Rafael Lama
31-Ago-2008

Lo bueno de la recesión

Por años, el mercado de bienes raíces en Puerto Rico fue elogiado como un lugar seguro para la inversión. Y no es que lo haya dejado de ser, pero hoy las reglas del juego  han cambiado radicalmente.

Los jugadores -compradores, vendedores, la banca y los contratistas- se encuentran inmersos  en una recesión  de más de dos años que  ha limitado el dinero disponible   para el consumo de bienes y servicios.
 La inflación abofetea al consumidor  y se come totalmente cualquier escaso aumento salarial -si alguno- que se pueda recibir.

La banca, que poco a poco comienza a salir de tres años del nefasto efecto provocado por  equívocas decisiones en el manejo de hipotecas, ahora cuenta con reglas más estrictas que  nunca antes a la hora de aprobar un préstamo para la compra de una vivienda.

El alza en el petróleo y otras materias primas ha encarecido el costo de la  construcción, trayendo un reto grande para los contratistas que ahora cuentan con miles de unidades sin vender y como resultado  han tenido que frenar un sinnúmero de proyectos nuevos.

En síntesis, todos estos factores han repercutido en que  el valor de muchas propiedades  ya no aprecie al ritmo que lo hacía hasta hace poco.

Pero todo panorama oscuro tiene su chispa de luz. Dentro de este tempestuoso  marco para el mercado de bienes raíces, el que puede ver esa luz al final del túnel -o tal vez al principio-  es precisamente el que quiere y puede comprar.

En nuestro artículo de portada, la periodista Marian Díaz  analiza las tendencias que se están dando en el mercado inmobiliario y ofrece guías sobre cómo negociar a la hora de adquirir esa casa o propiedad añorada.
El reportaje también  ofrece una mirada al  exceso de oferta que se está dando en ciertas áreas como Río Piedras, el Condado y Dorado, donde el consumidor puede conseguir propiedades a precios que no hubiera imaginado hace  unos cinco años.

La mayoría de las propiedades    en  inventario  que se mueven con más lentitud ahora son las que  rondan entre los $250,000 y los $650,000.

Esto quiere decir, entonces, que dentro de esa escala de precios, el que quiere comprar tiene en la actualidad más poder que nunca antes para negociar.

La situación es muy similar en Estados Unidos: el  precio de la vivienda en las 10 principales ciudades de la nación  bajó un 17%  en junio con respecto al mismo mes de 2007, según el  índice Case-Shiller difundido el martes  por Standard & Poor’s. Esto supone la mayor caída en los últimos 21 años.

Desde que la agencia de evaluación de riesgo empezó a publicar estos datos en 1987, nunca antes se había registrado un descenso anual tan pronunciado, según se reportó.

Ese informe indica que  en las veinte principales ciudades del país, las viviendas se abarataron el 15.9%  entre los meses de junio de 2007 y de 2008.

En resumen, el mercado de Estados Unidos también le pertenece al comprador, quien está en su mejor momento para adquirir vivienda.

Aun  con las oportunidades que presenta el mercado hoy día y todos los beneficios que pone a la disposición del  comprador, a la hora de adquirir una propiedad, evite que esa compra sea por impulso. Conozco de un caso en que un comprador adquirió un apartamento por encima de los $300,000 en el área de Santurce, sin haber vendido su residencia principal en Vega Baja. La persona lleva  más de año y medio  pagando  ambas hipotecas,  tratando infructuosamente de vender la propiedad de Vega Baja.

Planifique bien su estrategia antes de  comprar, indague sobre los gastos de cierre y, si consigue la casa de sus sueños o la inversión idónea, procure tener el ingreso necesario para pagar la hipoteca y vivir cómodamente.

Entidades como  Consumer Credit Counseling Services recomiendan  que el comprador no gaste más del 35% de sus ingresos en el pago de una hipoteca. Ciertamente, esta no es la regla que siguen la mayoría de los dueños de propiedades en la Isla, ya que para muchos ese pago de la hipoteca  le consume el 50% de sus ingresos y en algunos casos hasta más.

Sin embargo, la recomendación de Consumer Credit ayuda a poner en perspectiva que, para tener buena salud financiera y paz mental, es vital embarcarse en un manejo saludable y responsable de nuestro presupuesto.

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