06-Julio-2008 | Por Mayra Montero

Antes que llegue el lunes


Dictadura

    El panorama de la “Intelligentsia legislativa” tal como la describió el domingo pasado esta Revista, sugiere algo mucho más grave que el hecho concreto de tener una Legislatura que nos ha defraudado y cuyos miembros van de la avaricia a la holgazanería, con desparpajo y sin asustarse un ápice por el mal ambiente que crece a su alrededor. El asunto es que, hoy por hoy, nadie puede hacer absolutamente nada para sacarlos de allí.


Si pronunciamos esa palabra, dictadura, siempre habrá un cándido que va a decir que votamos cada cuatro años. Pero en el caso específico de la Asamblea Legislativa, hemos votado y seguiremos votando por los mismos ineptos y/o corruptos, sin ninguna alternativa a la vista.


En el Capitolio, para empezar, se ha ignorado el resultado de una consulta que debió haber dado paso a un sistema unicameral. Ese solo detalle es muestra de que los electores están desamparados, a merced del capricho y la prepotencia de esos individuos. Ellos, los legisladores, han estado probando los límites, auscultando hasta dónde pueden llegar. Y han descubierto que pueden llegar prácticamente donde quieran. No hay nada que impida que los mismos impresentables que han estado cobrando dietas, manejando vehículos de lujo y ausentándose cuando les da la gana, vuelvan a estar allí, el año próximo y por cuatro años más.


La abstención no es, como sabemos, una alternativa eficaz. Aquí hay un gran dictador que es como una cabeza de Arcimboldo, hombrecitos que van formando un cráneo, dictadorzuelos ignorantes, represivos, manipulables, inclinados al relajo y al enriquecimiento fácil. No es el clásico dictador con galones militares, que se alza en tribuna y declara el estado de sitio. No es eso. Pero el efecto en la psiquis de la gente y en la calidad de vida es más o menos el mismo. Y como todo el mundo está indignado y además nadie los puede ver, la pregunta es la siguiente: ¿Se puede evitar que esa gente vuelva a salir electa? ¿Es posible parar otros cuatro años de vergüenza, en los que van a descongelar sus aumentos y buscarse nuevos privilegios? ¿Haciendo qué o votando cómo?


Teóricamente, cualquiera puede ir a las primarias y presentar su candidatura. Pero, ¿cuál ha sido la experiencia de aquellos que, con buenas intenciones e independencia de criterio, han tratado de hacerse con un lugarcito en la Legislatura? Los aplastan, los pulverizan, los dejan sin resuello, porque el principal problema está en la estructura monolítica de los partidos. Pueden pelear los candidatos entre sí, pero hay elementos intocables de uso y costumbre en la manera en que se distribuye el poder. No se le va a dar poder a un líder comunitario honesto, como suponen los ingenuos. Y el problema es que, las pocas veces que una persona más o menos sensata ha llegado a la Legislatura, al poco tiempo se transforma y cede. No lo vemos renunciar a nada, señalar a los bandidos, convertirse en un ser implacable y molestoso que los desenmascara. A lo sumo, entran en el jueguito de la garata inconsecuente, pronuncian aburridísimos discursos y luego van a tomar café con Cristóbal Colón. Digo ése, porque es el más conspicuo, puede ser otro.


 Es como si al entrar al Capitolio, les dieran a beber una poción que los iguala y los incapacita. La actitud contestataria desaparece. Desaparecen la garra, las ganas de trascender de otra manera que no sea aprovechándose de los privilegios que ellos mismos se han procurado.


Entonces yo me pregunto qué futuro pueden tener todas esas propuestas que se están haciendo en estos meses, desde diferentes frentes -por ejemplo, la más reciente de MIDA- con el propósito de darle forma a un nuevo proyecto de país. Porque para mejorarlo habría que ir a la semilla. Y en la semilla está el tranque. Todos los cambios propuestos, de un modo u otro, tienen que pasar por las manos de los legisladores. Y ya se sabe de la pata que cojean esas manitas. Lo primero que hay que estudiar, la primera propuesta de todas las propuestas, es de qué manera se va a restructurar ese cuerpo que es como una losa sobre las aspiraciones de la gente. Eso sería lo novedoso y lo valiente.


Pero los proponentes evitan meterse en aguas profundas. Así que ya pueden hacernos cuentos de colores sobre la economía, la salud, la educación y todo lo que se les ocurra, que en tanto no nos digan cómo empezar a lidiar con nuestro verdadero enemigo, que es la impotencia, la falta de mecanismos para derribar obstáculos -es decir, desmantelar en peso la Legislatura y crear otra distinta-; en tanto no nos enseñen como salir de la zahorra, todo queda en el aire. 


Entre tanta prioridad, yo diría que la madre de las prioridades es poner tres carabelas en el puerto y embarcarlos a todos. A Colón que nos escriba cuando vea tierra.


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