Los avisos de alerta que está emitiendo la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados ante la merma en los embalses de La Plata y Carraízo demandan la más seria atención de todos los abonados de esa corporación pública, pero de la agencia también.
Aún cuando el director ejecutivo de la AAA, José Ortiz Vázquez, ha reiterado que no se está ante una crisis inminente -y nosotros así lo entendemos-, la baja en los niveles de agua en estas dos importantes represas, al igual que en la de Cidra, obliga a un ejercicio de previsión por parte de los abonados, para evitar que un uso irresponsable del líquido sea el verdadero detonante de una crisis.
El lunes de esta semana el embalse de La Plata, con un nivel óptimo de caudal del líquido de 51.0 metros, registró 43.05 metros, una insuficiencia de 7.95 metros, mientras el de Carraízo, con un nivel óptimo de 40.08 metros, registró 37.71 metros, es decir, 2.37 metros menos que el caudal recomendable. La represa de Cidra se hallaba en los 17.86 metros, con un nivel de alerta de 15 metros.
Según el director ejecutivo de Acueductos y Alcantarillados, cada lago está bajando a razón de diez centímetros diarios debido a varios factores: la falta de lluvia donde se necesita; las altas temperaturas, y el hecho de que julio y agosto son históricamente los meses de mayor consumo de agua.
Ciertamente, las mermas en los niveles de agua en los embalses fundamentalmente no son hechura de los seres humanos, sino producto de la impredecible naturaleza. Por ejemplo, las lluvias que se han registrado en los pasados días, por extensas que puedan haber sido, no han caído en las cuencas hidrográficas cuyas escorrentías alimentan los embalses. Para que Carraízo alcance su nivel óptimo es necesario que llueva en San Lorenzo, Juncos y Gurabo; y para que ocurra lo mismo con La Plata, se precisa de lluvia abundante sobre Aibonito, Barranquitas, Naranjito y Comerío, lo que tampoco ha ocurrido.
El Servicio Nacional de Meteorología pronostica un 50% de lluvia para hoy, y los mejores deseos de todos tienen que ser que llueva sobre los pueblos que permitan que las escorrentías desemboquen en las represas. Sólo así podría producirse el efecto de elevar los embalses a sus niveles óptimos. Lo esperan, entre otros, los 110,242 clientes de la AAA -equivalentes a 440,968 personas- que se sirven de La Plata en los municipios de Bayamón, Cataño, Guaynabo, Toa Baja y Toa Alta.
Ahora bien, frente a la incontrolable naturaleza, la AAA puede hacer la parte que le corresponde, iniciando cuanto antes, y de manera creativa, una campaña de orientación instando al ahorro del agua, a la misma vez que los abonados deben encarar el problema con profunda responsabilidad limitando el consumo del preciado líquido a lo estrictamente necesario, sin que ello necesariamente conlleve sacrificio importante en su vida diaria.
A unos y otros -a los abonados y a la corporación pública- les debe obligar la conciencia y la responsabilidad para hacer lo que hay que hacer de manera que no vuelva el País a padecer aquellos días angustiosos de racionamiento o ausencia de agua en la década de los años de 1990.
El sentido de urgencia no sólo debe adoptarse para resolver una crisis, sino también para evitar que se llegue a ella.