Carlos Rosa
18-Ago-2008

Tres boricuas en la Muralla

Pekín, China – Eran las once de la mañana del domingo y tres jibaritos de Puerto Rico, un naguabeño, un camuyano y un ponceño, se dirigían a una de las siete maravillas del mundo: la Gran Muralla China.

Tenía expectativa de que esta majestuosa obra china era extensa en territorio, pero no tenía idea de lo empinada que era en algunos trayectos.

El fotógrafo Tonito Zayas, de la Ciudad Señorial, escogió la ruta y optó por la peor: la más alta.

La primera subida tenía una distancia de algunos 300 metros. Y era extremadamente elevada. Nunca en mi vida había subido tantos escalones, aquello parecía un calvario.

Al principio, salí al lado del gimnasta naguabeño Luis Rivera con la intención de demostrarle en silencio que tenía la condición física para caminar junto a él. A eso le llamo orgullo deportivo. Me esforcé en esos primeros metros, pero na'... no pude más.

Poco a poco me quedé rezagado y el aire ya casi ni llegaba. Pero, no me iba a quitar tan fácil. Quería demostrar que yo también podía. A eso le llamo cría boricua. Se acabó ese primer trayecto y ambos me esperaron un 'ratito' a lo que llegaba.

Después empezamos a bajar por otro camino y pude recuperarme un poco.

En ese trayecto me llamó la atención la cantidad de familias chinas que parecían disfrutar un pasadía de un día completo. Era común ver a una familia completa tomando un receso en el suelo, recargando las baterías. Todos, incluyendo niños, comían pepenillos, frutas, sopas en lata, entre otros alimentos.

Por un momento, puse la imaginación a correr y visualicé a una familia boricua en un pasadía en la Muralla.
Me imaginé esta típica familia de cuatro miembros: padre, madre e hijos (varón y hembra). A la señora marcando el paso con su caldero de arroz con pollo; al don, un poquito más atrás, con su termo de café; a la nena llevando los vasos, platos y tenedores; y al final, el varoncito, a regañadientes, cargando con los refrescos.

Los vi allí sentados en el suelo de la Muralla, disfrutando de un pasadía familiar, todos menos el padre, quien constantemente miraba el reloj con deseos de brincar la Muralla y desaparecer del panorama.
De repente volví a la realidad y la familia china ya recogía sus pertenencias para seguir el pasadía. Y yo también regresé a la realidad de que debía subir otra empinada cuesta con el hambre de comerme un plato de arroz con pollo que tanta falta nos hace por estos lares. A eso le llamo, un bajón de comida de puertorriqueña.

sobre el autor

Carlos Rosa

Nació el 19 de abril de 1978. Es natural de Camuy. Posee un bachillerato en Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Arecibo.

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