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30 de noviembre de 2013
12:00 a.m. Calidad de vida
 

Duodécima carta de Oscar López Rivera a su nieta

Las manos en el cristal: Una ventana perfecta

Por Oscar López Rivera / 32 años encarcelado

El prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera lleva 32 años encarcelado. (Archivo)

El Nuevo Día publica periódicamente los sábados las cartas que el preso político Oscar López Rivera le envía desde prisión a su nieta Karina, a la cual solo ha conocido a través de los barrotes de la cárcel. López Rivera lleva 32 años encarcelado.

Querida Karina,

Raramente veo la televisión, pero el jueves 21 de noviembre, por pura intuición, me senté a ver los Grammy’s latinos junto con otros prisioneros.

Cuando Ricky Martin dijo  «¡Justicia y libertad para Oscar López!», me estremecí de emoción y gratitud. Ricky es un hombre valiente cuya voz es respetada. En ese mismo instante pensé en la caminata que tendría lugar el sábado 23, y en mi mente imaginé un extraordinario evento. Sin saber a ciencia cierta todo el trabajo que se estaba haciendo, presentí que muchos se unirían.

Llegado el sábado, cuando pude llamar a tu mamá, ella me dijo cuán asombroso empezaba a ser todo. La marcha aún no había salido, y esperé un rato para volverla a llamar. Los minutos se me hacían eternos. Quería reservar el poco tiempo que puedo hablar por teléfono, a fin de que la actividad estuviera en todo su apogeo cuando volviera a llamar.

Y lo logré. Cuando me volví a comunicar con Clarisa, pude oír la música y las consignas de los manifestantes. Querría explicarte la conmoción que envuelve a una persona que está encarcelada, cuando se da cuenta de que miles de hombres y mujeres, bajo el sol y el cielo y el aire de las calles, se unen para pedir que se abran los barrotes y vayas a reunirte con ellos. Es una felicidad, y a la vez una pena indescriptibles. Hace falta ese apoyo, el calor inmediato de la gente, te dan ganas de abrazarlos a todos, y te afliges porque te das cuenta de que no puedes hacerlo.

Más tarde, hablé con Jan Susler, que estaba en la caminata y a través de su celular pude saludar a varias personas que marchaban con ella. A unos los conocía de antes; a otros no, pero de cualquier forma me emocionó establecer ese contacto con tanta gente que estaba sacrificando la tarde del sábado para pedir mi excarcelación.

El entusiasmo era contagioso. Conversé con los congresistas Nydia Velázquez y Luis Gutiérrez. Ambos me llenaron de ánimo y prometieron venir a visitarme. ¿Cómo les puedo agradecer su gesto, las peticiones que han hecho en favor de mi excarcelación?

Oyendo esas voces, comprendí que la palabra es una ventana perfecta para contemplar el mundo exterior. Gracias a la palabra, a todo lo que me contaban, logré apreciar con ojos propios la maravilla del espectáculo que celebraron.

En verdad pienso que ese evento ha validado todos los demás esfuerzos llevados a cabo durante este año para tratar de sacarme de prisión. Es también un grandioso ejemplo de lo que es el alma puertorriqueña, su bondad y su nobleza.

Me enorgullece saber que miles de personas olvidaron sus diferencias políticas, cruzaron líneas ideológicas y credos religiosos, y se congregaron por encima de distancias generacionales: jóvenes con viejos. Al ver las fotos, me recordó un gigantesco «quilt», una de esas colchas confeccionadas con diferentes trozos de tela, pero que sirven para una misma cosa: abrigar al ser humano. Yo me sentí abrigado.

Pude ver a los 32 Niños x Oscar y a los alumnos de la escuela Montessori en la Playa del Escambrón. Y pude ver, también, a las 32 Mujeres, vestidas con sus coloridas ropas, pidiendo mi regreso a casa.

Adiviné las caras, incluso aquellas que no he visto nunca. Ha sido una gran lección para mí entender cuán creativo y laborioso puede ser mi pueblo cuando se lo propone.

Me divertí como un niño viendo a las mariposas Monarca creadas por las manos de artistas puertorriqueños. Fíjate, Karina, que esas mariposas viajan miles de kilometros desde Canadá y Minnesota para refugiarse en los bosques de oyamel, una especie de abeto que hay en México. Esta vez, las mariposas volaron en dirección distinta, viniendo desde Puerto Rico a mí, hasta esta cárcel y a la ventana de mi imaginación.

Toda esa marcha, desde principio a fin; todo ese pueblo que clamaba libertad y justicia, ha llenado de esperanza mi pobre y limitada vida. Demuestra también el coraje de mucha gente para pensar de forma diferente, y significa, por último, que hasta el más pequeño de los niños es capaz de participar en la búsqueda de una vida mejor, dirigida a descolonizar el País y descolonizar de paso nuestras propias mentes.

Tendré por siempre en mi memoria, hasta el día en que muera, el recuerdo del 23 de noviembre y la caminata que me dedicaron.

En resistencia y lucha, tu abuelo, su conmovido corazón,

Oscar López Rivera

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