Antolín Maldonado-Jaime Torres
09-Oct-2008

La paz que sólo Él nos da

 Por Antolín Maldonado Ríos

 En tiempos de prueba como los que estamos viviendo, específicamente en lo que respecta a la economía, es cuando debemos conservar la paz y no caer en desesperación.

 Por otro lado, es triste que cada vez más y más la sociedad siga basando su  felicidad en el consumo desmedido. Mientras hay bienes y riquezas, no hay problemas para los que se dejan llevar por esa ola de consumismo.

 El problema viene cuando las finanzas se derrumban, y de repente, o te quedas sin trabajo o te ahogan las deudas ante la imparable inflación y aumento en los costos de los servicios básicos como la energía eléctrica, el agua, etc.

 El agravante lo vimos en recientes semanas, cuando cientos de ciudadanos inundaron los comercios, para, en un tiempo de emergencia como el que causaron las incesantes lluvias de finales de septiembre, salir a comprar artículos de 'primera necesidad' como los televisores plasma o 'LCD'.

 Todo para, dizque aprovechar el ahorro que iban a tener por la eliminación temporera del impuesto de consumo. Estoy seguro que en tiempos de prueba, como una relación rota o un divorcio, la muerte de un familiar amado, o incluso la estrechez económica, esas personas no podrán encontrar el consuelo, la paz y el gozo, prendiendo su televisor último modelo. Tampoco podrán conversar con él ni encontrar la solución en él.

 En tiempos tan difíciles, esa paz y esa solución sólo se consiguen cuando hemos decidido vivir para Dios y entregarle nuestro corazón. Cuando el dinero fluye, y hay para comprar de todo, algunos dirán, 'mira a éste ridículo, lo dice porque él no ha podido comprarse un plasma'.

 Claro que no lo tengo. Y por supuesto que me gustaría tener uno, porque no estoy diciendo que sea malo o incorrecto. Pero hay cosas más importantes y hay que saber establecer prioridades para luego no estar lamentándose.

Pensarán algunos que escribo esto porque no he pasado necesidad. Nada más lejos de la verdad, porque todos tenemos nuestras tribulaciones. Los errores y las malas decisiones del pasado en el plano financiero, no me han dejado otra salida que hacer lo que precisamente el Padre espera que hagamos en tiempos difíciles. Recurrir a Él, y llorar si es necesario delante de su presencia esperando su ayuda.

Sí, me he sentido desesperado. Así como lo están leyendo. Pero en medio de la desesperación he recordado que Dios es mi fortaleza, mi sustento, y que en realidad, nunca me ha faltado nada.

Sí, he llorado delante de su presencia. Pero contrario a lo que piensa una sociedad machista del hombre que llora, ese acto de hacerlo cuando estamos en comunión con Dios es un acto de reconocimiento de que solos no podemos si no contamos con la ayuda de Él. Y por medio de ese acto de desbordarse delante de la presencia de Dios, reconociendo y pidiendo su ayuda, en lugar de salir deprimido, he salido fortalecido.

 No sé si lo mismo pueden decir aquellos que aparentan ser fuertes, pero viven una vida vana, y alejada de Dios. No sé si podrán dormir tan tranquilos como yo, a pesar de que también tengo problemas. Pero es que Jesús lo dijo bien claro, que Él nos dejaría una paz, no como el mundo la da. Es una paz que no tiene explicación, porque no es un estado de negación.

 Es una calma y una confianza que rodean tu ser, a pesar de que estás consciente de la situación que estás atravesando.

Entonces, llorar delante del Señor, no es una señal de debilidad. Nadie me ha visto deprimido, y no porque lo esconda o disimule, sino porque el Señor es mi fortaleza. Y lo que es más, en medio de mi necesidad, he podido ver que hay otros que tienen situaciones mayores, y por medio de mi experiencia, he aprendido a sentir empatía.

 Es bueno saber que siempre hay un lugar y un tiempo de reposo, para aquel que está atribulado. Para aquel que no sabe cuál paso tomar, si salir corriendo de Puerto Rico o quedarse a ver qué ocurre, también hay un espacio para descansar en el Señor, porque Él no tiene limitaciones.

 En el milagro de provisión que hizo Jesús cuando alimentó a los 5,000 en el monte con apenas cinco panes y dos peces, hay una enseñanza enorme de lo que es saber esperar en el Señor.

 Algunos no han sabido esperar y se han quitado la vida. Y con ese acto, le han cortado también la vida al milagro que Dios tenía para ellos.

 La Palabra de Dios está llena de ejemplos de las bondades del Padre, y de cómo nos suple en medio de la necesidad, sólo si confiamos en Él.

 Confía en Él, y te exhorto a leer en el blog de mañana, algunos de esos ejemplos que Dios nos da de los tiempos bíblicos, y de cómo puede hacerlo hoy también. Porque Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.

 

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sobre el autor

Antolín Maldonado-Jaime Torres

Antolín Maldonado

Posee un Bachillerato en Artes con concentración en Comunicación Pública de la Univers...

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