Pekín, China - Mi primera visita a una instalación deportiva en mi vida fue a un parque de béisbol. Mi padre ha sido un 'fiebrú' de la pelota, y ese fue el deporte que me inculcó desde pequeño.
Me desarrollé como pelotero en las Pequeñas Ligas de Camuy. Y puedo decir que fui un lanzador adecuado en mi adolescencia.
Ya después de los 16 años, mi carrera como serpentinero comenzó a descender drásticamente, ya que lo que tiraba hacia el plato era una 'motita' -como me relajaban mis amistades y compañeros de equipo.
A los 17 años, hice oficial mi retiro de las ligas locales de mi pueblo, aunque más tarde volví a jugar en la universidad por una beca.
Soy fanático de los Yankees de Nueva York y de los Arenosos de Camuy en la Doble A. Y soy uno de los miles de puertorriqueños que sienten pasión hacia este deporte.
El primer día que llegué a esta ciudad viajaba del aeropuerto hacia el hotel junto a otros dos periodistas de Suiza. Después de ellos saber que venía de Puerto Rico, me preguntaron, “¿a qué vienes, a cubrir el béisbol?”.
Les admito que fue un golpe bajo. “No”, les contesté, a la vez que ellos reaccionaron con cierta incredulidad. Y gracias a Dios que no me preguntaron por el equipo de baloncesto.
Lo cierto fue que Puerto Rico ni estuvo cerca de clasificar a estos Juegos Olímpicos, y ante los ojos del mundo parecemos ser una potencia mundialista.
A todo esto, hace unos días decidí dar una vueltecita por el torneo de béisbol y fue una delicia ver a Cuba y Japón en acción. También vi cómo Corea dejó sobre el terreno a Estados Unidos.
Les confieso que sentí cierta nostalgia al saber que en nuestro país existe el talento para competir en este nivel, y nuevamente estábamos fuera de esta competencia, la que no se jugará en Londres 2012.
Mi único consuelo desde las gradas era informarle orgullosamente a los cubanos -que le gritaban al árbitro principal- que ese oficial del plato era puertorriqueño.
