Celebran la 8va Feria Anual de Artesanías
Por Rosangely Piñeiro/rosangely.pineiro@elnuevodia.com
Entre carritos de madera pintados en brillantes rojos y azules con sus ruedas negras, dulces típicos envueltos en hojas secas, lápices y tacos de golf con imágenes de reyes tallados en madera, marionetas vestidas en ropajes de bailes folclóricos y un sinnúmero de artesanías que remontan hasta al más pequeño a tiempos de antaño, los predios del Castillo San Felipe del Morro recibieron a miles de visitantes, turistas y curiosos en la 8va Feria Anual de Artesanías.
Unos 150 artesanos certificados estarán exhibiendo sus obras en este evento producido por el Servicio de Parques Nacionales, con el apoyo del Municipio de San Juan y la Compañía de Desarrollo Industrial. Desde el pasado viernes hasta mañana, domingo 22 de julio, se espera que asistan entre 5,000 y 7,000 personas que disfrutarán de artesanías, talleres y música en vivo.
Con el enfoque en la niñez, este año el municipio de San Juan invitó en su mayoría a artesanos que se dedicaran a la elaboración de juguetes tradicionales.
La feria, que se lleva a cabo desde el 2005, es ideal para el compartir e intercambio entre la cultura local y los visitantes del parque, y la oportunidad para que los artesanos tengan un lugar para exponer sus obras.
“Para nosotros es muy importante poder habilitar una connexión entre los artesanos y los visitantes para que puedan aprender más del arte puertorriqueño y de nuestro país”, dijo el superintendente del Sitio Histórico Nacional de San Juan, Walter J. Chávez. “Es un intercambio de conocimiento entre artesanos y espectadores para poder seguir manteniendo viva la tradición con nuestros niños”.
Y es precisamente ésta la disposición de parte de los artesanos de mostrarle al público cómo trabajan sus obras, ya que muchos, desde sus asientos detrás de las mesas con manteles verdes, siguen fervorosamente creando piezas únicas, desde bordados hasta jabones.
Kenneth Hernández, artesano certificado en carritos, juguetes tradicionales y talla de santos, muy eufóricamente explicaba las dimensiones y medidas que trazaba en un bloque de cedro que pronto se convertiría en uno de los tres reyes magos. "Siempre me llamaba la atención y es un pasatiempo, algo que aprendí para despejar la mente", explica Hernández, quién hace sólo tres años comenzó a aprender todo lo necesario para hoy poder tener su propio espacio todos los fines de semana en el Paseo de la Princesa.
Así se expone la riqueza artesanal de las manos puertorriqueñas y se valora su ardua dedicación y esmero por mantener una cultura viva.
Joyería hecha con semillas, madera, cristales y alambre; bolígrafos para pantallas de tabletas hechos en maderas endémicas; juguetes; instrumentos; camisetas; cigarros; mermeladas; velas aromáticas; cuadros; acrílicos; tallas en madera y metales; santos y rosarios… cada mesa ofrece un mundo, una estampa histórica diferente de nuestro país.
“Llevamos una semana en Puerto Rico y nos encanta”, admitió John Morey, acompañado por su esposa y tres hijos que quedaron encantados con los movimientos al ritmo de la bomba de una pareja de marionetas manejadas por el artesano Enrique Rafael Cabrera. “No tiene comparación. Tantos colores, música y sabores. En realidad tuvimos suerte de coincidir con un evento así durante nuestra estadía en la isla”. Morey y su familia regresan a su residencia en Raleigh, Carolina del Norte, el domingo. Es muy probable que, al llegar, los tres pequeños tengan sus rostros pegajosos tras deleitarse con unos pilones de ajonjolí y pelear con el pegajoso tirijala dulce que quizás no vuelvan a probar hasta que regresen a la isla.