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6 de octubre de 2013
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El Nueva York de Arellano

Iris Chacón, Rita Moreno y Juan Mari Brás fueron captados por el lente de Bolívar Arellano para el diario La Prensa en los 70

 

Por Tatiana Pérez Rivera / tperez@elnuevodia.com

Cada grito de “Viva Puerto Rico Libre” le costó un macanazo al integrante del grupo The Young Lords que la policía intentaba neutralizar para que no participara en el Desfile Puertorriqueño de Nueva York a la altura de la calle 59 con 5ta avenida. Seis gritos, seis macanazos.

Era la década del setenta y el fotógrafo ecuatoriano Bolívar Arellano -que en el 1971 recién llegó a Estados Unidos- lo captó con su cámara. Ese fue su primer contacto con el pueblo boricua.

“Pensé, Puerto Rico debe ser un lugar muy bello para que este hombre aguante seis macanazos. Yo me hubiera callado después del primero. Por ese muchacho Puerto Rico se me quedó en la mente”, cuenta Arellano.

Así inició una relación del fotógrafo con su comunidad hispana en Nueva York, especialmente la boricua, la cual capitalizó El Diario La Prensa que en dicha ciudad narraba en español las historias pertinentes a los latinos. Cien años de vida celebra este diario con distintos eventos. Uno de ellos es la muestra fotográfica The Raging 70s: Latino New York as seen Through El Diario's Bolivar Arellano, que solo se nutre de fotografías tomadas por Arellano para dicho periódico en la década de los 70.

La misma comienza el 8 de octubre en la galería del Centro de Estudios Étnicos y de Raza en la Universidad de Columbia que dirige la puertorriqueña Frances Negrón Muntaner quien curó la muestra.

“Tenía que recoger tres cosas con el título de la muestra, caracterizar los setenta desde el punto de vista de la comunidad latina. Había protestas por todos lados por el estatus de Puerto Rico, estaban los Young Lords, había debates sobre el consumo de drogas, había crisis económica y urbana en Nueva York que se reflejaba en la pobreza de los latinos y por otra parte, estaba la exuberancia cultural y la explosión de creatividad que se reflejaba en la salsa, en la música, en el teatro”, señala Negrón.

De todo esto habla la muestra que incluye 19 instantáneas en formato blanco y negro.

“Mirarlas es un viaje”, adelanta la curadora, “y ponerlas en diálogo con investigaciones es un privilegio. Las fotos captan la época y narran Nueva York de otra manera. Los diarios en inglés contaban unas cosas y El Diario La Prensa te permitía ver la diversidad cultural, política y social de los hispanos en Nueva York”.

El ojo que lo captaba era el de Arellano, fotógrafo a quien la represión alejó de su país natal y que de forma ‘freelance’ entregaba fotos a La Prensa desde el 1974 de diversos temas deportes, sociales, política, noticias, policiacas.

“Yo me las buscaba”, rememora el fotógrafo de 69 años, “compré un radio escáner de la Policía y estaba pendiente. Trabajaba 16 horas diarias. Nadie se dedicaba a los latinos, era un territorio desconocido. Yo estoy muy contento de participar en la celebración del diario porque es parte de la historia de mi vida”.

La curadora de la muestra indica que los movimientos sociales se intensificaron en Estados Unidos en los sesenta y la comunidad hispana despertó en dicho aspecto en los setenta. Los sesenta, también, fue la época dorada del fotoperiodismo estadounidense que se reflejó en revistas como Life o Time y esto, sin duda, influenció a Arellano y a sus colegas. Pero éste también definió su estilo del fotógrafo.

“Si comparas las fotos con las que se publicaban en los periódicos en inglés en Nueva York hay una alegría y un deseo de acercarse a la gente, no a la oficialidad igual que el fotoperiodismo de los sesenta. Bolívar situaba la persona en el centro de su drama aunque fueran figuras públicas; te sientes que estás en la escena. Si combinas esa cercanía a la comunidad latina ausente en los periódicos y el estilo de él, hay magia en las fotos”, opina Negrón sobre el estilo del fotógrafo que también colaboró con el periódico El Mundo en Puerto Rico.

Arellano indica que si bien se vinculó a la comunidad ecuatoriana, colombiana y dominicana, cuando descubrió la boricua “ví un pueblo que le abría los brazos a todo el mundo”. “Sus luchas eran por todos los latinos pobres, no para ellos nada más. No eran pretenciosos”, subraya Arellano quien terminó casándose con una boricua, Brunilda Torres, natural de Aguada.

Diez mil rollos

Le pidieron fotos y le pesó no haber seguido el consejo de un colega hace veinte años: ‘digitaliza tus fotos y guárdalas en la computadora’. “Nunca imaginé que en un futuro iba a usar esos negativos que guardaba y se maltrataban. Tengo como diez mil rollos y muchos negativos están rallados así que tengo que retocarlas. Ahora las miro y digo ‘¿yo tomé eso?’. Tengo solo un 2 o 3% digitalizado; tengo que nacer de nuevo para ponerme al día”, dice sobre la tarea que hace siete años se ha convertido en una prioridad ahora que está jubilado.

No obstante, las viejas mañas se mantienen. Los radares están alertas. “Sí, cuando salgo llevo la camarita y escucho el escáner de la Policía. Por si pasa algo”, culmina orgulloso de ese olfato periodístico que el tiempo mucho refinó.

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