Carmen Vega
Jueves, 3 de Julio de 2008

El juego espontáneo

Me parece interesante compartir con ustedes en esta ocasión, el relato de la experiencia vivida en una visita al Hospital Pediátrico por parte del equipo de trabajo del Museo del Niño de Puerto Rico.

-El lunes 30  de junio un grupo de voluntarios del Museo del Niño de Puerto Rico nos movimos, como ya es costumbre por los pasados tres meses, hasta la división de oncología del Hospital Pediátrico en el Centro Médico.  Miembros del “staff” junto a jóvenes voluntarios de nuestro programa de facilitadores nos trasladamos a ofrecerles a los niños y niñas pacientes de cáncer y a sus padres la oportunidad de tener un rato de esparcimiento y entretenimiento durante la dura convalecencia de estos.

Cada visita nos ofrece una memoria especial, pero esta pasada fue mágica. Llegamos como de costumbre hasta los fríos pasillos del hospital con el acuerdo de sobreponernos a la sensación de tristeza que pueda provocarnos la condición médica de estos especiales pacientes. Igualmente, sosteniendo nuestro manifiesto de jugar, confeccionar manualidades, ofrecer un rato de alegría, diversión, caricias y afecto, siempre con la esperanza que la salud de cada uno de ellos mejore y su estado de ánimo se fortalezca.

En muchas ocasiones la energía de los niños y niñas esta muy disminuida debido a los medicamentos y/o quimioterapias, por otra parte sus padres y madres entran en una profunda tristeza debido a la incertidumbre sobre la salud de sus hijos.

En coordinación con las sicólogas del Hospital nos acoplamos con nuestras actividades, al programa de Terapia del Arte que promueven allí para beneficio tanto de los niños y niñas como de sus familiares.  Hasta allí llegamos con la manualidad del día que era la confección de unos abanicos de papel que había que pintar a mano utilizando espuma de afeitar y colores. (Debo señalar que para participar de estas actividades siempre vamos preparados con un plan B y grandes dosis de espontaneidad e improvisación, ya que debemos de manera positiva echar mano de los elementos y/o estímulos que nos ofrezca la ocasión).

La manualidad planificada encontró resistencia entre los niños y niñas que sentían cierto temor a jugar con la espuma por temor a ensuciarse, esto último es poco común ya que por lo regular los niños y niñas disfrutan de este tipo de actividad libre y alocada, por llamarla de alguna manera. Sacamos un frasco con plasticina y ojitos, así comenzamos a confeccionar figuras imaginarias y los niños y niñas poco a poco se fueron integrando al juego.

Simultáneamente, uno de los compañeros agarró una de las bolsas plásticas en la que habíamos llevado algunos de los materiales de trabajo y espontáneamente propuso a las madres que allí se encontraban realizar saltos en paracaídas.

Comenzamos un juego en el que con un par de sillas construimos un avión, pista de aterrizaje y torre de control, las mamás de los niños y niñas comenzaron al principio, tímidamente a abordar nuestro avión y a saltar desde la silla con paracaídas imaginario en mano.

Una de ellas exclamó a viva voz y prolongando nuestra propuesta de juego, “he superado todos mis miedos”, otra salió del salón para minutos después regresar con una amiga y proponerle que hiciera el salto. Le comentamos que una buena amiga no la dejaría saltar sola, que debían realizar el salto en grupo, a lo que accedió afirmativamente. Una vez más despegó nuestro avión y voló más alto que la vez anterior, ambas saltaron y bajo sus paracaídas, volaban una lluvia de carcajadas y risas de complicidad. Al llegar al suelo (la pavera) el ataque de risa que les ocasionó contagió a todos en el salón. Otros niños y adultos continuaban llegando y  el clima del salón se iba llenando de risas, parloteo, e intercambio de frases ocurrentes y positivas.  Alguien con espíritu juguetón propuso que si podíamos lanzarnos desde un paracaídas quizá también podíamos hacer aparecer una montaña rusa en el salón que agrupaba cerca de una veintena de personas. Paulatinamente todos comenzaron a realizar los abanicos y a colorearlos, cada cual a su gusto y con su estilo, el salón empezó a llenarse de color.

Seguido a esto encontramos unos voluntarios para subirse a la montaña rusa, una vez en sus asientos decidimos que debíamos asignarle un tema y la espuma de afeitar nos entregó el mismo, NAVIDAD EN VERANDO pero, con nieve incluida. Así que con la ayuda y complicidad de algunos padres decidimos que el efecto de la montaña rusa sería una fuerte nevada (guiño el ojo). Subimos, nos sacudimos a derecha y luego izquierda, fuimos en reversa y volvimos a subir para luego bajar y quedar cubiertos de espuma de afeitar, por parte de una de las madres del grupo y uno de los compañeros del Museo del Niño de Puerto Rico. Fue un momento en el que todos se rieron con fuerza y disfrutaron de esta ocasión de juego espontáneo.

Luego uno de los pacientes, cerca de los trece años de edad expresó que lo de él era el baloncesto, así que nos dimos a la tarea de hacer aparecer una cancha, canasto y balón. El juego comenzó y hubo pases de fantasía, donqueos, tapones, lo que nunca se cometió fueron faltas personales y nadie fue expulsado del juego, al contrario reinó la paz y el compañerismo.

Una vez concluidos los abanicos realizamos una competencia de bailes con los mismos, donde desde las doctoras hasta los jóvenes voluntarios del Museo del Niño de Puerto Rico danzaron al ritmo de la música y se rieron libremente de su torpeza y falta de gracia (es broma bailaron hermosamente bien). Pero, aquí lo importante era otra cosa, pintar sonrisas, una detrás de la otra, con urgencia, como antídoto, como alimento, como medicina.

Dando de nuestro tiempo recibimos la alegría de haber hecho nuevos amigos y la satisfacción de haber regalado un recuerdo que perdurará en sus corazones.

Ya estamos planeando nuestra próxima aventura y les aseguramos que será una más divertida aún. Si quieres unirte a nuestro equipo de voluntarios déjanos un comentario o escríbenos a info@museodelninopr.org
         

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Lunes, 16 de Junio de 2008

Sobre cómo los niños se benefician con el juego

Lo que pudiera parecer un mero juego entre su niño/niña y usted, representa una significativa cantidad de trabajo que él o ella están realizando.

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Jueves, 22 de Mayo de 2008

Llegó el verano

El verano es una época excelente para continuar reforzando el amor por el aprendizaje entre nuestros niños y niñas.

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Lunes, 12 de Mayo de 2008

No hay que ser niño para jugar

Muchas veces he escuchado la frase que dice, quisiera ser niño para ser feliz, e incluso cayendo en la trampa hasta lo he pensado.

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sobre el autor

Carmen Vega Directora Ejecutiva y Fundadora del Museo del Niño de Puerto Rico y miembro activo de la Junta de Directores del Association of Childrens Museums en W...

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