En la película The Professional, una niña, interpretada por Natalie Portman, ve como su familia es asesinada por un policía corrupto, interpretado por Gary Oldman. La niña busca refugio en casa de un vecino, interpretado por Jean Reno, quien es un asesino a sueldo. Después de la masacre, la niña le pregunta al gatillero: “¿La vida es así de dura siempre?” El benévolo asesino le responde: “Siempre.”
La vida es dura para todo el mundo, todos los días. Sin embargo, los seres humanos nos empeñamos en negar la realidad. Por eso, buscamos formas de lograr la vida fácil, de endulzar la piña y de suavizar la calle.
Hace un par de día me encontraba en un lugar público donde dos mujeres jóvenes hablaban de un libro de auto-ayuda que está de moda. Como estaban a mi lado, escuché toda su conversación. El libro en cuestión afirma ofrecer el secreto para lograr la felicidad. Enseña que usted solo tiene que saber lo que quiere, pedirlo al universo, enfocarse en el objeto u objetivo deseado, sentir y actuar como si ya hubiera recibido lo pedido y estar en la disposición de recibirlo.
Una de las jóvenes afirmó correctamente que el libro presenta principios relacionados a la religión de la nueva era, que a su vez están influenciados por religiones no-cristianas. Al principio, esto le causó temor. Empero, después pensó que hasta la Biblia exhorta a tener fe. Esto le animó a seguir leyendo.
No deja de sorprenderme cómo la gente sigue buscando respuestas simples a la complejidad de la vida. Si bien es importante enfrentar la vida con una actitud positiva, el pensamiento positivo no funciona como doctrina filosófica, moral o religiosa.
El pensamiento positivo ha influenciado algunos movimientos cristianos. Comenzando con Robert Schuller, siguiendo con la “Teología de la prosperidad”, y terminando con Joel Osteen, muchos líderes religiosos se han dejado seducir por la idea de que uno “pide lo que recibe.” Interpretando literalmente ciertas frases bíblicas, predican una especie de “super fe” que, a mi juicio, trivializa las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
Esta situación nos lleva a considerar una pregunta medular: ¿Qué es la religión? Para muchas personas, la religión es un intento de manipular la voluntad divina. Piensan que el propósito de los rituales religiosos es asegurar el favor divino. Como pastor, encuentro continuamente personas que piensan de esta manera. Me preguntan qué deben hacer para lograr éxito en la vida o cómo asegurar la sanidad de un ser amado. En cierta ocasión, un hombre estaba tan desesperado que se atrevió a ofrecerme dinero para asegurar que su difunta madre alcanzara al cielo.
No niego que el fenómeno religioso nace como un intento de manipular las fuerzas naturales y sobrenaturales. El problema es que la fe bíblica no es una religión animista primitiva, donde la gente adora un río o reza ante el tronco de un árbol. Por el contrario, tanto el judaísmo como el cristianismo afirman la libertad de Dios, quien no puede ser manipulado. Dios no nos necesita a nosotros; nosotros necesitamos a Dios.
La fe cristiana no trivializa la dureza de la vida. Por el contrario, nos enseña que la vida es difícil, que todos los seres humanos tenemos que enfrentar nuestras propias faltas y que toda persona pasa por momentos de crisis. Para recalcar este mensaje realista, la fe cristiana tiene como símbolo una cruz; la cruz donde un hombre inocente fue asesinado por el ejército del imperio más grande de su época.
El problema de las teologías y de los movimientos cristianos que se basan en el pensamiento positivo es que se olvidan de la cruz. Predican todos los beneficios de la fe, olvidando los riesgos de la fe. Cierran los ojos a la dureza de la vida, para reclamar las promesas divinas. Predican un evangelio sin cruz.
Yo me ubico en el campo de las personas que ven la religión como un camino hacia la madurez espiritual. Creo que todo ser humano, en algún momento, comprende que la vida tiene un aspecto espiritual innegable. Creo que la gente sólo alcanza su pleno potencial de desarrollo cuando buscan la madurez espiritual. Creo podemos llegar a ser amigos y amigas de Dios.
La vida es dura para todo el mundo, todos los días. No existe un elemento secreto que nos permita obviar el sufrimiento de la vida. No hay recetas mágicas para suavizar la calle o para endulzar la piña. Yo creo que existe Dios, quien nos ama a pesar de nuestras maldades. Yo creo que existe Dios, quien está con nosotros en medio del dolor. Yo creo que existe Dios, quien nos ayuda a enfrentar, a resistir y a trascender el sufrimiento.
¿Qué cree usted? Le invito a que ofrezca su opinión sobre este tema, comentando sobre este blog y haciendo un frente amplio para hablar de valores.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado y el director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.
