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6 de abril de 2008
Puerto Rico Hoy
 

La invasión boricua en la NASA

En la agencia aeroespacial, actualmente trabajan 181 puertorriqueños, en su mayoría en cargos de alto rango.

 
este es el grupo de puertorriqueños que forma parte del equipo de trabajo del Centro de Investigación en el Goddard Space Flight Center, en Maryland, Chris Gunn / Especial

Por Daniel Rivera Vargas / drivera2@elnuevodia.com

La última frontera, el espacio sideral, es conquistada en parte por la labor de un destacado grupo de cerca de 200 puertorriqueños, principalmente ingenieros educados en la Isla, que laboran en la Administración de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA).

Cifras suministradas por la entidad aeroespacial indican que 181 puertorriqueños trabajan directamente en esa agencia de naturaleza científica, equivalente a 1% de las 18,509 personas que laboran ahí. Dicha cifra no incluye programas especiales y contratistas independientes.

Se estima que cerca de 75% de esos 181 boricuas son ingenieros, principalmente egresados de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. También hay otros, como el maestro Joseph Acabá, con raíces en Hatillo y quien en diciembre será en el primer puertorriqueño astronauta en viajar al espacio.

Media docena de estos puertorriqueños son oficiales ejecutivos de categoría senior, el puesto más alto que concede el gobierno federal, y dirigen importantes centros de investigación de NASA.

El puertorriqueño Miguel Fernández, director interino de la división de evaluación dentro de la oficina de diversidad e igualdad de oportunidad de NASA, identificó a los boricuas más destacados en esta agencia federal: Orlando Figueroa, ex director del programa de robots que exploraron Marte; Pedro Rodríguez, jefe del laboratorio en el centro espacial Marshall e hijo del cantante “Pellín” Rodríguez; Miguel Rodríguez, quien dirige un grupo de 25 personas que trabaja en el diseño de la nueva nave espacial; y Monserrate Román, jefa de microbiología de laestación experimental internacional.

Además, destacan figuras como Olga González Sanabria, única hispana en NASA en labores de ingeniería con puesto de oficial ejecutivo senior; y Gilberto Colón, quien dirige el programa de ciencias terrestres del centro de vuelo Goddard, explicó el norteamericano Daniel Kriegger, administrador de programas en la agencia y quien se ha compenetrado tanto con la comunidad boricua que hasta le atribuyen ser de Caguas.

fuga de cerebros

La gran presencia de puertorriqueños altamente preparados en NASA es parte de un fenómeno social conocido como fuga de cerebros. Esta fuga es uno de los aspectos de la migración puertorriqueña, explicó el antropólogo y ex director del Departamento de Ciencias Sociales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, Jorge Duany.

Duany afirma que esta hecho ocurre hace par de décadas y se aprecia también en otras profesiones, como los médicos, investigadores y profesores.

El país no le ofrece a estos profesionales lo que esperan de su trabajo, ya sea salarios o aspiraciones profesionales, como las oportunidades de investigación que sí proporciona la NASA, agregó.

Según información suministrada por la UPR en Mayagüez, más de 200 maestros participan de un programa de verano de la agencia desde el 2001, además hay iniciativas similares para directores y con unos 50 estudiantes de pedagogía.

“Trabajar para la NASA es bastante increíble”, relató a El Nuevo Día Gilberto Colón Ortiz, de 53 años y natural de Santurce, quien es el director asociado del programa de ciencias terrestres del centro de vuelo espacial Goddard, en Maryland.

“Llevamos 29 años allí. La experiencia ha sido bien buena por muchas razones, el trabajo como tal, y además hemos desarrollado la comunidad hispana, mayormente egresados del Colegio (como se le conoce a la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez)”.

Colón Ortiz, uno de esos pocos ejecutivos senior puertorriqueños, está casado con Rosa E. Acevedo Rodríguez, de 52 años y natural de Carolina, y también empleada de la NASA.

“Cada vez que sale un astronauta en un ‘shuttle’, como el resto del mundo, para nosotros es... wow”, afirma Rosa E. Acevedo Rodríguez.

Esos primeros años juntos en Estados Unidos fueron difíciles. La cultura era distinta, los estadounidenses no estaban acostumbrados al inglés con acento de los boricuas y las costumbres.

Recordaron que les chocaba que Rosa no adoptara el apellido de su marido, como se acostumbra allá.

Parrandas y discrimen

Hoy día, en Goddard, la comunidad hispana ha crecido, pero la realidad es que los puertorriqueños son la mayoría en el Goddard Hispanic Club. Hasta hace unos años se reunían anualmente todos los boricuas, en una actividad a la que viajaban puertorriqueños de diversas partes de Estados Unidos, y las costumbres como las parrandas persisten por iniciativa de los jóvenes. “Los viejos nos hemos rajado en eso”, dijo Acevedo, quien destacó que la NASA en los pasados cinco años ha comenzado a reclutar personal administrativo en Puerto Rico.

“El discrimen existe, no te voy a decir que no, hay que trabajar más. Hay lo que llaman el ‘whiteman club’, pero la mayoría de los muchachos que vienen para acá, como Alfonso (Eaton junto a Michael Johnson, los primeros boricuas en llegar) trabajaron duro, y hemos demostrado que damos el grado”, dijo Colón Ortiz.

De otra parte, los robots Opportunity y Spirit que caminaron por Marte desde 2004 y aún envían información científica a la Tierra fueron supervisados por Orlando Figueroa, un santurcino que dirige el Departamento de Ingeniería de Goddard, con 1,300 personas a su cargo, de las que 1,100 son ingenieros.

“Saber que estás como ingeniero, como persona, contribuyendo a unas causas de tanto impacto a nivel local, nacional e internacional, para mí es algo increíble”, comenta Figueroa.

“Estar trabajando con gente de tanto talento, experiencias que se escriben en los libros y saber que fui parte de esas cosas es de sumo orgullo”, expresó el veterano ingeniero.

Olga González Sanabria, natural de Patillas y quien actualmente supervisa a cerca de 400 ingenieros en el centro de NASA en Ohio, dijo sentirse orgullosa de su posición.

Y a pesar de que existen ciertos niveles de discrimen, ella ha ayudado a abrir campo para otros hispanos.

“El trabajo (que más me enorgullece) es que hicimos las baterías de la estación experimental y, en asuntos no técnicos, ser la única hispana en un puesto ejecutivo en mis funciones (trabajo de ingeniería)”, destacó.

Miguel Angel Rodríguez, de 55 años, relató que tuvo la bendición de ser uno de los cerca de 200 puertorriqueños que en 1975 la NASA y otras entidades reclutaron de “El Colegio” para que trabajaran en Estados Unidos.

Desde entonces ha trabajado en diversas funciones en NASA, incluyendo el desarrollo del transbordador. Ahora lidera el grupo que evalúa asuntos operacionales de Constellation, la nueva nave espacial.

¿Hay oportunidades de mayor crecimiento para los puertorriqueños en NASA?, se le preguntó.

“Sí, por la educación y el gran sentido ético al trabajo. Lo otro que aportamos los puertorriqueños es el entusiasmo, esa dedicación, ese carisma”, indicó.

¿Pero llegará un puertorriqueño al mayor puesto en NASA ?

“¡Claro!”, aseguró.

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