Yara Liceaga
08-Agosto-2008 | Yara Liceaga

Buscapié


Multa


La reportera, más que incisiva, estaba agresiva. Quiero decir, que estaba violenta. “Multas” -requería, más que preguntaba- “ustedes no dan multas” y al decirlo su cuerpo adoptaba la forma y gesticulación de quien ha de comenzar una garata. Los guardias habrían sudado de no ser porque el aire acondicionado de la estación les atontaba las gotitas. Pero estaban a punto de.


La reportera los veía ahogarse en las propias palabras de su propuesta: que se sacaría un día, que exhortarían a la población a limpiar las playas, que eso ha funcionado en el pasado y así. Pero ella seguía insistiendo en que lo que solucionaría el problema era multar a quienes ensucian, que como se había demostrado con los cinturones de seguridad, que a la que empezaron a multar a los irresponsables, la población dijo: jai, aquí sí que no me cogen; eso aseguraba, de cierta manera, el éxito de la empresa: observar las playas explotadas de esplendor.


En la lógica de la reportera no había espacio para educar consistente y organizadamente a la población. No, castigar y punto. ¿No es a azote limpio que se aprende?


La reportera, o los guardias, dudosamente conocerán alguna vez a Iván Jesús. Al igual, el resto de la población. De no ser por lo que está leyendo ahora, usted jamás se enteraría de que casi toda la vida Iván Jesús vivió frente a la playa. Que fue criado con la filosofía de la cooperación y que se permite contemplar sus alrededores. Que en su vocabulario espiritual existen una amplia gama de verdes y azules y atardeceres y rocas diminutas con las que fabricar figuras de paz. La vida adoptaría las formas del infierno, de no ser por aquella vista.


Nadie se lo pidió jamás pero, prácticamente a diario, después de recorrerla “joggeando”, Iván Jesús, hombre solo, en bolsas que él mismo compra, va basura por basura recogiendo desperdicios de quienes disfrutan esos alrededores. Trabaja como asesor tecnológico. Ahora, estemos claros: la magia de pertenecer a una hermosa extensión de su país y mantenerlo se lo paga quién: su solo esfuerzo.


La autora es escritora.


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