Muchos le llaman el “Centro de todo”, haciendo eco de una de las múltiples campañas publicitarias que por cuatro décadas han promovido al centro comercial Plaza Las Américas.
Tal vez no sea el centro de todo, pero definitivamente es el centro de muchas cosas. Un emporio que, según datos ofrecidos por Empresas Fonalledas, genera $300 millones a la economía de Puerto Rico; un lugar de compras que tiene algo para todo tipo de consumidor; un sitio de encuentro donde coinciden desde los viejitos que caminan por el centro hasta los jóvenes góticos que rondan por las esquinas; y, claro está, un paraíso para muchos comerciantes quienes tienen que batallar, en la mayoría de los casos, para poder lograr un espacio en el codiciado centro comercial.
En entrevista con la periodista Marian Díaz, Jaime Fonalledas, presidente de Empresas Fonalledas, platica sobre la historia del negocio, su visión como empresario y su misión de cara al futuro.
El empresario, quien no suele dar entrevistas a fondo, también contesta la gran interrogante de por qué a algunos comerciantes se les hace tan difícil hacer negocio con Plaza Las Américas.
Fonalledas es un empresario atípico y tal vez ahí radica su éxito. Su acercamiento a los negocios, como verán en nuestro artículo de portada, se distancia un poco de las estructuras tradicionales que siguen muchas compañías.
Sin embargo, encara los mismos retos que todos los negocios están enfrentando hoy día. Entre ellos, el alto costo energético que azota al País, tema que también abordamos en otro artículo sobre la “adicción” de Puerto Rico al petróleo y su tímido acercamiento a las fuentes de energía renovables.
Alrededor de un 85% de nuestra energía se produce a base de petróleo y carbón. Los cambios que se avecinan no prometen reducir esa dependencia dramáticamente. En una economía en recesión, esto resulta más que preocupante. Significa que seguiremos esclavos de las fluctuaciones del precio del petróleo que, aunque en las pasadas semanas ha bajado, todavía se mantiene por encima de los $100.
Pero, aparentemente, ciertos intereses parecen estar por encima del bien colectivo de este pueblo.
Algunos economistas sugieren que, como la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) le puede traspasar al consumidor felizmente el precio al que compra el combustible, no hay un interés real de migrar hacia otras fuentes.
También están los sindicatos, que cada vez que en Puerto Rico se habla de buscar fuentes renovables o alternativas energéticas, salen a viva voz con su oposición y el argumento de que “están tratando de privatizar a la AEE”.
Y yo me pregunto: si el precio de la energía sigue subiendo, ¿acaso el alza no causará que las compañías sigan abandonado la Isla y que los consumidores reduzcan su consumo energético?
Cuando eso pase, ¿no representará esto un golpe a los ingresos de la Autoridad de Energía Eléctrica al igual que a su sindicato?
Mientras tanto, economistas de la talla de José Alameda estiman que Puerto Rico pagará más de $8,000 millones en costos relacionados a la compra de petróleo, si es que los precios del barril se mantienen cercanos al $100 durante todo el año.
Según el cálculo de Alameda, esto significa que el consumidor boricua gastará alrededor de $1,100 adicionales de su bolsillo este año para sufragar ese incremento.
En una economía en recesión, con un bolsillo ya lacerado y azotado por la inflación, el IVU y el desempleo, entre muchos otros factores, estas cifras resultan alarmantes.
Es hora de actuar.
