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24 de junio de 2012
 

En búsqueda de un norte económico

Puerto Rico no tiene una identidad productiva que le permita insertarse en la economía global

 

Por Gustavo Vélez / Economista

Han transcurrido siete años desde que finalizó la era de los incentivos contributivos federales y aún Puerto Rico intenta encontrar una nueva identidad productiva.

La manufactura que fue el principal propulsor de la economía local durante la segunda mitad del siglo 20, ha ido reduciendo su presencia dentro de los procesos productivos de la Isla. Aunque la aportación al Producto Interno Bruto (PIB) continúa siendo relativamente importante (44%), las operaciones son intensas en capital lo que implica una menor cantidad de empleos. La actividad industrial se concentra en las operaciones de las empresas farmacéuticas que a su vez, generan el 70% del total de las exportaciones.

No es secreto que la dependencia de la economía en un solo sector productivo en diferentes momentos históricos ha limitado las posibilidades de la economía y en gran medida es responsable de la actual crisis estructural que atraviesa Puerto Rico.

La Sección 956

Desde el 2001, las diversas administraciones gubernamentales comenzando con la de Sila Calderón y terminado con la actual administración, han intentando reconstruir la identidad económica del País. El gobierno de Calderón intento sin éxito lograr una enmienda al Código Contributivo Federal para crear la Sección 956. Bajo este modelo se re-establecería un esquema muy similar al de la Sección 936, pero con menor impacto en el Tesoro Federal. Sin embargo, la propuesta no tuvo receptividad en el Congreso.

Entre el 2005 y el 2008, la administración Acevedo Vilá, diseño un plan económico fundamentado en el apoyo a las empresas locales (Apoyo al de Aquí) y de forma paralela convertir a Puerto Rico en un Centro de Biotecnología Mundial. Los esfuerzos a favor del desarrollo económico del anterior Gobernador chocaron con los problemas fiscales que comenzaron a complicarse en el 2006 y que desembocaron en el cierre del gobierno en mayo de ese mismo año. Por primera vez, el gobierno se encontraba en una posición de reducción acelerada de recursos fiscales, un alto endeudamiento y estancamiento en el crecimiento económico. Estas tres condiciones jamás habían coincidido, lo que convierte la situación en una no solo compleja, pero única para la cual no hay recetas previamente utilizadas. A la problemática económica y fiscal interna se incorporó otro factor que fue la crisis financiera del 2008 y la recesión de la economía norteamericana.

La 933-A y la exportación

La búsqueda de un norte económico se ha extendido a la actual administración que antes de delinear un programa de desarrollo económico tuvo que implementar un programa de ajustes fiscal tan pronto accedió al poder en el 2009 con el fin de salvar el crédito. Una combinación de reducción en el gasto público y aumentos en algunos impuestos, fue la respuesta a la crisis fiscal que comenzó a principios de la década anterior.

En el 2010, el equipo económico hizo público el Modelo Estratégico para la Nueva Economía (MENE) en el cual se establecen los principios rectores y los fundamentos filosóficos para la política de desarrollo económico de la actual administración. Restaurar la competitividad, potenciar al sector privado, atraer capital mediante las Alianzas Público-Privadas y la promoción del comercio exterior, son parte de estos principios rectores.

Durante el 2011, un esfuerzo del sector privado permitió unir a los dos principales partidos detrás de una propuesta para crear la Sección 933-A dentro del Código de Rentas Internas Federal. A pesar de esta unión inusual dentro del quehacer político local y los esfuerzos de cabildeo en el Congreso Federal, la medida está estancada en el proceso legislativo.

El más reciente esfuerzo en la búsqueda de un derrotero económico ha sido la aprobación de la Ley para la Promoción de la Exportación de Servicios que persigue convertir a la Isla en un centro regional de exportación de servicios profesionales. Esta ley concede un decreto de exención contributiva de 4% por quince años a actividades de exportación de servicios. Además un cambio de paradigma en el esfuerzo de promoción que ha estado enfocado en la promoción de la manufactura.

Pese a todos los esfuerzos y las buenas intenciones que han tenido las administraciones más recientes, aún Puerto Rico carece de una identidad económica o, como diría mi colega Juan Lara, de un rostro productivo internacional que permita competir dentro de la economía global. La estrategia correcta sería invertir recursos públicos y privados hacia aquellas industrias con mayor capacidad de crear estas ventajas con el fin de rehabilitar gradualmente la competitividad de la Isla.

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