El verano es la época idónea para que la administración del Departamento de Educación realice una evaluación exhaustiva de la calidad del trabajo hecho por el personal escolar durante el pasado semestre.
La evaluación es parte del buen funcionamiento de cualquier institución que provee servicio, ya que a través de éste se asegura tener el personal más efectivo trabajando para lograr sus metas.
La evaluación, sin embargo, no debe limitarse al personal que labora en las escuelas, sino que debe extenderse, a su vez, al personal administrativo a cargo de supervisar.
No es un secreto que el proceso educativo seguido durante los últimos años no ha producido el aprovechamiento académico deseado para la mayoría de los estudiantes del País. Una razón poderosa es que hay demasiadas escuelas que actualmente son consideradas “tierra de nadie” por su propia facultad, los padres y por la comunidad aledaña.
Cuando una escuela es “tierra de nadie” el Departamento de Educación debe ser diligente en evaluar la labor que realiza el director escolar, por ser éste el líder administrativo e instruccional de la escuela. Un director que no ha podido mantener un ambiente de orden en su escuela para que el proceso de enseñanza y aprendizaje fluya, es razón suficiente para que se busque una solución inmediata.
Debido a que la duración del semestre académico es limitada, la enseñanza necesita ocurrir dentro de un ambiente de orden para que los estudiantes logren aprender. De no ser así, éstos se frustran y pierden el interés por su educación y su futuro.
Exhorto a los funcionarios del DE a que aprovechen el verano para tomar acción correctiva con los directores escolares que no han sido efectivos en hacer de sus escuelas el lugar donde la juventud va a aprender. No permitan que se pierda el potencial intelectual de nuestros estudiantes: los futuros líderes del País.