Pekín, China - Las lágrimas corrían por sus mejillas. Eran muchas y ellos las secaban con servilletas.
En un principio estaba perdido. No sabía lo que había pasado.
Los tres jóvenes voluntarios chinos sentados en la mesa de recepción en una de las salas de prensa del Estadio Olímpico Nacional lloraban desconsoladamente.
La jefa de ellos -de algún otro país- se les acercó y los consoló. Yo, allí sentado al frente de ellos, seguía perdido. En ese momento escribía una de las historias de los boricuas que acaba de participar en el atletismo.
Uno de ellos viró hacia a mi todavía con lágrimas y le pregunté qué le acontecía.
“Fue que Liu Xiang se lesionó y no pudo competir”, contestó el joven con voz entrecortada. Ahí caí en tiempo y me ubiqué. Era cierto.
Minutos antes había visto por uno de los monitores que uno de los corredores chinos en las eliminatorias de los 110 metros con vallas se retiró de la prueba debido a una lesión en el pie derecho.
Pero no se trataba de cualquier atleta. Era Liu Xiang, uno de los ídolos en la afición local. Según algunos artículos, goza de igual o mayor popularidad que el baloncelista de la NBA, Yao Ming.
Xiang ganó esa popularidad al establecer un récord mundial en esa prueba en los pasados Juegos de Atenas 2004. Y fue el primer atleta chino en pista y campo en alcanzar una medalla de oro en la historia de las Olimpiadas.
En realidad me sorprendió la reacción de aquellos jóvenes. Y tengo que admitirles que no eran los únicos que lloraban en el estadio.
Durante este tiempo en los Juegos, he sido testigo de la pasión y del amor que el público local manifiesta hacia a sus atletas.
Todos los días, los estadios se llenan capacidad para apoyar incondicionalmente a sus atletas. Es pura pasión en el estadio.
Tenía una buena impresión del respaldo y del apoyo de la afición local hacia a sus atletas. Ahora, después de ver a esos jóvenes llorar, mi impresión es aún mayor.
