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Editorial de El Nuevo Día |
El producto altamente cotizado por el público adolescente, ya ha dado muestras de afectar adversamente la salud y de crear adicciones tempranas. Se sabe ya que uno de cada quince estudiantes de último año de secundaria en Estados Unidos admite que usa marihuana casi a diario. El uso ha ido progresivamente en aumento según las estadísticas. Uno de cada nueve de esos mismos estudiantes reconoce que ha comenzado a utilizar marihuana sintética, también llamada Happy Hour, Spice, K2, Green Beens, Wicked X o Vanilla Sky. Los analistas afirman que el aumento, de ésta o cualquier droga, corre en paralelo con la creencia formada o desinformada de que no es peligrosa para la salud.
El nuevo producto, que ha suscitado suspicacias en las autoridades correspondientes, contiene hojas orgánicas provenientes al parecer de Perú tratadas con sustancias químicas, que provocan un efecto similar al de la marihuana. Ya 39 estados han prohibido la venta de un producto que tiene todo el perfil de ser eminentemente dañino para la salud. Recientemente las autoridades militares estadounidenses confesaron haber intervenido a 1,100 consumidores de entre sus filas.
En Puerto Rico, tanto el representante José Torres Zamora, como los departamentos de Salud y Asuntos al Consumidor (DACO) se han unido al proyecto cameral que busca enmendar la Ley de Sustancias Controladas para prohibir expresamente la venta de la llamada marihuana sintética, que se introdujo en la Isla desde el año pasado.
Es alarmante que este producto prohibido en otros lugares, se pueda conseguir en Puerto Rico fácilmente y dentro de la legalidad en lugares como gasolineras, tiendas de artículos eróticos, de tabaco y otros negocios de fácil acceso. La marihuana sintética se vende, incluso, solapadamente, como incienso, exactamente como Herbal Incense. De modo preocupante, entre sus consumidores principales se encuentran preferencialmente menores, pues su compra no requiere una edad mínima.
El secretario de Salud, Lorenzo González Feliciano, ya ha asegurado que se han reportado efectos adversos a la salud y tendencias adictivas a raíz del uso en la Isla. Algunos de los efectos adversos más comunes ligados a este producto son somnolencia, cansancio y, mezclada con otras sustancias, hasta convulsiones, alucinaciones, comportamiento paranoide, agitación, ansiedad, náusea, vómito, aceleración del ritmo cardíaco y aumento de la presión sanguínea.
Apoyamos toda acción centrada en detener la proliferación y el uso de sustancias dañinas dentro de un marco de aparente legalidad. Más allá de la legislación, insistimos en que debe reforzarse el apoyo entre distintas agencias y desde todos los ángulos posibles: médicos, psicológicos, educativos, legales, de distribución, de responsabilidad paterno-filial que se requieren para frenar un asunto que afecta de manera adversa a una población eminentemente vulnerable.
Sólo podremos disuadir en la medida que emprendamos una educación temprana al interior de las familias, en las instituciones públicas y privadas de enseñanza y en los medios de comunicación, sobre las reales consecuencias nocivas, para la salud y el desarrollo físico y mental, que deja el uso de estas sustancias químicas.
Hay que cerrar toda posibilidad de que se nos venda gato por liebre en nuestros establecimientos y en nuestras conciencias ciudadanas.
