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3 de agosto de 2013
12:00 a.m. Modificado: 4:18 p.m. Cultura
 

El boricua Eduardo Lalo recibe el Rómulo Gallegos

El escritor recibió el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013 de manos del presidente de Venezuela

 

Por Agencia EFE

Caracas - El escritor puertorriqueño Eduardo Lalo recibió hoy el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013, de manos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por su obra Simone, elegida de manera unánime por el jurado entre las 200 obras de 17 países en competencia.

Maduro destacó las virtudes de Lalo en el acto de entrega del premio, dotado con un diploma y $100,000, y que tuvo lugar en el teatro Teresa Carreño de Caracas y fue organizado por el Ministerio de Cultura de Venezuela, a través de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

“Hoy hemos tenido la inmensa fortuna de conocer físicamente a quien empezamos a conocer desde hace apenas unos días cuando se anunció este premio para Simone, a Eduardo Lalo y haber entregado el premio (...) de manera justa y digna a este extraordinario hombre de las letras”, dijo Maduro.


“Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela donde quizá por primera vez en mi vida haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel que en ninguna de sus palabras me niega o me condena”, señaló por su parte Lalo, declarado independentista y que dedicó gran parte de su discurso a esa reivindicación política.

Lalo, de 53 años, se ha declarado un defensor de la literatura “sin concesiones” y alejada de las reglas comerciales, y revela que aunque se ha dado cuenta de que “para bien o para mal” lo que dice “tiene otro impacto”, confía en que será un fenómeno transitorio.

“La literatura tiene todo para decir y no tiene que ser un proyecto político, la literatura tiene que tratar de expresar la complejidad del dolor de la gente, sea de un pueblo o sea de un personaje”, dijo en entrevista con la Agencia Efe.

Lalo se declara independentista y aspira a que esta nueva condición lo ayude a “mover asuntos” y a dar visibilidad a su país para “no vivir en la indiferencia”.

Es justamente Puerto Rico una de sus grandes preocupaciones y uno de los principales objetos de atención en los nueve libros que lleva publicados, muchos de ellos ensayos en los que también despunta otra de sus pasiones: la fotografía.


El "hermoso hoy"

(Fragmento del discurso de Eduardo Lalo al recibir el premio Rómulo Gallegos)

La mayor parte de los habitantes del mundo poseen orígenes definidos, estables, prácticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una nación, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen también otros habitantes del planeta cuyos orígenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me detenía la gendarmería francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo como el ceño del oficial se fruncía al examinar mi pasaporte, como comparaba la foto con mi cara, como volvía sobre el documento, como me dejaba esperando ante el mostrador y regresaba con un superior que, luego de examinar nuevamente las páginas de mi documento de “identidad”, me preguntaba con una mezcla de desprecio y celo policiaco: Qui etez-vous?, “¿Quién es usted?”.

 En ese documento que permite acceder al resto del mundo, se consignaba sin explicación un puñado de datos desorientadores que en mi caso confundían orígenes con legalidades. En el pasaporte no estaban mis lealtades o, lo que es lo mismo, la explicación de mí mismo dada desde la consciencia de los afectos. En ese pasaporte concedido a Eduardo Alfredo Rodríguez Rodríguez se le informaba a los aduaneros del mundo que el que tenían ante sí era un ciudadano estadounidense nacido en Cuba y (en esa época, hace unos 30 años, y he aquí otra instancia por la que ha aumentado nuestra invisibilidad) que este documento había sido emitido por el Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En lugar del pretendido efecto clarificador del pasaporte, entregaba un documento opaco y turbio. Desde entonces, he debido sintetizar en las fronteras en las que he sido detenido una formulación factual que resulta para muchos casi incomprensible: “No soy estadounidense, no soy cubano, soy puertorriqueño”.


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