Por años, el mercado de bienes raíces en Puerto Rico fue elogiado como un lugar seguro para la inversión. Y no es que lo haya dejado de ser, pero hoy las reglas del juego han cambiado radicalmente.
Los jugadores -compradores, vendedores, la banca y los contratistas- se encuentran inmersos en una recesión de más de dos años que ha limitado el dinero disponible para el consumo de bienes y servicios.
La inflación abofetea al consumidor y se come totalmente cualquier escaso aumento salarial -si alguno- que se pueda recibir.
La banca, que poco a poco comienza a salir de tres años del nefasto efecto provocado por equívocas decisiones en el manejo de hipotecas, ahora cuenta con reglas más estrictas que nunca antes a la hora de aprobar un préstamo para la compra de una vivienda.
El alza en el petróleo y otras materias primas ha encarecido el costo de la construcción, trayendo un reto grande para los contratistas que ahora cuentan con miles de unidades sin vender y como resultado han tenido que frenar un sinnúmero de proyectos nuevos.
En síntesis, todos estos factores han repercutido en que el valor de muchas propiedades ya no aprecie al ritmo que lo hacía hasta hace poco.
Pero todo panorama oscuro tiene su chispa de luz. Dentro de este tempestuoso marco para el mercado de bienes raíces, el que puede ver esa luz al final del túnel -o tal vez al principio- es precisamente el que quiere y puede comprar.
En nuestro artículo de portada, la periodista Marian Díaz analiza las tendencias que se están dando en el mercado inmobiliario y ofrece guías sobre cómo negociar a la hora de adquirir esa casa o propiedad añorada.
El reportaje también ofrece una mirada al exceso de oferta que se está dando en ciertas áreas como Río Piedras, el Condado y Dorado, donde el consumidor puede conseguir propiedades a precios que no hubiera imaginado hace unos cinco años.
La mayoría de las propiedades en inventario que se mueven con más lentitud ahora son las que rondan entre los $250,000 y los $650,000.
Esto quiere decir, entonces, que dentro de esa escala de precios, el que quiere comprar tiene en la actualidad más poder que nunca antes para negociar.
La situación es muy similar en Estados Unidos: el precio de la vivienda en las 10 principales ciudades de la nación bajó un 17% en junio con respecto al mismo mes de 2007, según el índice Case-Shiller difundido el martes por Standard & Poor’s. Esto supone la mayor caída en los últimos 21 años.
Desde que la agencia de evaluación de riesgo empezó a publicar estos datos en 1987, nunca antes se había registrado un descenso anual tan pronunciado, según se reportó.
Ese informe indica que en las veinte principales ciudades del país, las viviendas se abarataron el 15.9% entre los meses de junio de 2007 y de 2008.
En resumen, el mercado de Estados Unidos también le pertenece al comprador, quien está en su mejor momento para adquirir vivienda.
Aun con las oportunidades que presenta el mercado hoy día y todos los beneficios que pone a la disposición del comprador, a la hora de adquirir una propiedad, evite que esa compra sea por impulso. Conozco de un caso en que un comprador adquirió un apartamento por encima de los $300,000 en el área de Santurce, sin haber vendido su residencia principal en Vega Baja. La persona lleva más de año y medio pagando ambas hipotecas, tratando infructuosamente de vender la propiedad de Vega Baja.
Planifique bien su estrategia antes de comprar, indague sobre los gastos de cierre y, si consigue la casa de sus sueños o la inversión idónea, procure tener el ingreso necesario para pagar la hipoteca y vivir cómodamente.
Entidades como Consumer Credit Counseling Services recomiendan que el comprador no gaste más del 35% de sus ingresos en el pago de una hipoteca. Ciertamente, esta no es la regla que siguen la mayoría de los dueños de propiedades en la Isla, ya que para muchos ese pago de la hipoteca le consume el 50% de sus ingresos y en algunos casos hasta más.
Sin embargo, la recomendación de Consumer Credit ayuda a poner en perspectiva que, para tener buena salud financiera y paz mental, es vital embarcarse en un manejo saludable y responsable de nuestro presupuesto.
