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8 de septiembre de 2013
Boxeo
 

El boxeo destruyó su familia según Cano Cotto

El técnico lamenta como los triunfos deportivos han separado el clan Cotto. Vídeo

 

Por José A. Sánchez Fournier / jose.sanchez@elnuevodia.com

CAGUAS - El gimnasio de Bairoa está a medio llenar. Es viernes, y la escasa matrícula en el centro fundado hace 40 años por Julián Delgado y José ‘Cheo’ Aponte Torres es exclusivamente aficionada y juvenil.

Su administrador, Evangelista ‘Cano’ Cotto observa silente a los muchachos.

En el edificio no hay evidencia de su pasado esplendor, cuando era la sede de los entrenamientos de Miguel Ángel Cotto Vázquez, el mejor peleador boricua de la última década. Ni un afiche, ni una foto. Solo una imagen de su padre, el fenecido árbitro aficionado Miguel Cotto Carrasquillo, cuelga encima del umbral de la oficina de Cano, su hermano menor y tío de Miguel Ángel. La efigie parece vigilar desde lo alto el lugar que fue la segunda casa de los Cotto, el centro de mando del clan cagüeño por mucho tiempo. Pero hoy día -tras una agria ruptura familiar en 2009- solo Cano sigue allí.

“El boxeo destruyó mi familia”, dijo recientemente Cano, quien sufre de leucemia hace cuatro años.

“Me diagnosticaron la semana después del altercado aquí”, recordó Evangelista, refiriéndose al 9 en abril de 2009, día en el que -en medio de una agria discusión en el gimnasio- se fue a las manos con su sobrino. El incidente puso fin a una estrecha y en ocasiones tumultuosa relación familiar y profesional de varias décadas.

La trifulca también quebró la unión entre Cano y su hermano mayor, quien murió en enero de 2010, sin que se diera la reconciliación. El “perdón” que nunca se dijo le pesa al entrenador cagüeño.

“Todo sucedió tan rápido que no pudimos hablar”, lamentó el menor de los fraternos que administraban al unísono el gimnasio de Bairoa.

“Mi hermano y yo corríamos el gimnasio perfectamente. Nos conocíamos. Él cogía un área, yo cogía la mía y corríamos muy bien el gimnasio. Cuando íbamos a la pelea, cada cual sabía su función”, indicó Evangelista.

Boxeo destruyó la familia Cotto

Ausencia sentida

“Ese es el más que yo he extrañado. Yo no extraño a boxeador alguno; te estoy hablando en términos boxísticos”, agregó. “Al que extraño es a mi hermano”. Cano admitió que lamenta estar alejado de sus sobrinos José Miguel y Miguel Ángel, así como de los hijos de ellos.

“Esos chicos (los hijos de Miguel y José) eran locos conmigo. Yo hace unos años que no interactúo con ellos. Y esas cosas se han perdido”, dijo. “Ellos si me ven, pues no se acercan si yo no me acerco. Yo, como el adulto que soy, me acerco y los saludo, les doy la bendición y un beso. Pero ellos, por la corta edad que tienen, pues quizás no se atreven”.

“No los extraño solo a ellos sino a todos, sus mamás, los hermanos, todos. Era toda una familia aquí (en el gimnasio). Se extraña, se extraña. Aquí se trabajaba y se vivía en familia. Claro que sí, se extraña”, agregó.

La situación actual de los Cotto es muy distinta a la que era cuando Miguel Ángel firmó como profesional tras participar en las Olimpiadas de Sydney 2000. Para entonces era difícil ver separados a don Miguel y a Evangelista. Donde estaba uno, casi siempre estaba el otro.

“Vivíamos todos en el terreno de mi mamá. Todos construimos nuestras casitas allí y vivíamos juntos”, explicó Cano, quien sonó como si añorara esos tiempos más sencillos en familia. “Yo le debo muchas cosas al boxeo, pero la mayoría malas. Primordialmente, la separación de mi familia. El boxeo destruyó mi familia. Eramos una familia bien unida. Ahora mismo tengo mi familia destruida, separada totalmente. Y eso no es lo que yo quería”, lamentó.

La ruptura familiar terminó en corte. Cano demandó a Junito y a su empresa por dinero, que sostenía le debían contractualmente por su trabajo como entrenador y comanejador del otrora triple campeón.

Recientemente, el Tribunal Apelativo sostuvo una decisión del tribunal de primera instancia la cual ordenaba a Miguel pagarle cerca de $2 millones a Cano. “Es un dinero que se me debía y entiendo que el tribunal fue muy bueno con ellos porque no fue (adjudicado) todo el dinero que se me debía”, dijo Evangelista. “Pero yo no quiero seguir con esto. Quiero pasar la página y volver a tener una relación con él, aunque no sea igual que antes”.

Hoy día, con su salud afectada y viendo como su familia sigue separada, el entrenador desea que las heridas sanen para retomar la vida familiar cerca de sus sobrinos.

“Me preocupa que eso quede inconcluso. Yo puedo hablar con él sin problemas. Lo más importante es que se salve la relación familiar”, expresó.

Pero es innegable que aún existe cierto rencor en ambos bandos. Y mientras eso no cambie, un reencuentro luce lejano. “Yo entiendo que habrá una reconciliación cuando Miguel esté fuera del boxeo, cuando no esté ese grupo que lo rodea, sembrando tanta cizaña. Ahí es que yo veo que Miguel podrá tener una reconciliación conmigo”, dijo Evangelista, señalando al nuevo grupo de trabajo -liderado por Bryan Pérez y Héctor Soto- como la ficha que imposibilita una reunión familiar.

“Yo estoy en la mejor disposición, pero como ellos están tan molestos conmigo, pues yo no me atrevo a acercarme y hablarles. Recibir un desaire así, imagínate”.

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