco”.

Cada uno de nosotros tiene su historia, su memoria de juego, te invitamos a registrarte en el blog y compartirla con los otros lectores.  El juego es saludable, terapéutico y renovador. Sabes que en el Museo del Niño no sólo tus niños y niñas se divertirán sino que tu también tendrás tu dosis de infancia.

sobre el autor

Carmen Vega Directora Ejecutiva y Fundadora del Museo del Niño de Puerto Rico y miembro activo de la Junta de Directores del Association of Children's Museums en ...

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