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Puerto Rico Hoy
15 de julio de 2012
 

En boga "espiar" a los hijos

Ante el alza en el crimen, los padres recurren a la tecnología para rastrear el paradero de sus vástagos

 
Las salidas de los adolescentes y jóvenes son motivo de una mayor preocupación para sus familiares debido al ambiente de peligro que se ha desatado en el país. (ARCHIVO)

Por Brunymarie Velázquez / brunymarie.velazquez@elnuevodia.com

“Llega el jueves y estoy sobre aviso. Esa noche no duermo”.

Angustiada, mientras acentúa las palabras con sus manos, Lucía González (nombre ficticio) relata la preocupación que siente cada vez que María, su hija de 18 años, sale con sus amistades de fiesta a Río Piedras.

Su pesar no es aislado, lo experimentan miles de padres y madres de adolescentes y jóvenes que temen por la seguridad de su hijos ante la ola criminal que ha sacudido al país en los últimos años. La preocupación llega a extremos tales que hay padres que están contratando guardaespaldas y servicios para “espiar” mediante rastreo tecnológico donde están sus hijos. Otros, consultan sicólogos para contrarrestar su ansiedad.

“¿Tienes el celular con batería? ¿Con quién vas? ¿Te busco? Si no llegas a la hora que acordamos te buscaré dónde estés. Es una cantaleta constante hasta que se fastidie”, asegura González, también madre de Diego, de 16 años.

Para la madre, se trata de vivir con miedo “todo, todo el tiempo”. Los mensajes de textos y las llamadas llueven.

Este panorama emocional se puede comparar con la reacción que tiene una población después de vivir una experiencia traumática, en un momento y lugar determinados. Por ejemplo, y como un caso extremo, se podría comparar con el tsunami de Japón, ocurrido en el 2011. Es uno de esos eventos naturales que pueden provocar un trauma colectivo que mantiene a la población a la expectativa de que se repita.

“Aunque no es exactamente igual, por que el crimen en Puerto Rico siempre ha existido, el impacto ha sido paulatino, (y) no es lo mismo cuando es un impacto súbito. Pero se puede decir que lo que sufre el país es bastante parecido a eso”, explicó Luis Caraballo, psicológo clínico y catedrático de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Puerto Rico.

Caraballo entiende que la situación en Puerto Rico ha hecho que los padres busquen opciones para mantener los mayores estándares de seguridad en sus hijos aunque puedan ser extremos.

Empatía ante el dolor

Casos como la muerte de Stefano C. Steenbakkers Betancourt, el joven de 17 años asesinado a finales de junio en un intento de carjacking en Dorado, crean una histeria colectiva no solo entre los padres, sino en los mismos jóvenes que ven el caso y se identifican.

“Cuando se tiene un hijo y se piensa que ese niño ‘pudo haber sido hijo mío’. Esa noticia va a provocar que el miedo natural vaya un poco más lejos y, por ende, se comiencen a buscar alternativas que antes lucían ilógicas. Pero, ante situaciones extremas, medidas extremas”, explica Caraballo.

La tecnología que hace varios años tomó auge entre las personas que querían confirmar la infidelidad de sus parejas, tiene un nuevo mercado: los padres que sienten la necesidad de saber dónde está su hijo, dónde estuvo y a qué velocidad ha estado manejando en las peligrosas calles del país.

Medidas extremas

Aunque podría tratarse de un pequeño segmento de la población de padres en la Isla, el uso de estas tecnologías para monitorear los hijos es una tendencia creciente.

Ruth González, madre de Sofía, de 13 años, relata que compró hace dos semanas un sistema de rastreo que colocó en el bulto de su niña.

“Me sentí preocupada. Siempre quería tener algo de seguridad para ella y es un equipo que me mantiene tranquila. Soy madre soltera y quiero estar segura de dónde está mi nena”, explica la madre carolinense.

González cuenta que en situaciones cotidianas, como salir al supermercado, deja a la adolescente en la casa y la rastrea desde su teléfono móvil para asegurarse de que su hija esté en el hogar.

“Eso me mantiene tranquila. No le digo que lo hago porque tampoco quiero crearle pánico, pero algún día tendré que decirle”, acepta.

Josean Martínez, gerente de Spy Gallery, en Plaza Las Américas, revela que muchos padres llegan a la tienda preocupados por sus hijos y buscan medidas para rastrearlos en secreto.

“Vienen muchos preocupados de que sus hijos estén en la fiebre (carreras clandestinas) y si van a lugares en donde no deben estar”, asegura Martínez.

Los sistemas de rastreo son unos pequeños dispositivos no más grandes de dos pulgadas que emiten una señal que se comunica con un sistema central de información parecido a internet.

Estos dispositivos registran la fecha, hora, velocidad del vehículo, rutas, las paradas que realizó en el trayecto y el millaje recorrido. El costo del dispositivo puede comenzar en $300 y el servicio funciona como la mensualidad de un celular, que cuesta, en promedio, $25 mensuales. También existen aplicaciones que se instalan en los teléfonos móviles y localizan a la persona.

“Cuando más padres llegan preocupados es cuando salen noticias de violaciones en las universidades. También vienen muchos papás buscando gas pimienta y pistolas eléctricas. Podemos llegar a vender cientos de ellos”, declara.

Wilfredo Colón, propietario de la Tienda del Espía, en Bayamón, se sentó con su familia a pensar qué haría con su hijo de 18 años que recién comienza la universidad y determinó que instalar el sistema de localizar el vehículo de su hijo sería la mejor forma de saber dónde está para poder socorrerlo en caso de ser necesario.

“Hablé con él (con su hijo) y llegué al acuerdo de que le pondría el sistema por su seguridad, y él estuvo de acuerdo”, explica el padre que comenzó a utilizar el servicio para su hijo y actualmente instaló su propia tienda dirigida a los padres y madres de jóvenes.

“Los padres buscan mucho el servicio porque están preocupados. Te digo, llego a vender de tres a cuatro aparatos al día”, explica.

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