Raymond Pérez
19-Ago-2008

A Ira no le dio coraje

La medalla olímpica, juegos tras juegos, le viraba la cara, le sacaba el cuerpo como el vampiro a la cruz.


 Pero Ira Millar, el eterno caballista olímpico, a pesar de las criticas y señalamientos que recibía por lo bajo en su Canadá natal, nunca la emprendió contra la prensa, contra los líderes deportivos ni despotricó contra los grandes magnates del círculo olímpico.


 Ahora en Pekín, en los Juegos Olímpicos del 2008, Millar empató la marca para un atleta en un deporte individual al participar en sus 9nos. Juegos Olímpicos.


En ocho anteriores olimpiadas, quien fuera dos veces escogido como el mejor jinete a nivel mundial en el deporte de ecuestre, nunca había subido al podio olímpico.


Pero, Ira no sintió coraje..., no tronó contra sus críticos.


Al revés. Siguió trabajando duro.  Tan duro, que en Pekín vio coronado su sueño de obtener una presea olímpica, la única que le faltaba por exhibir en una esquina en la sala de su casa.


A los 61 años, medallista mundial en el deporte de ecuestre, medallista múltiples en Juegos Panamericanos, Ira Millar bebió de la copa olímpica el pasado lunes cuando con su caballo In Style, llevó a Canadá a ganar medalla de plata por equipo, siendo superado por Estados Unidos. El bronce fue para Noruega.


  Estados Unidos, quien venía de ganar oro en la prueba en Atenas 2004,  se llevó el  oro en el salto por equipos de la equitación olímpica en un desempate con Canadá, que se llevó la medalla de plata. Como Canadá tenía sólo tres jinetes y Estados Unidos cuatro, este último equipo se llevó el oro.


Pero, fue Millar, quien competía en su novena olimpiada, el que obligó al desempate con un recorrido perfecto en In Style.


El atleta canadiense que más medallas y trofeos a nivel internacional ha ganado para su país, desde los 10 años ha estado ligado a la monta de caballos. Esa es su pasión, su vida.


   A  los 25 años, logró hacer el equipo para participar en su primera olimpiada. Eso fue en 1972 en Munich, Alemania.


Desde entonces nadie ha detenido su deseo de competir por su país, ni siquiera sus frustraciones por no haber subido al podio olímpico. Lo más cercano que estuvo fue cuando montó a Big Ben en las olimpiadas de 1984 (Los Angeles) y 1988 (Seúl), cuando Canadá llegó cuarto por equipos.


En los Juegos Olímpicos de 1980, en Moscú, Canadá apoyó el boicot olímpico y no asistió a los Juegos. Tampoco lo hizo Millar.


Entonces, la Federación Internacional de Ecuestre realizó un evento especial para sustituir a la olimpiada y citó a los mejores caballistas del mundo a Rotterdam. Allí, Canadá y Millar fueron medallistas, pero para el veterano jinete, el metal no sabía a olimpiada. Nunca la contó como metal olímpico y el espacio continuaba vacío en la sala de su casa.


Ahora, en Pekín con su medalla de plata olímpica colgada al cuello, Millar, cuya esposa Lynn murió este año de cáncer, mira al futuro, al 2012 en Londres, y dice que le gustaría participar en su décima olimpiada.


Eso sería una marca olímpica. Pero mejor aún, a Millar lo pudieran estar acompañando sus hijos Amy (31 años) y  Jonathon (33), que practican el deporte y ya hablan de tratar de hacer junto a su padre el equipo canadiense para Londres 2012.


Ya ven. A Ira nunca le dio coraje...nunca se quitó o renegó a sus deseos de ganar una presea olímpica. Y vio su sueño realizado.


Sería bueno que algunos atletas boricuas, de esos que andan en estos días por Pekín, se miren en el espejo de Ira Millar...

sobre el autor

Raymond Pérez

Raymond Pérez es un periodista puertorriqueño que lleva ejerciendo la profesión desde el 1982.

Nació en Fajardo, pero se crió y vivió...

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