Sus padres sufren al no saber cuándo reabrirán los centros. Vídeo
Por Yaritza Santiago Caraballo / yaritza.santiago@gfrmedia.com
Son las 10:30 a.m. y un grupo de niños del centro Head Start María de la Cruz, en Loíza, se divierten en los columpios de un pequeño parque comunal, donde sus padres están reunidos para conocer el estatus de este centro preescolar, uno de los 47 del área este que el Gobierno federal cerró hace dos meses.
Allí, asistidos por sus maestras, los chiquitines de tres a cinco años disfrutan en la chorrera, juegan en el sube y baja y compiten en el pasamano. Sus inocentes risas expresan su gozo, y cómo no, si el reencuentro revive sus días en su escuelita.
“Mami, quiero ir a la escuela”, le dijo uno de los niños a Leslie Ortiz mientras partía del lugar. “Cuando vuelva abrir vamos, porque está cerrada”, le contestó la madre. “¡No, no, no!”, gritó entre llantos el pequeño de 4 años mientras miraba de lejos a sus compañeritos de clase.
“El nene me pregunta todos los días cuándo va a ir a su escuela porque le gusta mucho estar allí, pero yo no sé. No nos han dicho”, dijo Ortiz a El Nuevo Día.
Con esa interrogante quedaron ayer una veintena de madres y padres que asistieron a una reunión privada convocada por la empresa norteamericana CDI, que temporalmente está a cargo de la operación de los 47 centros Head Start, luego de que el Gobierno federal detectara irregularidades por parte del pasado operador local, la empresa Avance.
Este cierre ha dejado a 1,150 niños de escasos recursos desprovistos de educación preescolar y de una experiencia social enriquecedora, así como a miles de padres y madres sumergidos en la preocupación por la falta de estos servicios y, sobre todo, por la ausencia de información por parte de la empresa sobre la reapertura de estos.
Aunque se había dicho que, en una primera fase, 13 de los 47 centros abrirían esta semana, no fue así. Ayer los padres de niños que acudían al Head Start María de la Cruz llenaron documentación sobre sus hijos, y aunque CDI les informó que el centro reabrirá, la fecha es desconocida.
Esa continua espera sigue afectando a muchos padres, quienes se las han tenido que ingeniar para atender a sus hijos ante la falta del servicio educativo. Desde el cierre, Vanessa Calcaño –una jefa de familia de Loíza– se ha visto obligada a sacar mensualmente de su bolsillo $300 de los $700 que gana trabajando en el municipio para poder pagarles a dos personas por el cuido de sus dos niños, de 3 y 4 años, que están matriculados en ese Head Start.
“Yo estoy dejando casi mi sueldo en cuido. El gasto es innecesario pero, con tal de que mis hijos estén en buenas manos en lo que abre el Head Start, no me interesa sacrificar otras cosas”, dijo esta madre de 38 años, cuyos hijos no la acompañaron a la reunión.
Este malestar no solo lo tienen las madres solteras. Incluso, para las parejas casadas de escasos recursos también ha sido difícil. En el caso de Mirellie Delgado, presidenta del grupo de padres de dicho preescolar, ella también está buscando un cuido privado para su niño Eliel, de 3 años, pues empieza a laborar la próxima semana.
Por cinco años, ella fue ama de casa, pero con un ingreso familiar de poco más de $1,000 mensuales y dos niños, la necesidad la obliga a trabajar. “Conseguí trabajo para ayudar a mi esposo, que es empleado de una gasolinera, y ahora tengo que buscar cuido. Uno de los más baratos me pide $190 quincenales; eso es mucho”, dijo Delgado, quien criticó a CDI por suministrar poca información a los padres.
Toda esta situación no solo le afecta a ella, también ha impactado emocionalmente a su niño. “Cuando paso por la escuelita mi hijo se quiere salir del carseat, empieza a llorar porque quiere ir. En estos días visité el centro y el nene no quería despegarse de su maestra. Le ha afectado mucho el cierre”, aseguró.
Muchos de los 700 maestros que laboran en los centros también están preocupados, pues les bajaron los sueldos. “Yo me ganaba $10 la hora y ahora estoy en el mínimo. Estamos ganando como $300 a $400 menos”, dijo una empleada bajo anonimato.