Esta conocida figura en el deporte confiesa que convertirse en padre ha sido el momento que más ha marcado su vida
Por Ileana Delgado Castro / idelgado@elnuevodia.com
Papáaaaa.... Es el inquisitivo llamado de Miranda, una hermosa niña de un año y seis meses que corretea por la sala, mientras al padre se le ilumina el rostro y se le dibuja una gran sonrisa que raya en el embelesamiento.
Y no es para menos. La bebé, de grandes y vivarachos ojos azules, es uno de los grandes amores del odontólogo David Enrique Bernier Rivera, presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur).
Miranda es la “princesa” de la casa y ella lo sabe. Pero no es la única que demanda la atención de su padre. Adrián, el hijo mayor, de casi cuatro años, también se acerca y lo abraza. Este es “el rey”, también de ojos muy azules y casi una versión miniatura de su padre, quien con mucha paciencia lo sienta a su lado, lo abraza y le explica que lo están entrevistando y que debe comportarse.
Por unos minutos, el niño se mantiene tranquilo. Pero como cualquier otro a esa edad, no aguanta por mucho tiempo.
Los gritos y la algarabía infantil se dejan sentir por un rato. Es un ambiente en el que es casi imposible no contagiarse con las risas y ocurrencias de los pequeños que corren de un lado a otro.
Hasta que llega la madre, la comunicadora y presentadora de televisión, Alexandra Fuentes, quien se encarga de llevarlos a otra habitación y vestirlos para una sesión de fotos.
Un espacio que se aprovecha para que Bernier hable con más tranquilidad de su vida familiar, los retos a los que se enfrenta a diario como presidente de Copur, sus sueños y su rol como padre y esposo.
De entrada acepta que su vida se ha transformado dramáticamente desde que nacieron sus hijos, de que ha aprendido a “disfrutar de las cosas sencillas”, como no hacer nada especial y solo compartir con sus hijos y su esposa.
“Cuando nace el primero hijo, uno tiene un sentimiento de amor tan grande que cree que no lo va a volver a sentir nunca más. Pero nace Miranda y uno vuelve a sentir ese amor tan intenso...”, admite Bernier, mientras resalta que convertirse en padre ha sido el momento que más ha marcado su vida.
Por eso cree que a partir de ese momento, es inevitable que todo lo que se haga gire alrededor de la vida de los hijos.
De la misma forma, admite que hay una preocupación constante por su bienestar y futuro. Aunque asegura que nunca tratará de imponerles que sigan sus pasos.
De hecho, dice que en una ocasión Adrián no quería correr en el “field day” de la escuela y él trató por todos los medios de que el niño participara. Después de todo, el presidente de Copur lo menos que espera es que su primogénito sea deportista. Pero la respuesta de su hijo fue contundente.
“Él me dijo muy serio: ‘papá yo no soy deportista, yo soy músico’. Así que al otro día fui y le compré una batería y un piano para que comenzara a practicar”, cuenta entre risas.
“Yo quiero que mis hijos sean felices; procuraré darles las herramientas y educarlos. Pero respetaré el camino que ellos escojan. Si algo quiero enfatizar en ellos es que sean respetuosos y tolerantes, que aprendan el amor al trabajo y a su país, que tengan criterio propio y que al final eso les permita ser felices”, abunda el orgulloso padre, quien asegura que ver a sus hijos con una sonrisa es lo más importante para él.
Entrega total
Cuando nació Adrián, cuenta Bernier, estaba en su última etapa como secretario del Departamento de Recreación y Deportes, posición que ocupaba desde el 2005, después de haber dirigido la Oficina de Asuntos de la Juventud, durante la administración de Sila Calderón.
Y aunque acepta que combinar su rol de funcionario público con el de padre y esposo es bastante exigente, afirma que en la marcha ha ido haciendo los ajustes necesarios para poder cumplir con todas las responsabilidades.
“Pero requiere una entrega total. Y por eso es que uno tiene que tener convencimiento absoluto y entusiasmo de que está dedicando su juventud a lo que entiende que es correcto. Si no lo tienes, al final va a ser imposible que logres las metas que te propones porque no todos los días son buenos”, afirma Bernier, de 36 años, quien dice que desde muy niño se interesó en los deportes y en el servicio público. De hecho, dice que su padre lo matriculó a él y a un hermano menor en la Escuela Técnico Deportiva del Albergue Olímpico y él formó parte de la primera clase que se graduó en 1994. Precisamente, en esa época fue que descubrió la esgrima, deporte con el que, eventualmente, competiría internacionalmente. No sin antes pasar por la natación que, según dice, le encantaba.
“Pero como era tan blanco el sol me afectaba mucho, no había piel para eso. Pero descubrí la esgrima y me enamoré. Fue el deporte que me dio la oportunidad de representar a Puerto Rico internacionalmente”, afirma Bernier, mientras recuerda su carrera juvenil en múltiples eventos deportivos.
Por ejemplo, su participación en tres juegos centroamericanos y tres panamericanos, siendo el último en República Dominicana en 2003 donde obtuvieron la única medalla panamericana en el deporte de la esgrima en equipo.
“Ahí terminó mi carrera deportiva y comenzó mi vida en el servicio público. Y he tenido la bendición de que mi carrera pública también ha sido en el deporte”, agrega.
Habla con naturalidad y convencimiento de lo que dice. Es obvio que le gusta lo que hace y que acepta los retos a los que se tiene que enfrentar a diario, con días buenos y otros que son “muy amargos”.
“Pero tienes que recorrer ese camino con el entusiasmo y convencimiento necesario de que andas por la ruta correcta. Yo del saque me di cuenta de que era mi vocación y por eso, en las buenas y en las malas he podido mantener el entusiasmo. Eso te permite darle la intensidad en un momento determinado y hacer los ajustes que se requieran para la vida en familia; algo que es muy necesario porque es lo que me recarga de energía”, comenta con intensidad Bernier, al tiempo que acepta que tanto él como su esposa tienen dos empleos.
Él, de hecho, dice que ejerce su profesión como dentista. Mientras que Alexandra, trabaja en la radio muy temprano en la mañana y en la tarde, en la televisión. Una situación que los pone a ambos con muy poco tiempo para compartir en familia.
Tiempo de calidad
Lo primero, acepta Bernier, es que lleva una relación con su esposa que es “muy democrática” en la que no hay roles específicos para nadie”.
“Cada cual hace lo que haga falta en el momento que se requiera. Claro, hay actividades naturales de cada uno para una u otra actividad. Pero hemos tratado de aprender ambos a hacer de todo lo que se requiera para que podamos tener una convivencia más agradable. Y sobre todo, desde que nacieron nuestros hijos para que tengan un mejor escenario”, explica Bernier sobre la cargada agenda diaria que ambos llevan.
Para lograrlo, dice que se levanta a las 4:30 de la madrugada para colar café y dejar que su esposa duerma por lo menos media hora más.
“Cuando ella se levanta conversamos, leemos la prensa y compartimos por unos 45 minutos. Luego ella se va y yo me encargo de prepararle la crema a Adrián, hacerle el bibí a Miranda y cambiarle el pañal”, cuenta con entusiasmo el joven padre. Aunque acepta que en términos de la ropa, la madre lo deja todo preparado “porque tiene mejor gusto con las combinaciones”.
También dice que tiene problemas a la hora de peinar a la niña. Sobre todo, ponerle el lazo de forma que no le moleste.
“Para mí ha sido una bendición porque ahora estoy disfrutando todas las tareas que hago temprano en la mañana para preparar a los niños, hacerles el desayuno y llevarlos a la escuela. Por supuesto, el ‘coaching’ de mi esposa ha sido muy importante. Por ejemplo, la noche previa a que comience la semana ella me ayuda organizando todo; es como una receta. Claro que ya yo he ido dándole mi toque particular”, agrega con orgullo Bernier, mientras resalta la ayuda que reciben de sus respectivas madres, de los padrinos de sus hijos y de amistades cercanas que siempre le dan la mano cuando es ncesario. Y en el poco tiempo libre que tiene, dice que se le hace muy difícil hacer cualquier otra cosa que no sea compartir con los niños y su esposa.
“Son momentos que disfrutamos mucho y sacamos ese espacio”, añade Bernier, al tiempo que asegura que desde que es padre disfruta mucho de lo cotidiano como conversar con Adrián o jugar con Miranda.
“El 98% de nuestro tiempo lo dedicamos a eso”, comenta el exesgrimista, natural de Patillas y el cuarto de cinco hermanos “casi todos coloraos”, agrega con humor. Y es que recuerda esa etapa de su niñez con mucho amor y menciona a sus padres con admiración.
“Esos viejos míos son encantadores”, agrega, mientras cuenta que su madre, Celia, es enfermera y su padre, David, es maestro.
Por eso no es extraño que un día como hoy, Día de los Padres, vaya a visitar a su padre y pasar un rato con él.
“Nos vamos todo el familión para Patillas. Es el día de homenajear a los padres y allí voy a estar. Aunque primero vamos a pasar por Cidra a ver a mi suegro”, agrega Bernier, tras destacar que espera que en su día, haya merecido que sus hijos también se acuerden de él y lo vayan a visitar.