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Un solo Puerto Rico

Puerto Rico solidario
3 de julio de 2012
 

El vicio del ser

Heriberto Ramírez desea nutrir a otros con lo aprendido en eco-aldeas latinoamericanas

El vicio del ser
A finales de mes, Heriberto Ramírez, a la izquierda, ensayará junto a los demás participantes del Llamado del Caracol una forma de vivir más comunitaria, responsable y solidaria. (FOTOS / El Nuevo Día / Wanda Liz Vega)

Por Lilliam Irizarry / Especial para El Nuevo Día

El recuerdo más lejano que Heriberto Ramírez tiene de sí mismo no dista mucho de su realidad actual: un niño pequeño trepado en la copa de un árbol que observa el mundo desde otra perspectiva y que descubre, allá en lo alto, la existencia de una especie de aldea que también hay que amar y proteger.

“Nadie sabía que yo estaba allí. Había brisa y silencio, y también había una vida ahí: había nidos, había pajaritos, había lagartijos, esperanzas. No estaba solo en realidad, había muchos seres”, expresa el maestro de teatro de 39 años que encontró en la naturaleza una manera de servir a la humanidad.

Ahora, junto a otros voluntarios, prepara el terreno para el Llamado del Caracol, un experimento social en el que los asistentes vivirán cinco días en un espacio de encuentro, convivencia e intercambio en el que buscarán crear juntos un mundo en armonía con la tierra. Será una especie de aldea dinamizada por el arte, la ecología y la espiritualidad, donde el servicio a los demás será una constante.

"Es un evento autogestionado por los mismos aldeanos, donde todos se hacen responsables de su parte a través del servicio a los demás. Mientras tú me haces la comida, yo te estoy limpiando el baño. Entonces, es la manera de ejercitar eso que quisiéramos ver en el cotidiano: ser-vicio, el vicio del ser", sostiene Ramírez.

La convivencia acontecerá en lo que llaman una aldea de paz, construida con conciencia ecológica y desde un diseño sostenible que integra armoniosamente la vivienda y el paisaje, ahorrando materiales y produciendo menos desechos, a la vez que se conserva los recursos.

En el espacio -que tendrá cocina comunitaria, huertos orgánicos, duchas ecológicas e inodoros sin agua que permiten usar los desechos como fertilizantes, entre otras tecnologías apropiadas-, habrá lo que llaman el Consejo de Visiones, un compartir de saberes y experiencias de los aldeanos a través de charlas, talleres, espectáculos, ceremonias y plenarias sobre agricultura orgánica, economía solidaria, permacultura, salud alternativa, espiritualidad, eco-crianza, activismo.

Ramírez, quien en 2009 encabezó el Llamado del Guaraguao que tuvo lugar en Puerto Rico tras servir seis meses en la eco-aldea nómada “Caravana Arcoíris por la Paz”, que recorrió América Latina durante 13 años, cree que vivir en armonía con la naturaleza en las comunidades no es una utopía en estos tiempos.

“Se puede lograr. Lo primero es asumir que estamos en un proceso de transición, que todo lo que tú quieres hacer de la noche a la mañana, al final te cansas, te frustras y lo dejas. Si tú asumes que estás en una transición, tú vas integrando prácticas poco a poco a tu cotidiano. Nada que sea muy radical porque terminas boicoteándote”, manifiesta.

Entre los cambios que se pueden empezar a integrar, menciona el uso de bolsos de tela cuando se va al supermercado, el auspicio de los mercados orgánicos, la visita a lugares naturales, el uso de bombillas más ecológicas, entre otros.

Tampoco le parece imposible sembrar el sentido de servicio voluntario en las comunidades modernas. Para ello, es necesario crear conciencia en las personas de que, con paga o sin ella, en realidad ya todos estamos sirviendo a los demás, y convidarlas a pensar en cuánta gente le ha servido desde que nació y cómo le ayudaron a ser lo que son.

“Además, hay que concientizar que a través del servicio tú te vas encontrando. En el proceso te vas preguntando a qué tú viniste aquí, cuál es tu proyecto, en dónde pones tu energía, qué cosas tú construyes”, afirma.

Cuando se le pregunta si cree posible convivir permanente y armoniosamente en una eco-aldea, reconoce que para ello es necesario ser muy humilde y muy flexible, y estar abierto a desarrollar herramientas para la autoreflexión, la comunicación, la negociación, el consenso y la solución de conflictos sin violencia.

"Conflictos siempre los va a haber. Vivir en comunidad te saca todo, lo bueno y lo no tan bueno. Lo importante es ver cómo eso se trabaja. La meta es aprender a valorar lo que otros me dan y reofrendar desde los talentos que tengo. El vivir en eco-aldeas, en comunidad, es terreno fértil para que brote la semilla del servicio que todos tenemos dentro, y para entender que la paz también se construye y que hay que salir a construirla”.

¿Se anima?

  • El Llamado del Caracol es un experimento vivencial y holístico que busca establecer una eco-aldea donde practicar por cinco días un mundo donde todos sean parte de las soluciones.  
  • Es un evento en el que todos se hacen responsables de su parte a través del servicio a los demás. 
  • Para participar o colaborar con las necesidades del Llamado del Caracol, incluyendo la donación de millas aéreas para traer invitados especiales, puede comunicarse al (787) 513-5185  o acudir a su página cibernética llamadodelcaracol.blogspot.com.

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Miércoles 22 de mayo de 2013
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