Desde principios de la década, las inversiones que se dieron en Puerto Rico en el área de biotecnología acapararon no sólo la atención del País, sino también la de nuestros competidores como Irlanda y Singapur, por mencionar algunos.
Expansiones y plantas nuevas de multinacionales como Eli Lilly, Abbott y Amgen, además de generar miles de empleos bien remunerados en las áreas de ingeniería, química y las biociencias, inyectaron su buena dosis de actividad económica para el sector de la construcción y otros suplidores de la industria.
En el caso particular de Amgen, la principal empresa de biotecnología en el mundo, su multimillonaria expansión en Juncos (de más de $2,000 millones) fue utilizada hasta la saciedad por las administraciones de Sila María Calderón y Aníbal Acevedo Vilá, para promover los “logros” de sus respectivas administraciones.
Aunque la expansión de Amgen se aguantó un tanto el año pasado debido a los retos que encaró la compañía en Estados Unidos, lo cierto es que son pocas las multinacionales que hoy en día están embarcando en expansiones de esta magnitud en la Isla.
Tanto Amgen, como las inversiones de Eli Lilly en Carolina, que cuenta con una de las plantas de biotecnología más avanzadas del mundo para la elaboración la insulina Humalog, y la inversión de Abbott en Barceloneta, con su sofisticada planta para fabricar el medicamento Humira, representan una importante oportunidad de desarrollo económico para Puerto Rico.
Es importante tener claro el hecho de que atrás quedaron los años de gloria de las manufactureras de procesos químicos que empleaban a miles y miles de trabajadores para sus líneas de producción.
La biotecnología, en lugar de elaborar sus terapias y medicamentos a base de químicos -como lo hace la farmacéutica tradicional-, utiliza organismos vivos o compuestos obtenidos de esos organismos para confeccionar sus medicamentos.
Asimismo, las plantas biotecnológicas, por lo general, son altamente automatizadas y no requieren tanto personal como las plantas químicas tradicionales.
Pero el hecho de que estas plantas de biotecnología no generan colosales cantidades de empleo no significa que no se le deba dar prioridad como una potencia para el desarrollo económico del País. Todo lo contrario. El efecto multiplicador que tiene la biotecnología en otras industrias relacionadas figura como un importante factor para impulsar ciertas áreas de nuestra economía.
En esta edición especial, la periodista Marie Custodio se adentra en el mundo de la biotecnología en Puerto Rico y toca base con el potencial que esta tiene en los suplidores.
Desde las empresas de construcción hasta las firmas de validaciones, la biotecnología presenta oportunidades para un sinnúmero de empresas nativas más allá de las propias multinacionales que manufacturan el producto.
También resulta relevante la transferencia de conocimientos que esta industria permite. Tanto el legado de más de 40 años de experiencia con las farmacéuticas, como los trabajos recién realizados en las plantas más nuevas de biotecnología, han viabilizado que miles de puertorriqueños se hayan convertido en peritos en las diversas áreas que conforman el ecosistema de la biotecnología. Ingenieros, contratistas, químicos, personal de sistemas de información y otra cantera de profesionales se han podido beneficiar de la ola biotecnológica.
Profesionales que, como verán en esta edición, están llevando su peritaje a Estados Unidos y Europa, al ser contratados por multinacionales que reconocen que en Puerto Rico hay un talento especializado y miran a la Isla para importar ese peritaje.
Muchos han criticado los beneficios contributivos que se les han otorgado a algunas multinacionales. Es cierto que tenemos que fiscalizar y velar porque esos incentivos redunden en la creación de empleos. Sin embargo, dentro de ese análisis, dentro de esa fiscalización, también se debe tomar en consideración el efecto multiplicador que tienen algunas de estas empresas, precisamente en los suplidores y empresas que les dan servicio y apoyo.
Mientras, Puerto Rico no se debe quedar atrás en la creación de estrategias para seguir atrayendo capital e inversiones de este tipo de empresas.
Cierto que hay una nueva Ley de Incentivos que ya entró en vigor. Pero Puerto Rico no se puede quedar ahí. Mientras se nos va la vida comentando sobre las pintorescas apariciones de De Castro Font, países como Suecia, según reportes del Financial Times, han optado por recortar sus impuestos para corporaciones, anunciando medidas para reducir los costos laborales, apoyado por un plan de $2,400 millones.
La medida sueca tiene como objetivo “suavizar el golpe de la desaceleración económica”. Este es el tipo de cosa que en Puerto Rico debemos estar mirando para mantenernos activos y peleando efectivamente en la imparable competencia global.
Mientras, esta semana, cuando inicia la Semana de la Biotecnología, debería servir de reflexión sobre las medidas que debemos implementar para no quedarnos rezagados en el área de las ciencias vivas y lograr convertirnos verdaderamente en la bioísla.
