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Editorial

El Nuevo Dia Editorial de El Nuevo Día
5 de agosto de 2012

CIRUGÍA MAYOR

MARIO ROCHE: Se dice que en Puerto Rico la proporción entre el producto nacional bruto y lo que se invierte en salud compara favorablemente con muchos países ricos. ¿Cuáles son los rendimientos?



JORGE SÁNCHEZ: Lo que invertimos excede lo que aporta la mayor parte de los países occidentales, es prácticamente un 18-19%. El asunto es que no se invierte en salud sino en enfermedades. Al igual que en Estados Unidos, aquí lo que hay es disease care. Se gasta mucho en personas enfermas pero no en prevenir que haya tanta gente enferma.



MR: En 2005 usted participó en un estudio sobre el sistema de salud en Puerto Rico. ¿Qué encontró?



JS: Lo que junto a otros profesionales yo evalué en 2005 fue un no sistema de salud. En Puerto Rico coexisten la Reforma del gobierno, Medicare y diversos planes privados, cada uno operando por su lado. Hay más de 400 mil no asegurados, 500 mil con planes incompletos: poblaciones diferentes recibiendo diferentes calidades de servicio, a diferentes costos, con diferentes fuentes de financiamiento. No hay un sistema único, ni siquiera una política general de salud.



MR: ¿Qué pasó con la Reforma de 1993?



JS: Fíjate, la Reforma se diseñó como un proyecto piloto que comenzaba en Fajardo pero se extendió al País sin evaluarlo adecuadamente, que es el problema de muchas cosas en Puerto Rico, como la educación, por ejemplo. La idea original era implementar el piloto, ver lo bueno y lo malo y si había que cambiar el modelo, pues se cambiaba. Lo que no se podía hacer, pero se hizo, fue arrastrar los errores al resto de la Isla. Desde entonces, estamos poniendo parchos.



MR: Usted señala que la Reforma perjudicó muchísimo la relación entre el médico y los pacientes. ¿De qué manera?

JS: Por mejores intenciones que el médico o grupo primario tenga, el sistema -manejado por las aseguradoras- le asigna una cantidad fija de dinero por cada paciente para medicinas, referidos, análisis, etc. Es lo que se conoce como capitation. Inevitablemente en la decisión clínica interviene la consideración monetaria. El sistema impone ese conflicto de intereses y ahí se desvirtúa la relación médico-paciente.



MR ¿Sería cosa de volver al sistema que había antes de la tarjetita?



JR: Es difícil volver atrás aunque Jorge Manrique, en una de sus coplas, haya dicho que todo tiempo pasado fue mejor. La mayor parte de la red de centros primarios, hospitales municipales y regionales, fue desmantelada.



MR: ¿Usted cree que el modelo de la Reforma es salvable?



JR: Después de 20 años yo creo que no. A este modelo hay que cambiarlo totalmente.



MR: ¿Cómo evalúa el debate sobre el cuidado de salud en Estados Unidos?



JS: Como parte del conflicto entre los que creen, como los republicanos, que el sector privado lo hace mejor y los que creen, como Obama, que el gobierno es esencial para alcanzar metas sociales. Aclaro que lo que el Tribunal Supremo declaró constitucional no es un plan de acceso universal. Lo que hace es facilitar que toda la población tenga algún seguro. La ley pone límites y asegura servicios pero las ganancias de las aseguradoras, billonarias en EE.UU. y millonarias aquí, están garantizadas.



MR: ¿Es o no la salud un derecho?



JS: La equidad en salud es una medida de justicia social. En muchos países la salud es un derecho constitucional; en Puerto Rico y Estados Unidos, no. Si la salud depende de las aseguradoras, es difícil constituirla como derecho. Eso es algo que vamos a tener que decidir aquí.



MR: Se estima que 13 de cada 100 puertorriqueños sufre de diabetes. ¿Qué usted haría con respecto al elemento de la prevención?



JS: Hay un grupo de personas que, como yo, piensa que Puerto Rico necesita un Plan Nacional. Para eso tú necesitas la intervención directa del gobierno para crear un proyecto para todos los ciudadanos. Y hay que comenzar con establecer una cultura de salud. En Finlandia decidieron que había que crear una cultura de salud para combatir la obesidad y hoy es uno de los países más saludables del mundo. La meta aquí debe ser una población saludable, con buena calidad de vida.



MR: ¿Por dónde empezaría usted?



JS: Yo digo que la solución al problema de salud es política. Los políticos tienen que enfrentar los determinantes sociales -vivienda, desempleo, alimentación, transportación, educación- que son la base para tener una sociedad saludable. Tienen que consignar en su mente que la salud es un derecho y definir un nuevo modelo de prevención y promoción, de prestación de servicios mediante alianzas entre los grupos privados y las agencias de gobierno, que se hablan poco entre sí, duplican esfuerzos y botan dinero. Sobre todo, aceptar que una tarjeta, como decía Michael Moore en el documental Sicko, no te asegura el acceso a servicios adecuados. Pero, ojo, la solución política no es únicamente responsabilidad de los políticos. La ciudadanía tiene que ser mucho más proactiva, exigir rendiciones de cuentas y aportar en el proceso de construir su propia salud.

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