El aumento en el costo de la gasolina está sacando al ciudadano fuera del automóvil y montándolo en transporte colectivo (TC), o sencillamente dejándolo en su casa. En la región de Denver, se informa que los usuarios aumentaron en un 8% durante los primeros cuatro meses del 2008; en la de San Francisco, se eliminaron asientos del metro para dar espacio al incremento de pasajeros. Informes Federales indican que los viajes en las carreteras de Estados Unidos disminuyeron en un 2.1%, mientras que los viajes en transportación colectiva aumentaron en 85 millones de viajes más de los que se dieron en el periodo correspondiente del 2007. En Puerto Rico, los usuarios del TU aumentaron de 27,000 a 38,000 usuarios diarios.
Ciertamente, el aumento del costo del combustible golpea malamente el bolsillo de la gente, la viabilidad de la empresa y la actividad económica. Sin embargo, la tendencia en los patrones del viaje y sus causas pueden tener efectos positivos enormes al mediano y largo plazo, beneficiosos para el ciudadano y la sociedad en general. Los beneficios trascienden la más evidente y extraordinaria posibilidad de introducir a costos competitivos fuentes alternas de energía renovable. Suficiente sería, pero reconozcamos algunos otros:
El aumento del costo del transporte de carga funciona como una barrera proteccionista que abre oportunidades para la producción local, la sustitución de las importaciones, el crecimiento de la economía interna y la reducción de la huella ambiental del transporte. La población tiende a buscar residencia más cerca de los centros urbanos, donde se ubican los servicios y los trabajos, se reducen en consecuencia las presiones al desparrame, la frecuencia y distancia promedio de los viajes, la congestión vehicular y las emisiones asociadas de bióxido de carbono y de otros contaminantes. La reducción de los viajes reducirá de igual manera los accidentes automovilísticos y los daños a pasajeros y peatones, asociados como están al tránsito automovilístico. Al respecto, el TIME cita informes que estiman que en los próximos 12 meses se evitará la muerte de sobre 4,000 personas por la reducción de accidentes de tránsito y de las emisiones, relacionados a la reducción de los viajes. Caminar nos ejercitará.
Montar la gente en el TC y sus efectos significan además, grandes economías, monetarias (reducción del gasto privado en la operación del vehículo privado, -estimado para PR en $11,200 millones anuales aproximados-, y humanas -estimado en otros $11,500 millones (G. Navas & H. Crespo, El Costo de la Operación de la Flota Vehicular de P.R., DTOP, 2002,). En este sentido, medidas públicas dirigidas a mover la gente del auto al TC, deben evaluarse no solo por sus efectos en el bolsillo de los ciudadanos -ciertamente importante- sino también por sus enormes beneficios sociales.
La eficiencia de transporte colectivo ocurre principalmente por la reducción del costo de transportación por pasajero en transporte colectivo (en guagua/tren (ocupado por 40 ó 400 personas p ej.) comparado con el automóvil (ocupado por una o dos personas) por igual distancia. Como están las cosas, lo que restringe desde la óptica financiera la expansión del TC es la fuente de pago por el servicio, pues mientras usualmente, el 96% del costo del transporte privado lo paga el propietario, (4% el estado), en el transporte público, el 85% lo paga el estado y solo 15% el usuario. Un cálculo aritmético evidenciaría que sacar por ejemplo, un 50% de los automovilistas y montarlos en la AMA, economizaría a sus bolsillos $8,800 millones; a la sociedad, el equivalente a $5,700 millones en costos sociales, pero al estado, le costaría $1.500 millones anuales, es decir, $1,000 millones más de lo que al presente aporta al transporte privado de ese segmento.
Esta estructura de pagos plantea enormes retos para lograr lo que en términos económicos y sociales es evidentemente más beneficioso. En el financiamiento del TC la sociedad, en conjunto debe aportar en proporción al beneficio social que reciba y de acuerdo a la capacidad relativa de sus miembros. Habrá otros beneficiarios particulares que deberán aportar de acuerdo con dichos beneficios: los propios usuarios, los propietarios de terrenos cerca de las estaciones; la Asociación de Suscripción Conjunta del Seguro Obligatorio que reduce sus riesgos. Los enormes beneficios ameritan el esfuerzo.