Cada año espero con ansias la transmisión en vivo de la ceremonia del Oscar. Para mí es, precisamente, una ceremonia prepararme para el evento: acostar tempranito a los nenes para asegurar que no habrá interrupciones, ponerme la pijama para mayor comodidad y pegar los ojos instantáneamente tras cuatro horas frente al televisor, y una picadera accesible de modo que sólo haya que apartarse de la pantalla por situaciones impostergables.
Este año mis expectativas eran más altas, ya que la estatuilla dorada cumplía sus 80 años, lo que implicaba una grandiosa celebración. Aunque esta vez sólo había podido ver una de las cinco películas nominadas, el “glamour” y la espectacularidad que caracteriza al Oscar eran suficientes para entregarme nuevamente a mi ritual anual.
Con el desfile de las estrellas por la alfombra roja comenzó la decepción, pues aparte de los nominados y algunos de los presentadores, la ausencia de grandes nombres era evidente.
Figúrese que la cantante juvenil Miley Cirus, que encarna a “Hannah Montana” en la serie de televisión de Disney, fue quien se robó el show. Extrañamos a Tom Cruise, Angelina Jolie, Brad Pitt, Julia Roberts, Charlize Theron, Bruce Willis, Leonardo DiCaprio, Halle Berry, Salma Hayek, por sólo mencionar a algunos.
De todos modos, aquí va mi deliberación de las mejores vestidas: Penélope Cruz, Marion Cotillard, Katherine Heigl y Hellen Mirren. La peor vestida fue Cameron Díaz, que parecía una pastel mal envuelto.
De los caballeros, el más guapo, sin duda, fue Javier Bardem, que por cierto provocó el único momento emotivo de la ceremonia al dedicarle, en español, el premio a su madre presente entre el público.
Porque en verdad que esta ha sido la transmisión más aburrida de todas las que he visto en mi vida. No sé si la huelga de los guionistas les quitó tiempo para hacer una producción a la altura que nos tienen acostumbrados.¿O será que la crisis del IVU ha trascendido hasta la Meca del Cine?
Lo cierto es que la apertura de la premiación, que suele ser impresionante, fue de pobre calidad, como lo fue el resto de la velada. Pena era lo que daba la actriz Amy Adams cantando en aquel inmenso, solitario y oscuro escenario uno de los temas nominados por la película “Enchanted”. Hasta desafinó, supongo que por los nervios.
El presentador Jon Stewart hizo lo que pudo por mantener el ritmo del programa, en el que la celebración de los 80 del Oscar se limitó a una muestra de vídeos antiguos, que aunque siempre son interesantes, no requirió de elementos creativos.
Y yo que me creía que los Premios Lo Nuestro, en su 20 aniversario, habían estado flojos... Si comparamos el presupuesto de Univision, que debe ser como una cuarta parte del de los Oscar, pues creo que la fiesta de la música latina estuvo más divertida.
Se soltó Fernando
En mi pasada columna comenté que Fernando Allende, el presidente del jurado de “Objetivo fama” parecía venir este año más mesurado en sus comentarios a los participantes. ¡Qué ilusa!
El sábado pasado Fernando estuvo “suelto como gavete”. Por poco hasta se le zafa una mala palabra, y no para criticar sino para alabar a uno de los concursantes. “¡Estuvo de p...!”, dijo emocionado. En serio.
Pero eso no fue lo peor. Su descripción de lo que es excelencia merece ser compartida con aquellos que no vieron el programa: “Excelencia es cuando se me nublan los ojos sin yo quererlo, cuando se me eriza la piel
sin yo quererlo. A eso ustedes deben aspirar”.
¡Bravo, Fernando! Definitivamente, ese fue un pensamiento para la historia.
Lo que sí resultó refrescante fue la integración de Emmanuel en el jurado, quien parecía estar disfrutando su intervención, así como el homenaje que le dieron los chicos interpretando sus éxitos. Me gustó que el cantante mexicano, al no estar comprometido con la producción, tuvo la libertad de incluso criticar a los productores del show por la “cancioncita” que le dieron a Dalila y Alfredo.
Ojalá que se repita esta idea de invitar al jurado a otros cantantes de la talla de Emmanuel, a quienes los nuevos talentos puedan respetar a la hora de compartir su opinión y estar más abiertos a acoger sus consejos.
En cuanto a la competencia de este año en “Objetivo fama”, aunque hay un buen balance, es evidente que Cristina cuenta con todas las características para salir triunfadora este año.