Trabajan fuerte, claro que sí. Pero eso no les da derecho a transitar como trucutúes por las autopistas, de manera negligente y agresiva, martirizando a los conductores a su alrededor y saltándose todas las normas de seguridad.
El problema con lo camioneros no es que haya habido un accidente el martes y otro accidente el miércoles. En verdad podríamos aceptar que un fallo en un vehículo lo puede tener cualquiera. Aquí el problema con los camioneros es que son un gremio problemático y machista, que se niega a cumplir con las más elementales reglas de seguridad, y que no se les puede llamar la atención ni exigirles que cumplan, porque enseguida amenazan con paralizar el país.
Esto no es una exageración, ni es nada personal contra esos trabajadores, algunos de los cuales -un porcentaje mínimo- se esfuerzan por mantener sus vehículos en buenas condiciones y manejar de una manera digna. Tampoco nadie dice que no se sacrifiquen y trabajen duro. Trabajan fuerte, claro que sí. Pero eso no les da derecho a transitar como trucutúes por las autopistas, de manera negligente y agresiva, martirizando a los conductores a su alrededor y saltándose todas las normas de seguridad.
Es que es tan evidente y tan cotidiano, y estamos todos tan hartos de los camioneros, que habría que ver quién les exige lo que les deben de exigir.
Van por el carril de la izquierda cuando les da la gana, a 70 ú 80 millas; algunos transitan sin las luces reglamentarias y un buen número de ellos suben y bajan lomas sobrecargados, destrozando el pavimento. A veces les pasamos por el lado y nos preguntamos cómo es posible que puedan mover tanto peso sobre unas gomas tan gastadas, que en ningún país del mundo pasarían ni la más elemental revisión. Que yo sepa, obvian el paso por gálibos y estaciones de pesaje, y en general circulan por la libre, sin que nadie los mande a parar.
Ellos dirán que no es así. Dirán que la policía sí los para y los agobia. Pero ¿a quién les van a hacer el cuento?
A los que los sufrimos día tras día en el expreso? Porque da miedo llevarlos detrás, incapaces como son de guardar las distancias. Y como la que vaya delante (o al lado) sea una mujer, prácticamente se le echan encima, en el jueguito de asustar, de intimidar y, no sé, tal vez de demostrar lo macho que hay que ser para llevar de un lado para otro un trailer de 60,000 libras. ¿Estoy exagerando? A ver, que cuenten las mujeres, sobre todo las más jóvenes, las que se zapatean las carreteras para ganarse el pan, cuántos malos ratos han pasado con los camioneros.
No nacimos ayer, ni estamos para disfrazar las cosas y quedar bien diciendo que son unos pocos y que no se puede generalizar. En este caso, sí se puede y se debe generalizar; las excepciones son poquísimas y lo milagroso es que no hayan ocurrido muchos más accidentes como los que estamos lamentando esta semana. Pero trastornos causan todos los días: que se vuelcan, que chocan contra un puente, que sueltan la carga y ocasionan tapones gigantescos y un gasto increíble. Sería bueno averiguar lo que cuestan anualmente, en tiempo y recursos, las infracciones de los camioneros.
No sé ni siquiera si cumplen con las normas de identificar correctamente sus vehículos. He visto camioneros hacer maniobras que han puesto en peligro la vida de mucha gente, y cuando he tratado de coger un dato (que no sea la tablilla, que a veces es difícil) para reportarlos en algún lugar, en alguna empresa, me he topado con que el camión es como un buque fantasma, sin ningún tipo de letrero, ni un nombre, una licencia, algo de lo que pueda uno agarrarse para saber quién fue el chofer.
Aparte de los camioneros de las cooperativas y los independientes, están también aquellos adscritos a las grandes empresas, muchos de los cuales guían con frustración y desespero. Estoy cansada de ver al camión de una famosa mueblería bajar por esa carretera 15 de Cayey, a una velocidad y con unas ínfulas, que no me explico cómo no ha habido una tragedia.
El Estado tiene que cumplir con su responsabilidad de proteger a los demás conductores y a la comunidad. Los camioneros protestan en todas partes del mundo; en ocasiones paralizan ciudades y bloquean fronteras o carreteras. Cuando se extralimitan y se ponen violentos, y van al extremo de impedir que la gente llegue a sus trabajos, intervienen las fuerzas del orden y los desalojan. Lo hemos visto hace poco en Europa.
Es su derecho protestar, sin duda, pero no es su derecho hacerse con el control de ningún país, o transitar con esa prepotencia, el sálganse o los quito yo. Aquí presumen de hacer lo que les da la gana. Violentan las leyes y siguen como siguen, impunes y reidores, carne para Thelma y Louise.