Antolín Maldonado-Jaime Torres
25-Ago-2007

Una segunda oportunidad

 Por Antolín Maldonado Ríos

 En más de una ocasión, los que fueron arrestados por las autoridades federales por pagar sobornos al Tribunal Examinador de Médicos (TEM) para obtener licencias fatulas, deben haber escuchado de una u otra manera la Palabra de Dios. Ahora, aunque no lo crean, tienen otra oportunidad.

Se que hay gente que duda y hasta le repugna ver a otros que, sumergidos en la desgracia de verse encarcelados por un acto criminal, profesan un arrepentimiento y proclaman que el Señor ha cambiado sus vidas.

De todo hay en la viña del Señor como dicen algunos, pero ciertamente le corresponde a Dios juzgarlos. Solo Dios sabe si ese arrepentimiento es genuino o no. Pero es precisamente lo que busca el Creador, que por vil que hayan sido las personas, reaccionen, analicen lo que hicieron y por medio del arrepentimiento se encomienden al Señor y le pidan que les cambie.

Y que les cambie para vivir para él y no para el mundo.

Es posible que alguien lea esto y diga en referencia a esos acusados, 'ah, que se pudran ahora en la cárcel y le boten la llave, por pillos y tramposos'.

¿Cuántos de los que piensan así estarán limpios de todo pecado? ¿Y cuántos, si fueran descubiertos en su maldad, les gustaría una segunda oportunidad? A lo mejor se creen rectos porque su falta no es tan grave como la que cometieron estas personas para obtener una licencia y poder ejercer la medicina.

Pero mientras tanto le siguen robando al gobierno cuando no reportan todas sus ganancias, siguen sintiendo envidia cuando ven a un vecino progresar, o se creen santos pero hace años que no le hablan al padre o la madre por errores del pasado.

No pretendo, ni condenar ni tirarle la toalla a estas personas que ahora están en la cárcel por mentir. La Biblia es clara cuando dice que la paga del pecado es muerte. Y no solo se refiere a muerte natural. Esa muerte puede ser espiritual, puede ser moral. Ciertamente estas personas tendrán que pagar con cárcel y con el descrédito que sufrirán, no sólo ellos, sino sus hijos, cónyuges, padres, amigos y demás familiares.

¿Pero acaso, en medio de ese abismo, no será el mejor momento para humillarse ante Dios reconociendo la culpa? Ahora que los supuestos amigos y hasta algunos familiares les darán la espalda, ¿no será el momento para clamar por la misericordia de Dios, que siempre está disponible cuando somos humildes con él?

No es que el arrepentirse y pedirle perdón a Dios les vaya a comprar su boleto de salida de la cárcel. Vuelvo y recalco que la Biblia dice, que la paga del pecado es muerte. Eso quiere decir que tiene sus consecuencias, y en este caso estas personas tendrán que pagar tras las rejas.

Pero la Biblia también dice en uno de sus Salmos, el 32, "mientras callé, se envejecieron mis huesos". Otra versión lee, "mientras callé, se consumieron mis huesos".

Ese mensaje deja establecido lo que sucede mientras seguimos cargando y escondiendo nuestro pecado y nuestra culpa, pretendiendo que nadie sepa o que crean que somos inocentes, aún cuando sabemos que no lo somos.

Todas sus energías y su vida se consumen en tratar lo imposible, mientras lo posible, que es obtener el perdón de Dios y levantarse de nuevo para empezar de cero, lo rechazan como opción.

El mismo Salmo 32 dice en el versículo 5: "Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Dios; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado".

Si ya están tras las rejas, y no son sinceros con otros, por qué no serlos consigo mismos y con Dios. Hay una consecuencia que tienen que pagar, pero Dios puede levantar al caído.

Y no se trata de pedirle perdón a Dios para comprar su libertad de la cárcel, y una vez fuera, continuar una vida desordenada y de pecado.

Se trata de morir al viejo hombre y nacer como una nueva criatura, porque en Cristo, todas las cosas son hechas nuevas.

Seguramente, antes de ser arrestados, a algunos de ellos alguien les habló de Dios, o la conciencia les habló y no los dejaba tranquilos por lo que habían hecho.

Pero seguramente pensaron que podrían escapar, o que, en el peor de los casos, habría un mañana. Quizás pensaron que su título de médico lo era todo, y por eso se arriesgaron a obtenerlo de la manera que fuera.

Espero que nadie piense que mi intención es hacer leña del árbol caído. Al contrario.

Pero ahora que ven que su título no lo era todo, y que vale más la dignidad y la integridad, les conviene saber la verdad.

Y la verdad es lo que dice la Palabra de Dios, cuando Jesús les habló a sus discípulos diciendo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".

Esa verdad es la que los hará verdaderamente libres, porque Dios es un Dios de amor y puede compadecerse del que verdaderamente se arrepiente y le pide perdón.

Concluyo con los primeros dos versos del Salmo 32:

"Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño".

Performancing Metrics

sobre el autor

Antolín Maldonado-Jaime Torres

Antolín Maldonado

Posee un Bachillerato en Artes con concentración en Comunicación Pública de la Univers...

ver biografía completa
blogs el nuevo día
Noticias
Deportes
Flash
Por Dentro
Noticias