En el desierto, después que el pueblo de Israel salió de su cautividad en Egipto, fue alimentado con Maná del cielo y el agua no faltó aún en la sequía. Pero los hijos de Israel sólo veían las circunstancias y se quejaban, en vez de confiar en que si Dios ya había hecho un milagro librándolos de la esclavitud, no iba a ser insensato como para dejarlos morir de hambre luego.
El desierto era un lugar de formación para que luego del tiempo de prueba, no echaran a perder la bendición cuando la recibieran. El desierto era y es un lugar para alcanzar madurez. Y ahora no me refiero al desierto en el sentido literal, sino al tiempo de prueba.
El mismo Señor nos dice en Mateo 6 que no nos afanemos por nada material, porque Él sabe que tenemos necesidad de estas cosas; comida, bebida, vestido, calzado, etc.. Nos insta a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y nos dice al final que todo lo demás será añadido, cuando así lo hagamos.
Esa es la parte que muchos no quieren cumplir, porque seguir a Dios y su justicia implica compromiso. Compromiso de no seguir pecando, de dejar la vida pasada, de comportarse con integridad y no seguir robando, pero lo más importante, de poner a Dios sobre todas las cosas.
El pueblo de Israel prefería renunciar a todo lo que Dios quería darle en la tierra prometida con tal de tener sus comidas y la carne en Egipto, aunque eso le costara seguir siendo esclavo y aunque eso le costara negar su propia fe y a Dios.
Hoy el Señor te dice como le dijo a sus discípulos en el Evangelio de Juan 6:10-11:
"Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían".
La hierba, en la Biblia, no solo se refiere a plantas que sirven como alimento o para que los animales pasten. Simbólicamente, la hierba está asociada con lugar de reposo.
Por eso, el Salmo 23 dice en un fragmento, "en lugar de delicados pastos me hará descansar", refiriéndose al Pastor de pastores, nuestro Dios.
También está asociada con lugar de paz. Ese pasaje de Juan 6:10-11 muestra como aún en tiempos de escasez, estar en la presencia de Dios y escuchar su Palabra nos va a dar esa paz, y no solo eso, sino que el Señor nos prepara para darnos su milagro.
Yo puedo dar fe de lo que es sentir esa paz en medio de la tormenta. Hace tres años, emprendimos mi esposa y yo un negocio propio para distribuir ropa de dama al por mayor. En menos de dos años tuvimos que cerrar. La debacle económica del País por los pasados años comenzó a afectarnos a nosotros, pues los clientes comenzaron a quedar mal en sus pagos, mientras nuestro negocio tenía que seguir cumpliendo sus deberes de gastos de alquiler, etc.
Pronto, esas deudas del negocio se añadieron a nuestros compromisos personales, y complicaron nuestras finanzas. Y en medio de la confusión y cuando todo parecía derrumbarse, hasta nuestra fe, no quedaba más opción que arrodillarnos ambos ante la presencia del Señor, simplemente para llorar y desahogarnos. También para pedirle a Dios que su paz nos cobijara, en medio de la desesperación.
Las deudas continúan ahí, pero seguimos confiando y el Señor sigue proveyendo para cumplir nuestro deber. Nunca ha faltado nada. Su Palabra es fiel, cuando dice en Salmo 37:25 que "nunca he visto un justo desamparado ni su simiente que mendigue pan".
Todavía no he visto el milagro que quisiera ver. Pero creo que Dios, como Padre responsable, va a dejar que pasemos por pruebas para que maduremos y también para que aprendamos a tomar decisiones basadas en su voluntad y no a la ligera. Pero también aprendí por experiencia propia, que cuando sientes que te hundes ahí está el Señor para darte su mano y no dejar que te ahogues, como hizo Jesús con Pedro, cuando éste saltó de la barca luego de ver al Señor caminar sobre las aguas.
Por un instante, Pedro también caminó sobre las aguas mientras tuvo fe y no dejó que el miedo lo dominara. Pero cuando quitó su mirada de Jesús, se fijó entonces en las circunstancias, que en ese momento era la tormenta que había sobre el mar. Ahí se dejó dominar por el miedo y comenzó a hundirse. Pero Jesús no lo dejó solo.
En mi caso y el de mi esposa, esa misma tarde en que ambos nos desahogamos delante de Dios, mientras conducía al trabajo pude sentir esa paz que solo Dios concede. Una paz que hasta se convirtió en gozo y risa. Parecería un estado de negación o locura. Pero no. Seguía tan consciente de la difícil situación.
Pero mientras continuaba hablando con Dios en el auto, experimenté esa paz extraña y ese gozo inexplicable, por la certeza que llegó a mi corazón de que Él no me abandonaría y que además, mi felicidad no dependía de lo material.
Comprendí ahí, el gozo del que habla la Palabra en Nehemías 8:10, donde dice, "el gozo del Señor es mi fortaleza".
Es de notar que puede haber hambre o escasez, pero siempre habrá espacio y hierba suficiente, como lo hubo en aquel monte donde se sentaron los 5,000, para sentarse a escuchar a Dios.
Lo que Él no quiere es que le busques solamente para obtener un milagro. Quiere que le busques de corazón por lo que Él es, tu Padre, y que lo busques dispuesto a escucharlo y a obedecerle.
Lo demás, incluyendo tu milagro, vendrá por añadidura.
