Los medicamentos para manejar dolencias crónicas pueden causar adicción si no son utilizados de manera correcta
Al dolor nadie lo quiere. Pero a él no le importa. Invade el cuerpo como el ladrón a la casa. Y así, frente al intruso, inicia una batalla. Hay muchas herramientas disponibles para librarse del enemigo. El truco es saber cuáles escoger y cómo utilizarlas porque de lo contrario, como afirma el refrán, el remedio podría ser peor que la enfermedad.
Así le ocurrió a Martín. Durante meses batalló con un cáncer del esófago que se curó con radiación. Pero a causa de la enfermedad, el órgano se le estrechó. Para aliviar el terrible dolor que esto le provocaba se mantuvo tomando medicamentos opioides (también conocidos como narcóticos) y desarrolló una dependencia a ellos.
Dependencia no es lo mismo que adicción. Significa que el paciente tiene una necesidad física -no compulsiva e incontrolable- del medicamento. Es decir, si el dolor se maneja apropiadamente, lo más probable es que la persona no lo busque más. Sin embargo, si lo retira súbitamente o disminuye drásticamente la dosis, surgen síntomas de retirada. Entre ellos: vómitos, diarreas, dolor muscular, piel de gallina, lagrimación y angustia muy fuerte, explica el siquiatra subespecialista en adicciones, Arnaldo Cruz Igartúa.
Utilizados exactamente como indica el médico, los opioides (entre los más comunes OxyContin, Darvon, Vicodin, Dilaudid y Demerol) pueden eficazmente aliviar el dolor. Sin embargo, su uso inadecuado, habitual o a largo plazo puede traer problemas. Es posible desarrollar tolerancia, dependencia o adicción.
“Se ha encontrado que los medicamentos narcóticos (oipiodes) son los que más están siendo recetados en Estados Unidos y de los que más se está abusando”, afirma Cruz.
Un informe del Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) emitido en el 2011 reveló que las sobredosis con medicamentos para el dolor se ha triplicado en los últimos 20 años. Además, según el Instituto Nacional para Abuso de Drogas, unas 48 millones de personas (mayores de 12 años) han utilizado narcóticos por razones no médicas en su vida. Este total representa un 20% de la población.
Surge la pregunta: ¿cómo asumimos el dolor?, ¿entendemos su complejidad?, ¿cuántos de nosotros utilizamos otras alternativas -más allá de una pastilla- para aliviarlo?
Entender el dolor
Contestar estas preguntas no es tarea fácil. El dolor es un área de estudio compleja. Involucra no solo el aspecto físico sino también el emocional. El dolor crónico, ese que puede prolongarse por meses, años o incluso gran parte de la vida, es un reto tanto para los médicos que tienen que tratarlo como para los pacientes que quieren librarse de él.
Además del componente físico del dolor, hay que considerar el mental. La doctora Nilka Matos, anestesióloga subespecialista en manejo de dolor intervencional y facultativa del Hospital Hima en Caguas, establece que por eso se evalúa el aspecto objetivo: cómo se ve el paciente, qué revelan sus exámenes médicos, sus signos vitales y su pulso. Pero también lo que expresa, su estado de ánimo, lo que siente.
Y es que el dolor, como ocurre con otras tantas emociones, es una experiencia muy personal. Para explicarlo, el doctor Cruz plantea el ejemplo hipotético de dos soldados. Uno se enterró una espina en el dedo y grita de dolor. El segundo, perdió una mano tras una explosión y está tranquilo.
“Entonces, ¿cuál de los dos golpes duele más? Obviamente el segundo, pero el significado que la persona le dio fue bueno, estaba contento de haber sobrevivido”, plantea el médico.
No es que sea así de sencillo, pero el caso ilustra algo que los médicos ya saben. Que el dolor “no está solamente en la mente o solamente en el cuerpo. Es una mezcla complicada”, según establece la Sociedad Británica para el Manejo del Dolor.
Por su parte, la doctora Matos sostiene que “un paciente con buena actitud y que quiere mejorar hace una diferencia del cielo a la tierra”. Ahora bien, resalta que una buena actitud no debe confundirse con estoicismo.
“En Puerto Rico se oye bastante eso de ‘yo aguanto’. Pero no hay razón para aguantar el dolor. El dolor hay que tratarlo. Hay que orientar a las personas de que sí hay alternativas y no todas son narcóticos”, señala.
¿Qué hacer?
Para manejar el dolor crónico es fundamental que el paciente asuma un rol activo en el manejo de su condición. Debe comenzar por ser honesto con su médico y contarle si tiene o ha tenido historial de uso o abuso de sustancias. Estas personas están más en riesgo de desarrollar dependencia o adicción. Si el profesional de la salud está enterado de la situación podrá elegir con mayor eficacia el medicamento y las recomendaciones de uso.
Otra de las formas de ayudarse, es lidiar con el aspecto emocional. De manera preventiva, los pacientes pueden comenzar a trabajar con las emociones que pueden surgir a consecuencia de su padecimiento. Por ejemplo, sentimientos de impotencia, ansiedad o tristeza.
Para ayudar a sus pacientes, muchos doctores están integrando a sus prácticas alternativas complementarias para aliviar el dolor. El doctor Cruz menciona, entre ellas, la autohipnosis. Valiéndose de esta técnica, las personas aprenden a disminuir su dolor y, a consecuencia, necesitan menos medicamentos.
La doctora Matos, quien también trabaja la medicina tradicional china, combina esta disciplina con medicamentos y terapias occidentales, a petición de sus pacientes.
Utiliza la herbología, que consiste en la mezcla de hierbas procedentes de oriente para calmar síntomas de diferentes enfermedades o para mantener la salud de manera preventiva. También utiliza la acupuntura, tanto como tratamiento para aliviar “básicamente todo”, incluso el estrés, la ansiedad y problemas de adicción.
“Tiene muchas ventajas porque los pacientes se sienten mejor y no utilizan tanta cantidad de medicamentos”, comenta la doctora. Enfatiza que cada vez más la gente busca alternativas naturales y no invasivas para manejar su dolor.
Algunos medicamentos que pueden causar tolerancia, dependencia o adicción
Opioides
? Oxicodona (OxyContin)
? Propoxifeno (Darvon)
? Hidrocodona (Vicodin)
? Hidromorfona (Dilaudid)
? Meperidina (Demerol)
? Difenoxilato (Lomotil)
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Usos comúnes:
? Alivio para el dolor después de una cirugía
? Manejo de dolor agudo o crónico
? Alivio para la tos y diarrea
Depresores del SNC
? Barbituratos
? Mefobarbital (Mebaral)
? Pentobarbital sódico (Nembutal)
? Benzodiacepinas
Diazepam (Valium)
Clorhidrato de clordiacepóxido (Librium)
Alprazolam (Xanax)
Triazolam (Halción)
Estazolam (ProSom)
Usos comúnes:
? Ansiedad
? Tensión
? Ataques de pánico
? Reacciones agudas de estrés
? Trastornos del sueño
? Anestesia (en dosis altas)
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Estimulantes
? Dextroanfetamina (Dexedrine)
? Metilfenidato (Retalín)
? Hidrocloruro de sibutramina monohidratado (Meridia)
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Usos comúnes:
? Narcolepsia
? Trastorno de hiperactividad con déficit de atención (ADHD)
? Depresión que no responde a otros tratamientos
? Tratamiento a corto plazo para la obesidad
? Asma
Fuente: Instituto Nacional para el Abuso de Drogas
Guía para el uso seguro de medicamentos:
1.Sigue cuidadosamente las instrucciones de tu médico.
2.No incrementes o disminuyas la dosis sin antes consultar con tu médico.
3.Nunca dejes de usar el medicamento súbitamente.
4.No rompas o hagas polvo las pastillas.
5.Infórmate cómo puede el medicamento afectar tu capacidad para conducir o realizar otras tareas cotidianas.
6.Infórmate sobre los efectos que puede tener mezclar las pastillas con otras medicinas (incluidas las sin receta) y el alcohol u otras drogas.
7.Sé honesto con tu médico respecto a tu historial de uso de sustancias.
8.Nunca permites que otra persona tome tu medicamento ni tomes el de otra persona.
Fuente: FDA (Federal Drug Administration)
Otras alternativas para el manejo del dolor
•Hipnosis/ autohipnosis
•Herbología
•Acupuntura
•Meditación
•Ejercicio (adecuado para tu condición y después de consultarlo con el médico)