Imagínense la activación económica y los empleos que se crearían al tener a nuestra disposición $2,500 millones al año, todos los años.
Un total de $50,000 millones para crear decenas de miles de empleos bien pagos en manufactura, construcción y servicios durante los próximos 20 años. Y con ello una economía que nos permitiría trazarnos las más ambiciosas metas en salud, educación, transporte colectivo y urbanismo. Todo esto con nuestro propio dinero y sin fondos federales.
Parece un sueño, pero no lo es. Es posible si transformamos la Autoridad de Energía Eléctrica, de una agencia dedicada a la quema de combustibles importados para la producción y venta de electricidad, en la Autoridad de Autosuficiencia Energética, cuya meta sea proveer el financiamiento y apoyo técnico necesario para alcanzar, en 20 años, la autosuficiencia energética de Puerto Rico.
Autosuficiencia energética significa suplir todas nuestras necesidades de energía con los recursos disponibles en nuestro archipiélago, sin tener que importar ni una gota de petróleo o gas natural o un pedazo de carbón más. Significa que todas nuestras necesidades de energía puedan ser suplidas por nuestros recursos y nuestra gente.
La Autoridad de Autosuficiencia Energética convertiría en capital de inversión los $2,500 millones que hoy pagamos los ciudadanos, empresarios y comerciantes en energía eléctrica todos los años.
En otras palabras, en lugar de obtener sus ganancias por la venta de energía, la nueva Autoridad de Autosuficiencia Energética obtendría ingresos con la venta y financiamiento de mecanismos para que nuestros ciudadanos, comerciantes y empresarios sean mucho más eficientes en el uso de energía y puedan crear sistemas que generen electricidad con los recursos disponibles en Puerto Rico.
Esta nueva estructura eliminaría la tensión que hoy existe entre la Autoridad de Energía Eléctrica, los consumidores y las personas interesadas en participar en el negocio de la energía. La nueva autoridad, en lugar de ser una barrera, se convertiría en facilitadora del empresarismo, la eficiencia y la autosuficiencia energética.
De los $2,500 millones que los puertorriqueños pagamos por electricidad anualmente, una gran parte resulta de ineficiencias que se pueden eliminar fácilmente mediante soluciones disponibles en el mercado.
Del consumo eléctrico residencial, la mayor parte resulta del acondicionamiento de aire, el calentamiento de agua y la iluminación. En múltiples lugares de Puerto Rico, profesionales ya han reducido en más de un 70% el consumo residencial mediante aislar los techos y las paredes expuestos al sol, incorporar calentadores solares y cambiar las luminarias por otras más eficientes en energía. Hay múltiples casas en Puerto Rico que, además de lo anterior, usan paneles fotovoltaicos y ya son autosuficientes en energía.
El consumo comercial e industrial se puede reducir en un 30% mediante sistemas de acondicionamiento de aire y refrigeración más eficientes y mejores sistemas de control de temperatura e iluminación.
Los mecanismos existen y están probados: sólo falta impulsar la implementación en comercios e industrias.
Con estas prácticas eficientes podemos reducir nuestra demanda eléctrica a la mitad, lo que convertiría el presente gasto por petróleo en inversión y en ahorros.
Por el lado de la producción, los restantes 1,500 megavatios de potencia necesarios después de lograr eficiencia se pueden generar con una nueva infraestructura fundamentada en turbinas de viento e hidrógeno.
Siguiendo los mismos patrones de colocación de turbinas de viento usados en Dinamarca, ubicándolas en campos agrícolas de forma integrada al paisaje y sin impactar la biodiversidad, se pueden instalar sobre 2,500 aerogeneradores en los valles agrícolas del norte de Puerto Rico.
En los valles agrícolas del sur caben otros cientos de turbinas de viento, para una potencia total de sobre 2,000 megavatios producidos con viento, más que suficiente para satisfacer la demanda reducida. Con el exceso de energía, se produciría hidrógeno, que se almacenaría en tanques localizados en las plantas generatrices. El hidrógeno se quemaría como combustible para suplir energía sin contaminar cuando baja el viento.
Mientras hay quienes insisten que la autosuficiencia energética de Puerto Rico es imposible, no hay nada más lejos de la realidad.
La viabilidad de la autosuficiencia energética de Puerto Rico es otra de las verdades ocultas por los políticos tradicionales con su retórica derrotista, para así entregar nuestra economía y el fruto de nuestro trabajo a unos pocos allegados.
La autosuficiencia energética de Puerto Rico es técnicamente posible, económicamente viable y urgentemente necesaria. Sólo necesita una nueva clase política para hacerse realidad.