No tienes que esperar a estar listo. Ni siquiera tienes que decir que no eres apto para entrar. Solo tienes que tocar la puerta y entrar.
El otro día una amiga me decía que tenía que arreglar primero su vida, antes de buscar del Señor. Según me hablaba, me reconocía que había situaciones en su vida que no están bien.
Ella reconoce en qué ha fallado, e incluso le da gracias a Dios porque aún así él ha tenido misericordia de ella salvándola de múltiples situaciones.
Sin decirme abiertamente lo que sentía, con ese comentario de que primero quería arreglar su vida antes de aceptar al Señor como su Salvador, supe que en ella hay sentimientos de culpa, pero más que culpa, no se siente digna de merecer el perdón de Dios.
De inmediato le recordé que la Palabra de Dios nos recuerda la razón por la qué Jesús vino a este mundo. "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido". (Lucas 19:10).
Le recordé que incluso los discípulos tenían el mandato de predicarle a los gentiles, los que en el tiempo actual serían los no cristianos.
Jesús ofreció ejemplos de lo importante que eran los pecadores para él, a través de varias parábolas. Tres de ellas están en el Evangelio de Lucas, capítulo 15. Una de ellas es la del hijo pródigo, cuyo padre, independientemente de que sabía que su vástago se fue detrás del mal, lo recibió de nuevo con amor cuando regresó ARREPENTIDO.
Jesús también usó la parábola de la oveja perdida, al preguntarle a los fariseos, qué pastor que tuviera 100 ovejas y perdiera una, no dejaba las 99 en el desierto para buscar a la perdida. Esto lo hizo para responder a las críticas de los fariseos de que Jesús se sentaba a comer en las mesas junto a los pecadores.
Otra parábola que usó fue la de la moneda perdida (Lucas 15:8-10), que lee como sigue: "¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde un dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se ARREPIENTE".
Estos versos lo que hacen es aclarar, en primer lugar, que Dios ama al pecador, y nos enseña a sus hijos a imitarlo. Pero amar al pecador no es decirle, tú puedes seguir llevando ese estilo de vida y te vas a salvar. Fíjese que el último verso que cité cierra con la frase, un pecador que se ARREPIENTE.
Por algo Jesús perdonó a la adúltera y le dijo, no peques más. Cuando se viene a Jesús, hay que tener la intención de cambiar, aunque eso no ocurra de inmediato. Pero ciertamente Dios espera un cambio en nosotros, aunque primero nos recibe en la condición que estemos.
Por eso su palabra dice: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro". (Hebreos 4:15-16).
Esa gracia y ese socorro es el que necesitamos para vencer a esas pasiones y esas ataduras que no nos dejan cambiar. Pero fíjense que este verso primero nos invita a acercarnos al Señor con confianza, tal y como somos, porque él mismo reconoce la debilidad del ser humano.
No tiene fundamento cuando una persona trata de acusar a los cristianos de que juzgamos a quienes no piensan igual que nosotros, o que estamos condenando a las personas cuando decimos que llevan estilos de vida aberrantes. Si confrontamos con la Palabra, como nos manda el Señor, nos acusan y alegan que no tenemos amor.
Aquí no hemos dicho que no pueden entrar a una iglesia hasta que no cambien.
Si alguien se atreve a llamarlo Señor, no pretenda manejar a su antojo la Palabra, como hacen algunos para justificar sus pecados.
Un lector dejó entrever con un comentario en el blog anterior, que aquí hemos dicho que los homosexuales no son merecedores del favor de Dios. Encima de eso, nos llama moralistas.
Estas personas no pelean contra nosotros. ¿A caso peleará la creación con su Creador? Aquí presentamos la Palabra de Dios, y el que rechaza la Palabra, a Dios rechaza.
Aquí se le abren las puertas a todos, e incluso a los que humildemente reconocen, "necesito ayuda, ¿orarías por mí?" O que le confiesan al Señor, 'te he fallado, perdóname y ayúdame a comenzar de nuevo".
Aquí tampoco le hemos dicho a nadie, tienes que cambiar para que el Señor te acepte. Lo que hemos comunicado es que el Señor te recibe en la condición que estás, que te recibe con los brazos abiertos, y que si apelas a su gracia él te ayudará a superar tu situación.
Y el compañero Jaime y este servidor abrimos este espacio para el que necesita oración, una palabra de consuelo o ayuda. No somos perfectos, pero damos testimonio del poder y el amor de Dios, y de que cuando nos presentamos con sinceridad delante de su trono, incluso quita cosas de nosotros que nos estorbaban o no nos hacían bien. Incluso sin que nadie nos tenga que advertir. Pero eso solo ocurre cuando hay genuino arrepentimiento.
Dios no puede ser burlado. El espera que seamos humildes en reconocer que necesitamos de él, que hay situaciones que arreglar, y no que andemos justificando nuestros errores ante los demás. El te equipa para que salgas adelante, no para que te presentes como víctima y luego digas que los demás te acusan porque no están en tus zapatos.
