Incertidumbre. Frenesí bursátil. Inestabilidad. Tasas prestatarias más altas. Falta de líquido. Estas frases sólo empiezan a describir el caótico panorama que durante las pasadas dos semanas ha mantenido al mundo entero en crisis.
Finalmente se aprobó antier en el Congreso de Estados Unidos el controvertible plan de rescate por $700,000 millones, que busca comprar los activos nocivos de entidades financieras atribuladas. El presidente George W. Bush firmó el plan justo antes de que cerraran los mercados. Aún así, la Bolsa de Valores cerró con un bajón de 157.47 puntos terminando en 10,325.3 puntos. De hecho, el viernes Wall Street concluyó la peor semana en términos de desempeño bursátil desde los ataques terroristas del 11 de septiembre.
¿Y qué pasó? Tal vez el mercado, los analistas y el mundo en general se dieron cuenta de que el problema va más allá de la crisis del mercado inmobiliario y de firmas con activos tóxicos. Estados Unidos develó en septiembre cifras espeluznantes de desempleo. Unas 159,000 personas se quedaron sin trabajo el mes pasado, lo que eleva el número a 760,000 en lo que va de año.
Estos indicadores -aún con un plan de rescate aprobado- incrementan el miedo de que la principal economía del mundo se encamine hacia una recesión.
Lo bueno, si algo, es que el petróleo está bajando. Disminuyó este viernes a $94 el barril, su nivel más bajo en dos semanas. Claro que con más gente en la calle sin trabajo hay menos consumo y otros problemas mayores.
Aunque el panorama no es halagador, lo cierto es que el plan de rescate -opuesto por muchos que consideran injusto que el gobierno utilice el dinero de los contribuyentes para pagar los errores de Wall Street- deberá traer algo positivo.
Ciertamente es injusto que aquellos que trabajan día a día, ganando mucho menos que los multimillonarios CEOs de las ahora atribuladas firmas financieras, terminen pagando el precio.Pero el precio de no hacer nada tenía el potencial de pasar una factura mucho más onerosa a los ciudadanos. Podría traducirse en mayores fracasos de compañías con inversiones respaldadas por estos préstamos hipotecarios incobrables y, como efecto dominó, terminaría eliminando más trabajos; reduciendo el valor de las acciones; evaporando más dinero de los planes de retiro; haciendo mucho más difícil conseguir préstamos para casas y autos; limitando las posibilidades de los negocios de expandir su operaciones; y reduciendo la capacidad de los gobiernos de emitir deuda para desarrollar infraestructura y proveer servicios.
Claro, nada asegura que con el plan de rescate lo que mencionamos arriba no suceda. Pero ofrece un colchón para aplacar el duro golpe que está recibiendo la economía.
Tras la crisis, Puerto Rico tiene que mirar ahora más que nunca a la gravedad de las cosas. A la necesidad de remar todos en una misma dirección para tratar de sacar a un País que a principios del 2009 cumplirá su tercer año en recesión.
La ecuación esbozada por los economistas es simple. Si Estados Unidos cae en una recesión a Puerto Rico se le hará mucho más difícil salir de la suya.
Con esto en mente, en esta edición le traemos las propuestas con las que los candidatos a la gobernación pretenden sacar a Puerto Rico del hoyo económico.
Nuestro equipo de periodistas se sentó con cada uno de los candidatos para indagar sobre temas específicos, incluyendo cómo pretenden solucionar el déficit, el desempleo y el gigantismo gubernamental, entre otros.
También les traemos las reacciones sobre la viabilidad de sus respectivas propuestas, esbozadas por un panel de reconocidos economistas del patio.
A 30 días de las elecciones y con todo lo que está pasando en el mundo, en la economía y en nuestro País, es hora de que los candidatos eleven el nivel de sus respectivas campañas y comiencen a atender con seriedad el tema de la economía. Que ofrezcan soluciones reales de cómo convertirse en facilitador del progreso económico y social de nuestro País.
Tras el resultado de las elecciones, gane quien gane, el pueblo se debe unir y remar en la misma dirección. Sólo así lograremos la recuperación y el bienestar que tanto añoramos. Esa recuperación sólo puede darse con la unión, dejando atrás líneas político-partidistas. Ese será nuestro verdadero rescate.
