Jorge L. Pérez
30-Junio-2008 | Jorge L. Pérez


Otro campeón boricua

Mario Santiago se quedó corto en su intento por prodigarle a Puerto Rico otro campeonato mundial de boxeo pero, de todos modos, la Isla acaba de adicionar otro monarca: y se trata de uno que se dirige a su quinta defensa titular. Y nada menos que de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), uno de los cuatro organismos de 'a verdad'.


Hablamos, por supuesto, de Steve Molitor, apodado boxísticamente como The Canadian Kid. El muchacho de 28 años y 5'7" de estatura, nació en la ciudad de Sarnia, Ontario y reside en Mississgua, también en esa provincia canadiense.



El peleador zurdo tuvo una excelente carrera en el aficionismo, ganando cinco veces el campeonato nacional, y conquistó el título supergallo de la FIB a la sazón vacante, cuando despachó en cinco asaltos al británico Michael Hunter el 10 de noviembre de 2006 en Inglaterra.



Desde entonces ha defendido la corona ante el sudafricano Takalani Ndolovu (nocaut en nueve asaltos), el tailandés Fahsan 3K Battery y los mexicanos Ricardo Castillo y Fernando Beltrán, Jr. todos éstos por decisión.



Todas sus defensas han sido en un sitio conocido como el Casino Rama, en la ciudad de Rama, en Notario, el cual, para no perder la costumbre, se prepara para presentar también su siguiente compromiso: una defensa ante el invicto retador argentino Ceferino Labarda, señalado para el 29 de agosto.



Días atrás, en una nota difundida por una página de Internet, se informaba que el promotor de Nueva Jersey, Ricardo Salazar, había demandado a Molitor por incumplimiento de contrato, aduciendo una serie de razones que no vienen al caso. Lo que si viene al caso y de paso provocó que las cejas se me pusieran a bailar el boogie boogie es que la nota describía a Molitor, con marca de 27-0 y 10 nocauts, como "mitad canadiense francés y mitad puertorriqueño".



El resto fue fácil: llamé a Salazar, a quien conozco desde hace años en su faceta como relacionista público de la FIB. Este me confirmó la semipuertorriqueñidad del peleador -"creo que es por la parte de su madre", me dijo- y, pese al distanciamiento legal que ahora los arropaba, con suma elegancia me brindó su número de teléfono.



Steve, quien según la foto que aparece en Wikipedia jamás podría ocultar su trasfondo boricua, o por lo menos 'latino', me lo confirmó todo.



"Mi abuela es puertorriqueña y su apellido es De Jesús", dijo. "Ella se fue a los Estados Unidos y vivió en Spokane (Washington), donde nació mi mamá, que despues se fue a vivir a Canadá, donde conoció a mi papá".



Aunque habla un poco de español -"¡Hola, amigo!" fue su saludo telefónico-, y lo entiende bastante, nunca ha venido a Puerto Rico "lamentablemente", según comentó.


"Pero me imagino que debo tener familiares allá", comentó. "Tengo que preguntárselo algún día a mi abuela".



Esta, explicó, vive ahora en la Florida, con su madre.



En Ontario, admitió, está acostumbrado a un sitio donde los puertorriqueños, o incluso los "medio puertorriqueños", son una rareza.



"No hay prácticamente ninguno", dijo, "ni muchos latinos".



Pero está consciente de sus raíces boxísticas: cuando se le dijo que, hace mucho tiempo, Puerto Rico contó con un excelente campeón mundial llamado De Jesús -Esteban-, quien fue el primero en derrotar a Mano de Piedra Durán, él dijo: "Sí, yo sabía eso".



Y también recordó que los dos grandes campeones boricuas -Miguel Cotto e Iván Calderón- compitieron en los Juegos Panamericanos de 1999, celebrados en Winnipeg, Canadá, donde también peleó él.



De hecho, hasta está consciente de que, al invertir menos de un asalto en fulminar al mexicano Daniel Ponce de León, otro boricua, Juan Manuel López, acaba de convertirse en campeón de la OMB para las mismas 122 libras en las que reina él.



"No vi la pelea, pero sí los cortos", dijo. "Parece que fue rápido, ¿no?"



Antes de pensar en una unificatoria con López, sin embargo, Steve está más pendiente de otra con el panameño Celestino Caballero, el campeón de la AMB, reyerta que comienza a perfilarse para noviembre.



En ese entonces, tal vez, ya más gente estará consciente de sus raíces boricuas, algo que no le disgusta en lo más mínimo.



"Pasa la voz", me dijo al despedirse.


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