Pablo A. Jiménez
Sábado, 2 de Agosto de 2008

La infancia perdida

El consejo pastoral es una de las constantes de la vida ministerial. En mi caso, yo no tengo estudios formales de teología, aunque si he tomado varios cursos sobre el consejo y la orientación pastoral. Sin embargo, constantemente la gente acude a mi oficina buscando una palabra de consejo, orientación o consuelo.

Los problemas que aquejan al pueblo son variados. Algunas personas están deprimidas, otras sienten que sus matrimonios se desmoronan y aun otras se están divorciando. Alguna personas conviven con una pareja que no desea casarse, otras tienen problemas con sus hijos y aun otras luchan contra la adicción a las drogas, el alcohol o el sexo.

Sí, los problemas son muchos, pero las causas son pocas. La experiencia me ha enseñado que la inmensa mayoría de los problemas tienen sus orígenes en las experiencias familiares. La familia es el denominador común.

La inmensa mayoría de los problemas que afectan a la población adulta tienen raíces en la niñez. El hogar es la escuela más influyente y los padres, las madres y demás personas encargadas son los maestros y las maestras más contundentes. Los niños y las niñas aprenden a imitar la conducta de sus padres y de sus madres, sea positiva o negativa. Aunque ellos no lo deseen y aunque usted no lo desee, sus hijos e hijas imitarán su ejemplo.

En los pasados meses he aconsejado a docenas de personas que enfrentan situaciones problemáticas y hasta críticas, y el patrón es invariable. Por lo regular, la mujer casada con un hombre violento tuvo un padre violento; la que convive con un adicto a drogas tuvo un padrastro alcohólico; el adicto al sexo tuvo una madre promiscua; y el ofensor sexual fue abusado sexualmente en su niñez.

Claro está, hay algunas excepciones, pero tienden a ser pocas. La regla general es sencilla: la persona que tiene una niñez horrible sufre las consecuencias durante toda su vida.

Por lo tanto, si deseamos un Puerto Rico mejor tenemos que procurar el bienestar de nuestra niñez. Para alcanzar esta meta, debemos unirnos para desarrollar programas donde las escuelas, las iglesias y las organizaciones comunitarias trabajen en armonía.

Nuestra niñez necesita que depongamos nuestros intereses mezquinos y que echemos a un lado los protagonismos. Las escuelas necesitan pedir ayuda, las iglesias necesitan trabajar sin hacer proselitismo y las organizaciones comunitarias necesitan aprender a coordinar todos estos esfuerzos. Tenemos que unirnos para trabajar en pro de la niñez; el futuro de Puerto Rico está en la balanza.

¿Cuál es su opinión sobre este tema? Le invito a comentar este blog y a hacer un frente amplio para hablar sobre valores.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado y el director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.

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