Quizá nunca unas palabras han sido tan recordadas por la senadora Hillary Clinton como las que dijo el pasado jueves en Louisville, Kentucky, en un discurso de campaña, con miras a las primarias de ese estado el 20 de este mes.
El sábado por la tarde, esas declaraciones deben haber regresado a ella con un escalofrío, cuando supo que el célebre Derby hípico de esa ciudad acaba de concluir, no tanto por el triunfo de Big Brown, sino por la muerte de la potranca Eight Belles, la favorita para ganar y quien tuvo que ser sacrificada en la pista misma, luego de partirse las dos patas delanteras.
“Me siento bien. Estamos progresando todos los días”, dijo Clinton el jueves a una vasta legión de partidarios. “Desearía poder estar aquí para el Derby (el sábado) ... Espero que todo el mundo apueste a la potranca”, en obvia referencia no sólo a Eight Belles, sino también a ella misma.
En el prólogo de las primarias de mañana en Indiana y Carolina del Norte, esta extraña -y no menos cruel- broma del destino podría tener un carácter premonitorio para la madre de Chelsea, si se considera lo apretado de la contienda que mantiene con Barack Obama y lo impredecible que puede ser la votación en Indiana, donde las encuestas tienden a ser contradictorias. Por ejemplo, hasta el viernes pasado, una realizada por CNN coloca a la senadora con un 40% de las preferencias de los electores demócratas de ese estado y un 10% de indecisos, mientras que otra, realizada por Real Clear Politics le deba una ventaja de 6% sobre su contrincante
A pesar del repunte de su campaña con su sólido triunfo del pasado 22 de abril en Pennsylvania, Clinton aún tiene un largo trecho por recorrer para ganar la nominación a la Casa Blanca, frente a un Obama un tanto maltrecho, no sólo por su reiterada incapacidad para conquistar la confianza de la clase trabajadora y del elector blanco, sino también por la lengua inoportuna de su ex pastor Jeremiah Wright, cuyas declaraciones incendiarias han probado ser veneno puro para el senador por Illinois.
Para algunos analistas, la contienda parece haberse reducido -en esencia- a un asunto de raza y de género, en detrimento de temas de mayor hondura y trascendencia, como sin duda alguna lo son la economía, la salud, la educación y la seguridad nacional.
De cierta manera los demócratas deshojan ahora la margarita entre Obama, un hombre-negro-elitista que ha cincelado su carrera política intentando distanciarse del tema de la raza, y Clinton, una mujer-blanca-liberal que ha proyectado la imagen de ser sensible a las minorías.
A lo largo de la campaña primarista, en aquellos estados de una sustancial diversidad étnica las preferencias de los votantes han seguido un patrón similar al que rige el espectro que divide ideológicamente a los demócratas de los republicanos, tendencia que pudiera ser la que defina las primarias de este martes en Indiana, un estado predominantemente blanco, y en Carolina del Norte, que tiene una población negra considerable.
A 24 horas de una votación que podría ser crucial para decidir quién será el rival de John McCain en noviembre, la suerte seguramente estará en manos de los indecisos.
Cuando el jueves pasado Clinton pidió en Kentucky que apostaran a la potranca -y a ella-, nunca imaginó que la pobre Eigth Belles no sólo perdería la carrera, sino que tampoco saldría viva de la pista.
A estas horas la madre de Chelsea debe estar deseando jamás haber dicho esas palabras.
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