Dar gracias a Dios es un acto revolucionario.
Para los atletas es sueño haber llegado a estos Juegos Olímpicos en esta ciudad.
Elevar una oración de agradecimiento a Dios es algo que no se puede planificar ni limitar a un día en el calendario, como la sociedad de consumo lo promueve un jueves en noviembre.
El verdadero amor a Dios consiste en que lo amemos y le demos gracias no sólo por lo que nos da, sino por quien es él y por el amor que nos tuvo él primero.