“El mundo espera por lo que Palin va decir”. “¿Justo el intenso escrutinio a Palin?”. “Palin se prepara para su discurso clave”. “¿Qué debe decir Palin?”.
Estos fueron algunos de los titulares que en apenas dos minutos del pasado miércoles, a media tarde, ofreció la cadena de televisión CNN como parte de su usual y grandilocuentemente abrumadora oferta diaria -24/7- en una jornada en que la estrella fue, obviamente, la gobernadora de Alaska en ruta a su aceptación de la candidatura republicana a la vicepresidencia como parte del a Convención Nacional de ese partido.
Para quien ve habitualmente alguna de las grandes cadenas estadounidenses de noticias -éste es el gentilicio correcto, porque “americanos” somos todos los que vivimos en este continente, aunque ellos, los estadounidenses, se empeñen en apropiarse de él con exclusividad territorial- resulta obvio el tono y la textura de la cobertura que estas empresas -con CNN a la cabeza- dan a los sucesos que reportan, con un libreto reminiscentemente cinematográfico, cifrado en la recurrencia periódica de elementos dramáticos alternados con episodios livianos, estructura en la que la repetición hasta la saciedad marca la pauta.
37 millones
El “espectáculo” de Sarah Palin -la ya célebre “pitbull con lipstick”- es sólo uno entre decenas de miles -y quizá muchos más- que ejemplifican cabalmente la manera como estas enormes empresas manejan la información y la distribuyen al mundo, como parte de una agenda permanente que se extiende durante los 365 días del año las 24 horas de cada jornada.
De ser -hasta una semana antes- una completa desconocida para el público estadounidense, a Sarah Palin la vieron más de 37 millones de personas a través de la televisión en su triunfal discurso en St. Paul, Minnesota. Su rival demócrata a la vicepresidencia, Joe Biden, atrajo “sólo” a 24 millones de televidentes en su mensaje del miércoles antepasado en Denver, Colorado.
Las coberturas durante las pasadas dos semanas que las cadenas estadounidenses dieron a las convenciones demócrata y republicana demostraron elocuentemente una vez más el paradigma informativo que rige en ese país y que -por razones de todos conocidas- tienen una innegable influencia en la manera como se perciben en Puerto Rico los hechos que esas corporaciones convierten en noticias con su impronta.
¿Candidez o arrogancia?
Veamos por ejemplo el primer titular mencionado en esta nota: “El mundo espera por lo que Palin va a decir”. ¿Realmente la CNN habrá creído que en ese momento -o antes o después- que el mundo estaba paralizado en espera de lo que la elegida por McCain expresaría en su mensaje?
Quizá sí… es decir, que en el mundo ideal de la CNN eso era lo que debía estar ocurriendo en el planeta después de toda la expectación que la propia cadena se encargó de alimentar desde el fin de semana pasado con la manera cómo se manejó -de parte de ella misma y de los principales medios de la nación- el tema del embarazo de Bristol, la hija soltera de Palin, con un elenco de estrellas mediáticas, como el circunspecto Wolf Blitzer, el comedido Lou Dobbs, la modelo Robin Meade, el intenso Jack Cafferty, el calvito James Carville, el digital John King -con su “pantalla mágica”- y el indefinible Anderson Cooper.
Otra posible teoría para explicar ese ambicioso titular es la noción tan singular que los estadounidenses -y “americanos”, pero con el mismo derecho compartido con todos lo que habitamos al sur del Río Bravo- parecen tener de lo que es el mundo. Si no, ¿cómo explicar que en octubre de cada año celebren con tanta fanfarria lo que ellos llaman “Serie Mundial” de béisbol, cuando en realidad sólo participan equipos de Estados Unidos y Canadá?
¿Qué hay detrás de esta reiterada vocación por la hipérbole? ¿Candidez o arrogancia?
Si bien la política es sin duda la cantera más generosa de noticias para estas cadenas -CNN, ABC, NBC MCNBC, que, según se dice, son las que definen las agendas de los políticos para aprovechar los horarios de máxima audiencia o “prime time”-, los desastres naturales son también una musa fértil para estos abrumadores telediarios que en verdad deben hacer malabares cuando lo que pasa en el mundo -en el resto del mundo, no sólo en el de Estados Unidos- no cumple con los estándares mínimos de potencial dramatismo para llenar la pantalla.
El huracán Gustav, por ejemplo, se convirtió en noticia central de estas cadenas en el momento mismo -nunca antes- en el que se definió como una amenaza para la costa norte del Golfo de México, es decir, los estados de Alabama, Luisiana y Texas.
Durante los días previos a su ingreso a esas aguas -y mientras hacía pedazos a la República Dominicana y Haití- Gustav no fue cosa para esas cadenas que el referente de Katrina y, con ello, de una de las grandes manchas en la administración de George W. Bush.
¿Los estragos del huracán en el Caribe? Sólo un apunte de 15 segundos entre segmentos.
“¡Showtime!”
La cobertura mediática de Gustav alcanzó su clímax cuando no lo tuvo, es decir, cuando se volvió obvio que no habría grandes daños y que tampoco sería “la madre de todas las tormentas”, como lo llamó Ray Nagin, el alcalde de Nueva Orleans. Entonces, en un alarde de dramatismo hollywoodense, ¡showtime!
Los reporteros de CNN se apostaron con capas cerca de la playa, frente a las cámaras, con el anemómetro en una mano y el micrófono en la otra, para dar cuenta de la “fiereza” de los vientos y seguir hablando del fantasma de Katrina y de Bush.
Luego, en el estudio, otras voces siguieron hablando -todo el día, por supuesto- de Katrina y Bush y de la convención republicana y de McCain y de Palin y de Bristol y del novio de Bristol y del hijo con síndrome de Down de Palin y de Obama y de Biden y de Hillary y de Katrina y de Cindy y de Katrina y de Bush y de Palin y de la convención republicana y de la convención demócrata y de Bristol y del novio de Bristol y del hijo con síndrome de Down de Palin y de Obama y de Biden y de Hillary…
Es evidente: para las grandes cadenas estadounidenses de noticias eso es lo que “el mundo espera”, eso es lo que “el mundo espera”, eso es lo que “el mundo espera”, eso es lo que “el mundo espera”
