Editorial de El Nuevo Día
02-Septiembre-2008 | Editorial de El Nuevo Día


Ponderación a la seguridad aérea

En la investigación que realizan las autoridades federales sobre el incidente en que dos aviones estuvieron a punto de colisionar en el aire, los reclamos de los controladores aéreos merecen seria ponderación.


El pasado jueves trascendió un espeluznante incidente en que un jumbo jet de la aerolínea rusa Transaero y uno de la estadounidense Delta estuvieron a 60 segundos de chocar en el aire, en momentos en que sus rutas se cruzaban al norte de Puerto Rico.


Afortunadamente no hubo fatalidades gracias a la rápida reacción del piloto del avión ruso, un Boeing 747-400 que viajaba de Punta Cana (República Dominicana) a Moscú, que lanzó la aeronave en un descenso de 60 a 90 metros para eludir el Boeing 737-800 de Delta.


El vuelo de Delta 485, con 152 pasajeros a bordo, se dirigía desde el aeropuerto internacional John F. Kennedy en Nueva York al aeropuerto de Puerto España, capital de Trinidad y Tobago. Las autoridades rusas aún no han dado a conocer el número de pasajeros que llevaba el vuelo UN554, pero un Boeing 747 puede llevar más de 400 pasajeros en promedio.


De inmediato, el sindicato de controladores aéreos en el centro de control de San Juan, a través de su presidente Miguel Pérez, atribuyó el incidente a la falta de entrenamiento sobre cambios implantados en las rutas al norte de Puerto Rico.


Asimismo, denunció que hay problemas de recepción en el espacio aéreo donde ocurrió el percance y que la Administración Federal de Aviación (FAA) no tiene el equipo necesario para identificar eventos de peligro como el incidente en el que los dos aviones estuvieron a punto de colisionar.


Según los controladores, si la FAA hubiera instalado una computadora con un programa especializado que identifica conflictos y ofrece rutas de vuelo en el espacio aéreo que no cubren los radares, la cual ellos llevan solicitando hace dos años, la torre de control en Isla Verde hubiera detectado el peligro que enfrentaban los dos aviones.


Como ha trascendido en informes preliminares, los pilotos advirtieron el riesgo porque las alarmas de conflicto de sus aviones les alertaron de la proximidad en que se encontraban las naves a 33,000 pies de altura.


Es muy pronto para que la Junta Federal para la Seguridad en el Transporte, a cargo de la investigación del incidente, tenga resultados sobre las posibles causas de la casi colisión y recomendaciones de cómo evitar futuros incidentes de esta naturaleza.


Empero, urgimos a las autoridades federales a que incluyan en el radio de la investigación, los factores que mencionan los controladores, especialmente cuando éstos reclaman que hace dos meses hubo otro percance similar.


Oportuno es por demás analizar si además de la necesidad de equipo, la seguridad en el tráfico aéreo en la Isla y en el espacio adyacente a la misma se puede reforzar reclutando controladores aéreos adicionales para manejar con seguridad el alto volumen de esas áreas durante los períodos más complejos del día.


Tradicionalmente la FAA ha reconocido las incómodas circunstancias en que trabajan los controladores aéreos en Puerto Rico, pero consistentemente descarta que la situación represente un problema de seguridad para los pasajeros y asegura que opera un sistema destacado por su nivel de seguridad a nivel mundial.


Es posible que así sea. Sin embargo, este asunto es demasiado serio como para tratarlo como “un por poco, sin consecuencias serias”. La FAA tiene que fijar responsabilidades por este incidente y hacer todas las correcciones necesarias a la brevedad posible.


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