Carlos Rosa
22-Ago-2008

Gracias papá

Pekín, China – Para los atletas es sueño haber llegado a estos Juegos Olímpicos en esta ciudad.

Y para nosotros los periodistas, también lo es.

Ciertamente, vivir la experiencia de unas Olimpiadas es algo espectacular. Es el escenario más grande deportivo del mundo, donde más de 10,000 atletas de 205 países vienen a esta justa olímpica con el sueño de obtener una medalla o de, simplemente, ser partícipe de la misma.

Es la primera vez que tengo la oportunidad de cubrir unos juegos de esta magnitud y, al igual que los atletas, es un sueño hecho realidad.

Ser testigo, por ejemplo, del momento electrizante que se vivió en la final de los 100 metros en el atletismo será uno de los mejores recuerdos que llevo de estos Juegos. Esa noche, el jamaiquino Usain Bolt estableció una nueva marca mundial con más 90,000 espectadores en las gradas.

También, presenciar en las primeras filas -en el área de la prensa- la majestuosa apertura de los Juegos será un momento que jamás olvidaré, así como ver nuestra bandera de Puerto Rico desfilando por el Estadio Nacional.

Fueron muchas las emociones y las decepciones que los atletas vivieron en estos Juegos. Y los periodistas también.

Estallidos de euforia por la victoria y gritos de llanto por la derrota se viven en un mismo escenario entre los protagonistas separados a unos cuantos pies de distancia, mientras que los periodistas sufren o gozan en silencio o a viva voz de las ejecutorias de los atletas de sus respectivos países.

Tengo que darle las gracias a Dios por esta magnífica oportunidad de haber llegado a estas Olimpiadas y haber compartido de cerca con la delegación de Puerto Rico durante este tiempo.

Y tampoco puedo pasar por alto a la persona que desde pequeño me enseñó a amar y seguir los pasos del deporte: mi padre.

A él le doy las gracias por todo lo que sembró en mi infancia, cuando no escatimó su tiempo para 'carretearme' de parque en parque. Él sembró esa semilla y sé que hoy día se siente orgulloso al ver que la misma rindió algún fruto.

A mi padre, David Rosa Cordero, le quiero dedicar este último blog desde Pekín por todo lo que ha sembrado en mi vida. Gracias, papá.

sobre el autor

Carlos Rosa

Nació el 19 de abril de 1978. Es natural de Camuy. Posee un bachillerato en Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Arecibo.

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