Manolo Núñez Negrón
03-Julio-2008 | Manolo Núñez Negrón

Buscapié


Verbena


De los roperos, de los baúles llenos con sus nidos de reliquias, de los almacenes habitados por el tenue rumor del polvo, se elevarán las banderas con su medio centenar de estrellas. La forma y el sitio donde ondeen son incidentales. Lo mismo da que las fatigue el viento en las astas del Capitolio que las abrase el salitre en la tarima de los festejos coloniales. La cuestión es conmemorar la gesta fundacional de “la nación esencial del Universo”, no olvidar sus hazañas antologables, reafirmar la fe en su destino mesiánico.


Debe cundir el fanatismo. El partidario tiene que añejarse en el exceso, el arrebato, la intensidad: ¿dónde estaríamos sin ella? Así son más creíbles los sentimientos de los ciudadanos de categoría segunda. Piedra filosofal de la pedagogía ideológica: interpretar las creencias es la manera más rápida de aprehenderlas. Metáfora embarazosa: sin arte escénico no hay discusión pública. Conclusión: el asunto del status no es más un dilema, es una telenovela. ¿Los hijos del ELA también lloran?


Entre nosotros, las actividades del 4 de julio pretenden ocultar la agonía de un ideal o, lo que es peor, su incertidumbre: ¿nos la darán, alguna vez? Ponderar las ventajas de la unión permanente es empresa legítima y digna. Mas lo que conocemos como proyecto asimilista es un conjunto de clisés y de ficciones, de desfogues y ambigüedades demagógicas. Los grandes enemigos de las aspiraciones de igualdad política son los propios líderes anexionistas, y los intereses que éstos representan. La biografía del movimiento estadoísta puede resumirse en su incapacidad de articular un discurso que cautive, además del bolsillo, la inteligencia.


Esta manifestación anual de filiaciones patrioteras habla sobre todo de la mediocridad, del patetismo de un americanismo superficial, a menudo torpe y chabacano, que pasa por alto los verdaderos conflictos que ahora mismo tienen lugar en la sociedad estadounidense. Vivo esperando el día en que se omita lo no esencial y se discurra con solvencia sobre asuntos de mayor envergadura. Las felaciones de Clinton, un decir.


El autor es escritor y estudiante doctoral.


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